La tragedia de Alfredo Díaz por Héctor Alonso López
No soy un hombre que se enferme de odios, una enseñanza que me fue inculcada por mis maestros. Por ello, nunca utilizo el lenguaje como un arma hiriente. Es un principio que nace de mi profundo deseo de que nadie, y mucho menos el Estado, sea poseedor de armas homicidas.
Siempre crecí con el sueño de que la ley sería el gran igualador de nuestra sociedad. Las grandes figuras nos enseñaron: "Todos somos iguales ante la ley". Quizás ese era el mínimo al que podíamos aspirar. Por eso, el dolor es inmenso al sentir que corremos el riesgo de ser sometidos.
Me cuesta creer que quienes provocaron esta tragedia no se pasearon por la posibilidad de un retorno a los peores tiempos de la barbarie.
Esta reflexión me lleva a manifestar mi profundo dolor ante lo ocurrido con el exgobernador Alfredo Díaz. Alfredo no es una simple estadística; él es parte de los millones que, metafóricamente, nos encontramos frente a un paredón. En silencio, he lamentado la pérdida de innumerables jóvenes.
Jamás olvidaré la profundidad del dolor que sentí el día que los amigos de un joven fallecido, miembros de la orquesta sinfónica, lo despedían con una coral hermosa, armonizando el luto con sus instrumentos. Tampoco se borra de mi memoria la imagen de aquel joven que todos vimos caer fulminado por televisión, víctima del disparo a quemarropa de un militar desde las instalaciones de La Carlota.
¿Hasta cuándo persistirá esta barbarie?
Nuestro problema fundamental no es el régimen, sino el método que eligió para garantizar su permanencia. Si este método se sostiene, nuestro destino parece predecido: tendrán que exterminarnos.
Para darle la fuerza necesaria a mi recuerdo de Alfredo Díaz, he conseguido en mis archivos dos fotografías que hablan por sí solas:
La Primera Imagen del acto que realizamos con Venezuela 2000 : donde se observa una de las calles más conocidas de Porlamar abarrotada por la multitud de "Venezuela 2000". Allí estaba Alfredo, quizás con 19 o 20 años, mezclado entre una marea de jóvenes como él, muchos probablemente primeros votantes. Lo recuerdo con un mono de trotar, recién llegado de jugar fútbol. En la tarima, se encontraban los líderes juveniles de entonces: Felipe Rodríguez, Alfonso Ocando, Jesús Penoth, Antonio Sereno, Yul Armas y muchos otros.
La Segunda Imagen muestra una multitud vigorosa que asomaba y consumaba la figura de Alfredo Díaz al ser elegido Gobernador de Nueva Esparta, con más del 51\% de los votos.
Esa victoria electoral parece haber sido su único delito. Los agravios descalificadores que profirió quien fuera Vicepresidente de la República —ahora preso— hacen que el destino dado a Alfredo Díaz no sea sorprendente, sino una dolorosa consecuencia de un sistema.
Caracas 8 de diciembre 2025.