Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:40 pm
Hablar del tambor coriano es
mencionar a Olga Camacho; pero, además de Olga Camacho y Benigno Pachano, está también
el inigualable Miguel Lugo, quien tiene que ver con el singular repique de esos
tres toques que le dan a este tambor una sonoridad particular. Este hombre
viene de la misma escuela, del barrio la Guinea que se hizo sentir en la
sociedad coriana.
Miguel Lugo, el muchacho porfiado de
carácter recio y desafiante en sus manos tenía la fuerza de un boxeador, y de
un maestrante que le entregaba ese particular repique al tambor coriano en
cualquier esquina donde se escuchara y se celebrara para alegrar el alma del
barrio y de su gente.
En algunas entrevistas, Miguel Lugo
señala que el negro, el hijo de Olga y Joche, aprendió de sus padres ese
repique, ya que ellos integraban la agrupación del legendario Tambor Coriano,
fundada por la familia Camacho. Miguel Lugo expresaba que aprendió a tocar
observando a grandes maestros de los cueros y del tambor como el negro Yule,
“Chindo” Páez y “Panchón” Faneite, de origen curazoleño. Esos fueron, según
Miguel Lugo, los que le enseñaron el secreto de tocar ese ritmo del tambor o
repique que llevaba en las manos y que hacía con tanta maestría.
Nacido en la población de la
Negrita, Miguel Lugo fue un personaje que daba los tres toques al tambor con una
maestría única. Lo que conocemos como el tambor en Venezuela es una manifestación
cultural afrovenezolana que vibra y es esencia misma de raíces africanas,
seguramente iniciadas en Coro, especialmente en el barrio la Guinea, Curazaíto,
Monte Verde o las Panelas, en la que se combinaba canto, baile y percusión.
Olga Camacho y Benigno Pachano,
igual que Miguel Lugo, heredaron esa celebración popular y religiosa en las
fiestas de san Juan Bautista, San Benito de Palermo y otras que dan ritmo,
cadera y movimiento al cuerpo, como una representación de identidad,
resistencia y espiritualidad. Son ritmos dinámicos y variados que van llevando
esa cultura ancestral, arraigada en esa mezcla cultural, africana, indígena y
española. Su expresión ha perdurado en el tiempo.
Miguel Lugo se destaca por lograr
los repiques con la cara palmar de los tres dedos centrales de su manos, unidos
y rápidos, lo cual hacía que esos cueros sintieran la raíz de sus costas caribe,
y recordaran de dónde proviene ese sonido ancestral que genera el tambor
coriano con su particular secuencia de percusión que nos va a dar ese vinculo
espiritual que despierta ese espíritu heredado del África, a través de los
esclavos que invocaban los espíritus, esa devoción de plegarias y alabanzas en
las que se mezcla lo pagano y religioso.
El repique que le daba Miguel
Lugo al tambor coriano es resistencia y libertad frente a la opresión colonial.
Dicho retumbo va uniendo el sentido de comunidad e identidad y nos fortalece en
integración social. El tambor coriano se distingue del tambor veleño y del cumarebero,
quienes toman características distintas; aun siendo todos del mismo origen
africano llevan algunos rasgos de ese baile con un pie atrás y otro adelante, porque
se mantenían con grilletes o cadenas a los esclavos, y eso le impedía bailarlo
a dos pies. Eso era nuestra negrura que los hacía bailar y que algunos investigadores
como nuestro profesor de investigaciones folclóricas de la Universidad del
Zulia, Juan de Dios Martínez, mencionaron al describir los chimbangueles y San
Benito de Palermo. Éste ha sido uno de los mayores investigadores, y estudioso
de estas tradiciones y géneros que se dan con mayor ahinco en Zulia, Trujillo y
Merida.
Es importante señalar que los
tambores de los chimbangueles conforman una orquesta de tambores colgantes que
dan su fuerza a esa devoción al Santo Negro de San Benito de Palermo. El tambor
coriano se toca sentado, y es donde se diferencia de cada uno de las diferentes
regiones del país. El tambor coriano que Miguel Lugo repiqueteaba se sostenía con
una fuerza que parecía incorporarse en ese espíritu ancestral de sus
descendientes, cuando ejercía y le generaba esa particularidad de sonido y
fuerza que no solo era para el tambor. Sus manos también golpeabang contra
quienes buscaban camorra.
Lo celebraba con cocuy, así no rasca.
En solar y taguara para compartir entre amigos se le invitaba, y que no le
faltara el tambor para hacerlo llorar como él mismo lo manifestaba: “agradezco
a ese gran historiador e investigador José Millet” por haber tomado en cuenta a
este maestro del cual tengo recuerdos muy gratos, por ser amigo de la familia
en Coro. Conocí de muy cerca a Miguel Lugo; siendo muchacho, yo iba mucho a la
casa de mi segundo padre de crianza y primo Antonio Nava, quien fue un
destacado pelotero que llegó a estar entre las figuras del béisbol falconiano y
trabajó en la Creole Petrolean en Paraguaná y sindicalista que hacía equipo con
Miguel Lugo. Vivía en la calle Colon entre Urdaneta y Miranda, entre el centro
de Coro y el histórico barrio Pantano abajo, que ha parido a beisbolistas,
boxeadores, maratonistas, ciclistas y mujeres hermosas que han sido reinas.
Miguel Lugo había sido
guerrillero, boxeador, pelotero y se destacó en la liga doble A. Fue un
luchador social que peleaba por las reivindicaciones de los trabajadores en el
sindicato que dirigían Antonio Nava y Miguel Lugo, quienes se destacaron en la
directiva de Fetra Falcon, una de las mayores federaciones de trabajadores en
Falcón que presidía para ese entonces Hugo Arias, en ese tiempo de
reivindicaciones y de contrataciones colectivas de sindicalistas serios que
hicieron historia en el Ministerio de Obras Publicas (MOP), Ministerio de
Transporte y Comunicaciones (MTC),
Fomento de Obras Públicas del Estado (FOPE), MINFRA.
Lugo fue nuestro maestro, quien
no solo se destacó en sus luchas por una mejor justicia social, sino que
también era músico, con su repique de tambor que hacía con los tres dedos de la
mano, y que esos cueros le sonaban con esa particular fuerza. El tambor de
Miguel Lugo le recordaba a Coro de donde muchos venimos.