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Medina le habría publicado a un satánico y hacedor maldito [a mí] por Alberto Jiménez Ure

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Alberto Jiménez Ure


«De lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso» (Napoleón Bonaparte)

Cuando conocí, atendí y entrevisté a José Ramón Medina [01] en la ciudad de Mérida, quien vino varias veces invitado por la Universidad de los Andes, era «contralor de la República» pero ejerció el cargo de «fiscal general de Venezuela» (1974-1979). Él no sabía aún que era recibido en el aeropuerto por un todavía joven escritor incesantemente difamado en Mérida y Caracas, cuánto tupé me di lidiando moralistas fortuitos. No había leído mis libros, pero sí los artículos de opinión que me publicaba la «prensa burguesa» [02] de la capital. 

«[…] Le conté que un día, en el curso de un encuentro de ensayistas que se realizó en Mérida, yo había escuchado a un crítico descalificar la poesía de Juan Calzadilla por su aproximación al apotegma, aforismo, máxima. Si analizamos la creación más allá de los prejuicios –lucubré mientras Medina me observaba con atención– hallamos que, desde la Antigüedad, muchos poetas [Empédocles sería uno de los más sobresalientes] utilizaron la lírica para formular sus ideas filosóficas […]» (Ver en art. Cit.).

Medina era presidente del https://es.wikipedia.org/wiki/PEN_Club_Internacional [Capítulo Venezuela] y me pidió originales de uno o más libros que anhelara publicar con patrocinio de la importante organización fundada por Catherine Amy Dawson Scott, en Inglaterra (1921).

«[…] Entre sus objetivos se encuentran: enfatizar el rol de la literatura en el desarrollo del entendimiento mutuo y la cultura mundial, luchar por la libertad de expresión[3]​ y actuar como una voz potente en nombre de los escritores asediados, encarcelados o asesinados por sus posturas. PEN Internacional es la más antigua organización de defensa de los derechos humanos y organización literaria internacional […]».

 Yo sobrellevaba el pesado fardo de las injurias contra mí por haber publicado novelas que hubieran fascinado a https://elpopular.uy/el-conde-de-lautreamont-y-la-destruccion-de-la-moral-burguesa/ y al fundador del surrealismo https://www.museoreinasofia.es/exposicion/andre-breton-surrealismo/, también a impulsores del simbolismo como Charles Baudelaire. Leamos lo que ilustra un cronista en derredor de una trama de Lautréamont:

«[…] Sus cantos están poblados de monstruos, animales que hablan, crímenes, de escenas repugnantes y asqueantes, burlas y ataques a Dios, de metamorfosis. Maldoror desgarra y destroza adolescentes, hay perversiones, escenas escatológicas, et. Hay también momentos de poesía avasalladora, como el largo fragmento sobre el Viejo Océano. Es un relato cambiante, a veces desconcertante, que muchas veces sorprende de golpe al lector, donde hay cambios de escena sin lógica aparente, donde también el narrador cambia de una voz en tercera persona a la primera persona del protagonista y viceversa, sin mediación ni aviso. También, como afirma Alma Bolón en el prólogo a la reciente edición uruguaya, es un texto que dialoga con una infinidad de otros textos literarios, con textos científicos, filosóficos, etc., a través de recursos como alusiones, referencias y parodias […]» (Cfr. con las tramas de mis novelas y cuentos, recreadas en un libro imprescindible para quienes deseen indagar mi obra literaria: https://openlibrary.org/books/OL750666M/El_horror_en_la_narrativa_de_Alberto_Jime%CC%81nez_Ure, 1996).

El poeta y jurista José Ramón Medina se atrevió publicarme dos libros que alteraron los sentidos a mi querido y fallecido amigo Juan Liscano, entre otros críticos literarios: https://eldienteroto.org/wp49/carta-de-liscano-sobre-revelaciones/, 1997. https://ejerciciosescriturales.home.blog/wp-content/uploads/2021/07/luxfero-revision-2021-por-j.-ure-convertido.pdf

En Venezuela desapareció la crítica literaria sistemática de las universidades e institutos para la investigación caso Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos [Celarg]. Perviven insidiosos, algunos con años que los encorvan y nublan sus mentes. Imbéciles que durante nuestra juventud «precalificaban» apriorísticamente nuestros estilos y hasta personalidad. Predominaba el chismorreo de cafetín donde parasitaban estudiantes y profesores perezosos con el listado de «hacedores malditos»

No me importaba qué pudieran pensar los académicos que fruncían sus entrecejos para mirarnos desde sus pedestales, los reseñadores por paga mercenaria o quienes proclives envidiar a cualquiera que se dedicara con seriedad al oficio de escritor. Pero hacían daño, fomentaban odios en presencia de https://www.worldhistory.org/trans/es/1-11128/baco/ quien nunca será intermediario sino travieso. El calificativo «escritor maldito» tuvo una fase superior: «intelectual satánico». Así me coronaron y designaron príncipe de legión de demonios los corrosivos del Ámbito de la Literatura Venezolana, sin preseas que arrogar porque los más viejos creadores convertidos en editores me publicaron, caso Medina, a quien recuerdo agradecido. 

albertjure2009@gmail.com 


NOTAS

[01]

[02]

He llegado a la conclusión que la expresión «prensa burguesa» es arcaica, hipócrita, que denota falsedad y ridiculez, pese a las lucubraciones de Trotsky: https://ceip.org.ar/Los-comunistas-y-la-prensa-burguesa (1929-1940)

En textos editorialistas de El Nacional, por ejemplo, jamás he leído, históricamente, párrafos en los cuales se denigre a los trabajadores o grupos étnicos. 





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