Mérida, Enero Sábado 17, 2026, 09:17 pm
La popularidad de las stablecoins en el mundo se
debe, en gran medida, al interés de los usuarios por evitar los costos
transaccionales de sistemas financieros destruidos por la inflación y
destrucción de las funciones del dinero en el mercado real. Las stablecoins
ofrecen la posibilidad de reducir la exposición a la volatilidad cambiaria, y
el acceso a sistemas de pago modernos, a los que se suma la posibilidad de
reconstrucción de la dinámica del sector financiero estable. En este orden, la
Unión Europea destaca tiene una experiencia positiva en el régimen MiCA
(Markets in Crypto-Assets), dándo claridad regulatoria a la transformación
digital del sistema financiero internacional. Asismismo, los países del Este de
Asia están implementando marcos regulatorios robustos para fomentar el uso de stablecoins
en moneda local, cuyo auge en el presente no tiene precedente cercano. El uso
de las monedas estables respaldadas por monedas locales en Hong Kong, China, Japón,
Singapur y Corea del Sur, avanzan paulatinamente y se están utilizando modelos
muy estilizados para saber y explicar su dinámica y proceso en el mercado
monetario y financiero.
Para América Latina, el creciente uso de las monedas
estables es una respuesta privada a la inestabilidad de los sistemas de pago
nacionales y a los elevados costos que se deben asumir al momento de realizar pagos
trasfronterizos, también representa una respuesta a los desequilibrios
monetarios y financieros internos de cada país, por ello, sin que exista una
respuesta regulatoria individual o regional de los países latinoamericanos a
esta tendencia ese tipo de monedas se usa.
En general, Europa, Asia y América Latina a pesar de
contar con un marco legal sólido desde mediados de 2024, para Europa las stablecoins
denominadas en euros representan apenas el 0,1% de la capitalización global del
mercado, dominado abrumadoramente por tokens en dólares estadounidenses
como USDT y USDC. Este fenómeno, conocido como la “paradoja MiCA”, subraya que
los efectos de red, la liquidez profunda y el arraigo del dólar en el comercio
internacional constituyen barreras estructurales difíciles de superar mediante
regulación aislada.
En las economías del Este de Asia se adoptan enfoques
diferenciados pero coherentes. Hong Kong exige respaldo del 100% en activos
líquidos de alta calidad por cada unidad de stablecoin emitida; Japón
limita la emisión a bancos y sociedades fiduciarias autorizadas; Singapur
promueve la interoperabilidad transfronteriza mediante pilotos con depósitos tokenizados;
y Corea del Sur, tras pausar su moneda digital central, ha abierto espacio al
sector privado para que avance con sus iniciativas. Estas medidas buscan
integrar las stablecoins en la infraestructura financiera tradicional,
aprovechando la solidez de los sistemas bancarios locales. La clave en dichas
economías es identificar nichos de alto valor donde las stablecoins
locales puedan ofrecer ventajas competitivas claras, a través del flujo de
capital que facilita los pagos transfronterizos intrarregionales, reduce los costos
en remesas y se integrarse en cadenas de suministro digitales.
En América Latina muchas economías dependen del dólar
tanto en transacciones cotidianas como en reservas y contratos financieros, por
lo que es una obligación tener claro la estrategia de plena adopción y práctica
transaccional de este tipo de monedas, más allá de la normativa, se debe separar
lo que significa estabilidad monetaria y financiera del riesgo de quedar
marginada en la dinámica de las finanzas internacionales digitales. Para
América Latina, esto sugiere real importancia para la colaboración
público-privada, vinculación con servicios como los pagos comerciales, la
gestión de tesorería o el envío/recepción de remesas y demanda sostenible para
este tipo de monedas. Todo ello, implica reconocer los obstáculos regionales
específicos existentes en América Latina conocidos como la inestabilidad
macroeconómica, la fragmentación regulatoria entre países y la mermada confianza
en algunas monedas nacionales. Aunque también se percibe la disyuntiva oscilante
entre varios gobiernos latinoamericanos que se balancean entre la apertura
tecnológica y el temor a perder control monetario.
En suma, el objetivo de la emisión de una stablecoin
no debe ser competir frontalmente desde la perspectiva de la soberanía
monetaria que implica poder y conflicto, sino comprendiendo la relevancia de
este tipo de monedas en la nueva realidad de la economía digital e inmediatez
de información para construir ecosistemas digitales resilientes que sirvan a la
provisión de liquidez, profundización de relaciones entre socios comerciales
que permitirán establecer bases para una integración digital.
@zerpasad