Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:02 pm
En tiempo de tempestades,
revueltas y fidelidades, la historia sigue evocando el nombre de Eloy Tarazona,
o también llamado el Indio Tarazona, quien se sumó a los sesenta hombres
que acompañaban a Cipriano Castro y a Juan Vicente Gómez desde Cúcuta hacia
Táchira aquel día que los dos andinos decidieron tomar el poder en Venezuela. La
república fue dominada por largos años de dictadura. Pasaron más de 35 años
antes de poder ver una sociedad democrática donde hicieran vida los partidos
políticos.
Eloy Tarazona, nacido en 1882
en Rubio, estado Táchira, según registros parroquiales. Era jornalero de la
hacienda del general Eustoquio Gómez, quien era primo hermano del general Juan
Vicente Gómez. Eustoquio Gómez tenía varios negocios de ganado, víveres, cueros,
textiles y café en San Antonio del Táchira. Otras fuentes indican que Tarazona
nació en la aldea el Enciso, Colombia, y que conoció a Juan Vicente Gómez en el
fundo del padre del general, Pedro Cornelio Gómez.
Eloy Tarazona va a acompañar a
los sesenta hombres que llegaron a Caracas, y el Indio es uno de los que
se suma a la Revolución Liberal Restauradora del 23 de mayo de 1899, a la que
se fueron sumando hombres para llegar a unos diez mil que acompañaron a la
tropa que dirigían Castro y Gómez.
Desde temprana edad, Tarazona se
ganó la confianza y lealtad de Gómez, el dictador. Tarazona dormía atravesado
en la puerta del dormitorio del general Juan Vicente Gómez, por lo que siempre
su estado mental estaba siempre alerta como garante de su seguridad; además,
era innegable su atribuida crueldad para castigar a los enemigos políticos del
dictador.
También se señala la carencia
de familiares cercanos al indio Tarazona; a pesar de que algunos registros
indican que sus padres fueron Joaquín Tarazona y Francisca Cáceres. También se
adjuntan los nombres de algunas mujeres vinculadas al espaldero de Gómez: una,
Eduvigis de Jesús Linares Santana, quien tuvo a su hijo Jesús Eloy Linares
(1918-1997); la segunda, Ramona Pérez, quien tuvo a su hijo Máximo de Jesús
Pérez (1933-2005), y una última, Rosa Olmedillo, una muchacha de 18 años -natural
de Escuque- con quien se casó en Táchira en 1936 y con quien no tuvo hijos.
En realidad, se estiman unos
veinte hijos naturales de Tarazona.
Olmedillo, tiempo después, se
involucró con Pedro Estrada, enemigo de su esposo, y con aquél tuvo cuatro
hijos naturales.
No se conocen del todo las
condiciones especiales que le permitían el acceso a la intimidad absoluta de un
hombre tan hermético y desconfiado como Juan Vicente Gómez.
Para 1923, el indio Tarazona
-también llamado el brujo- logra tener el grado de coronel. Cuando murió
el Benemérito, hubo la suposición de que Tarazona sabía el lugar donde se había
ocultado el tesoro de morocotas de oro. Dos días antes de la muerte del
dictador Juan Vicente Gómez, el 15 de diciembre de 1935, Tarazona fue apresado
en Maracay, por orden del general Eleazar López Contreras para evitar que, en
acuerdo con el también general Eustoquio Gómez, tratara de sublevar la
guarnición de Maracay.
Es apresado y torturado, pero
sale en libertad y se marcha a su lugar de origen. Luego de una larga estancia
en Colombia, es traído a Venezuela bajo engaño por el propio jefe de la policía
de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Lo apresa Pedro Estrada, el personaje
más temido de la Seguridad Nacional. Tarazona es detenido e interrogado sobre
el tesoro de Juan Vicente Gómez, ya que era codiciado por el dictador Marcos Pérez
Jiménez. Se le realizaron a Tarazona
numerosos experimentos de hipnotismo (por parte del médium español de nombre
“Fassman”) por interés de las más diversas personalidades políticas y militares
cercanas al poder de ese momento.
Ese tal “Fassman”, maestro de
la mente más aguda de aquella época, batalló sin éxito contra la voluntad
férrea del indio Tarazona. Nunca habló ni le pudieron sacar el secreto; lo cual
dejó a Pedro Estrada y a Pérez Jiménez sin repuestas para encontrar ese tesoro
enterrado de morocotas de oro, que se dice están enterradas en un lugar del
cementerio de Maracay. En aquel entierro del tesoro, fueron asesinados los
sepultureros, así que el secreto estaba en dos personas: Gómez y Tarazona. Éste
le fue fiel al benemérito hasta después de su muerte.
Tarazona murió en la cárcel, en
octubre de 1951, de inanición o de un infarto fulminante. No se sabe dónde fue
enterrado su cadáver.
Por su inquebrantable lealtad, llegó
a ser su más importante consejero político, a pesar de no ser un ilustrado. Le
probaba los alimentos a Juan Vicente Gómez antes de consumirlos ya que él mismo
le decía:” no confió ni en mi sombra, general”, y después de su consentimiento
el general Gómez los podía comer. También
se dice que cuando asesinaron al hermano de Gómez, Juancho Gómez, de 17
puñaladas el 30 de junio de 1933; el indio Tarazona supo que era una muerte a
traición.
Se hablaba de que Juancho no
tenía esposa, novia ni amiga, y que siempre estaba rodeado de jóvenes militares
y de “patiquines caraqueños”. Uno de ellos era Isidro Barrientos. Cuando éste
puso su casa en venta para irse del país, Tarazona lo descubrió como autor del
crimen, y logró encarcelarlo.
Al final de sus días, el hombre
fiel al general Gómez recibió en la cárcel de El Obispo el mismo tratamiento
que dio a los enemigos de Juan Vicente Gómez: lo torturaron, y le negaron la
comida para que muriera de inanición.
Así terminó el hombre más leal
al general Juan Vicente Gómez.