Mérida, Febrero Lunes 09, 2026, 04:36 am
La resistencia en Venezuela se convirtió en un grito que emana de los pasillos de la Universidad Central de Venezuela. En un contexto donde la supervivencia política se mide en valentía, el movimiento estudiantil decidió dar un paso al frente, asumiendo un riesgo que muchos consideran suicida, pero que ellos definen como una necesidad existencial.
Desde el corazón de la Federación de Centros Universitarios (FCU) de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Miguel Ángel Suárez, a sus 25 años, lidera una generación que no conoce otra realidad que la "revolución", pero que se niega a heredar su colapso.
En una entrevista a ABC de España, Suárez lanza un mensaje directo a la cúpula del poder, apelando incluso a la formación académica que comparten con sus actuales perseguidores. Bajo la premisa de que "en Venezuela tenemos menos miedo a ir presos que a no vivir en democracia", el dirigente universitario marca la ruta de lo que considera una urgencia nacional.
Para Suárez, el concepto de cambio no es una abstracción teórica, sino una urgencia operativa que pasa por las manos de quienes hoy ostentan el mando interino.
"Lo que constituye un proceso de transición es, justamente, la redemocratización del país y su reinstitucionalización. Se trata de volver a garantizar los derechos civiles y políticos que durante años han sido vulnerados en Venezuela: la libertad de protesta pacífica, la libertad de expresión. Esos son los pasos que tendremos que ir dando los venezolanos de cara a la reconstrucción nacional".
La crisis de derechos humanos es, para el movimiento estudiantil, el muro que impide cualquier diálogo genuino. Suárez denuncia una cifra que estremece y que evidencia el caos dentro del aparato represor del Estado.
"Con los datos que estamos ayudando a recabar, podemos decir con responsabilidad que existen más de 800 presos políticos a nivel nacional. Hay personas que están desaparecidas; ni siquiera se sabe cuál es su estatus. El gobierno no tiene certeza ni de cuántos presos políticos tiene".
El dirigente no ignora que los hermanos Rodríguez, figuras clave del oficialismo, caminaron por sus mismos pasillos. Esa conexión, lejos de ser un puente de simpatía, es utilizada por Suárez como un recordatorio de la deuda que tienen con la institución que los formó.
"Creo que el 3 de enero marca un parteaguas. Los acontecimientos de ese día condicionan por completo la vida política nacional. Nosotros, como movimiento estudiantil, hemos mantenido siempre una postura coherente. El 10 de enero desconocimos la juramentación de Nicolás Maduro en su momento. Hoy le exigimos a Delcy Rodríguez que inicie una transición".
La fe, según Suárez, es lo último que queda en las puertas de las cárceles, donde el sol y la lluvia castigan a los familiares de quienes hoy están tras las rejas por pensar distinto. Es allí, entre la precariedad y la esperanza, donde el presidente de la FCU-UCV encuentra la fuerza para afirmar que el miedo a la tiranía es, finalmente, mayor al miedo a los calabozos.
Con información de El Nacional