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El repique de tambor coriano de Miguel Lugo por Orlando Oberto Urbina

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Orlando Oberto Urbina


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Hablar del tambor coriano es mencionar a Olga Camacho; pero, además de Olga Camacho y Benigno Pachano, está también el inigualable Miguel Lugo, quien tiene que ver con el singular repique de esos tres toques que le dan a este tambor una sonoridad particular. Este hombre viene de la misma escuela, del barrio la Guinea que se hizo sentir en la sociedad coriana.

Miguel Lugo, el muchacho porfiado de carácter recio y desafiante en sus manos tenía la fuerza de un boxeador, y de un maestrante que le entregaba ese particular repique al tambor coriano en cualquier esquina donde se escuchara y se celebrara para alegrar el alma del barrio y de su gente.

En algunas entrevistas, Miguel Lugo señala que el negro, el hijo de Olga y Joche, aprendió de sus padres ese repique, ya que ellos integraban la agrupación del legendario Tambor Coriano, fundada por la familia Camacho. Miguel Lugo expresaba que aprendió a tocar observando a grandes maestros de los cueros y del tambor como el negro Yule, “Chindo” Páez y “Panchón” Faneite, de origen curazoleño. Esos fueron, según Miguel Lugo, los que le enseñaron el secreto de tocar ese ritmo del tambor o repique que llevaba en las manos y que hacía con tanta maestría.

Nacido en la población de la Negrita, Miguel Lugo fue un personaje que daba los tres toques al tambor con una maestría única. Lo que conocemos como el tambor en Venezuela es una manifestación cultural afrovenezolana que vibra y es esencia misma de raíces africanas, seguramente iniciadas en Coro, especialmente en el barrio la Guinea, Curazaíto, Monte Verde o las Panelas, en la que se combinaba canto, baile y percusión.

Olga Camacho y Benigno Pachano, igual que Miguel Lugo, heredaron esa celebración popular y religiosa en las fiestas de san Juan Bautista, San Benito de Palermo y otras que dan ritmo, cadera y movimiento al cuerpo, como una representación de identidad, resistencia y espiritualidad. Son ritmos dinámicos y variados que van llevando esa cultura ancestral, arraigada en esa mezcla cultural, africana, indígena y española. Su expresión ha perdurado en el tiempo.

Miguel Lugo se destaca por lograr los repiques con la cara palmar de los tres dedos centrales de su manos, unidos y rápidos, lo cual hacía que esos cueros sintieran la raíz de sus costas caribe, y recordaran de dónde proviene ese sonido ancestral que genera el tambor coriano con su particular secuencia de percusión que nos va a dar ese vinculo espiritual que despierta ese espíritu heredado del África, a través de los esclavos que invocaban los espíritus, esa devoción de plegarias y alabanzas en las que se mezcla lo pagano y religioso.

El repique que le daba Miguel Lugo al tambor coriano es resistencia y libertad frente a la opresión colonial. Dicho retumbo va uniendo el sentido de comunidad e identidad y nos fortalece en integración social. El tambor coriano se distingue del tambor veleño y del cumarebero, quienes toman características distintas; aun siendo todos del mismo origen africano llevan algunos rasgos de ese baile con un pie atrás y otro adelante, porque se mantenían con grilletes o cadenas a los esclavos, y eso le impedía bailarlo a dos pies. Eso era nuestra negrura que los hacía bailar y que algunos investigadores como nuestro profesor de investigaciones folclóricas de la Universidad del Zulia, Juan de Dios Martínez, mencionaron al describir los chimbangueles y San Benito de Palermo. Éste ha sido uno de los mayores investigadores, y estudioso de estas tradiciones y géneros que se dan con mayor ahinco en Zulia, Trujillo y Merida.

Es importante señalar que los tambores de los chimbangueles conforman una orquesta de tambores colgantes que dan su fuerza a esa devoción al Santo Negro de San Benito de Palermo. El tambor coriano se toca sentado, y es donde se diferencia de cada uno de las diferentes regiones del país. El tambor coriano que Miguel Lugo repiqueteaba se sostenía con una fuerza que parecía incorporarse en ese espíritu ancestral de sus descendientes, cuando ejercía y le generaba esa particularidad de sonido y fuerza que no solo era para el tambor. Sus manos también golpeabang contra quienes buscaban camorra.

Lo celebraba con cocuy, así no rasca. En solar y taguara para compartir entre amigos se le invitaba, y que no le faltara el tambor para hacerlo llorar como él mismo lo manifestaba: “agradezco a ese gran historiador e investigador José Millet” por haber tomado en cuenta a este maestro del cual tengo recuerdos muy gratos, por ser amigo de la familia en Coro. Conocí de muy cerca a Miguel Lugo; siendo muchacho, yo iba mucho a la casa de mi segundo padre de crianza y primo Antonio Nava, quien fue un destacado pelotero que llegó a estar entre las figuras del béisbol falconiano y trabajó en la Creole Petrolean en Paraguaná y sindicalista que hacía equipo con Miguel Lugo. Vivía en la calle Colon entre Urdaneta y Miranda, entre el centro de Coro y el histórico barrio Pantano abajo, que ha parido a beisbolistas, boxeadores, maratonistas, ciclistas y mujeres hermosas que han sido reinas.

Miguel Lugo había sido guerrillero, boxeador, pelotero y se destacó en la liga doble A. Fue un luchador social que peleaba por las reivindicaciones de los trabajadores en el sindicato que dirigían Antonio Nava y Miguel Lugo, quienes se destacaron en la directiva de Fetra Falcon, una de las mayores federaciones de trabajadores en Falcón que presidía para ese entonces Hugo Arias, en ese tiempo de reivindicaciones y de contrataciones colectivas de sindicalistas serios que hicieron historia en el Ministerio de Obras Publicas (MOP), Ministerio de Transporte y  Comunicaciones (MTC), Fomento de Obras Públicas del Estado (FOPE), MINFRA.

Lugo fue nuestro maestro, quien no solo se destacó en sus luchas por una mejor justicia social, sino que también era músico, con su repique de tambor que hacía con los tres dedos de la mano, y que esos cueros le sonaban con esa particular fuerza. El tambor de Miguel Lugo le recordaba a Coro de donde muchos venimos.





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