Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 05:18 pm
Bibliotecas de la Ausencia: El rastro de papel que dejó la diáspora
En
Venezuela, las casas han aprendido a guardar silencio, pero las estanterías de
las librerías que van quedando en el país han comenzado a gritar. Lo que
comenzó como una tragedia silenciosa —millones de personas empacando su vida en
dos maletas— terminó por desbordar las calles con los únicos habitantes que no
pudieron abordar el avión: los libros.
Hoy,
recorrer los pasillos de las librerías que aún resisten en Caracas, Mérida o
Valencia, es adentrarse en una geografía del abandono. Los estantes de "Libros
Leídos" no son secciones de liquidación; son museos vivos de una
nación que se fragmentó.
La arqueología de lo íntimo
Un libro
recién salido de la editorial es un objeto mudo, una promesa por cumplir. Pero
un libro que perteneció a alguien que tuvo que venderlo por "poco
dinero" para completar el pasaje de un bus, o que lo donó con el corazón
roto antes de cerrar la puerta de su casa para siempre, es un organismo vivo.
En estos
espacios de "Libros Leídos", el lector no solo compra literatura;
hereda una vida:
La paradoja de la joya accesible
Es una
ironía hermosa y cruel. Mientras las librerías convencionales agonizan por la
falta de importaciones, y de lectores, estos rincones se llenan de joyas que
antes eran imposibles de conseguir. Primeras ediciones de Monte Ávila, clásicos
de la Colección Biblioteca Ayacucho y tratados de filosofía que ahora esperan a
un nuevo dueño por una fracción de su valor original.
El libro
usado en Venezuela se ha convertido en el puente generacional. El joven
que no puede costear una novedad editorial, encuentra en la biblioteca
abandonada de un abuelo exiliado el conocimiento que necesita para seguir
adelante.
"Vender
una biblioteca es como vender la propia sombra. Pero en este país, esas sombras
están encontrando nuevos cuerpos donde proyectarse."
Estos
libros tienen una esencia mayor porque han sido amados. No huelen solo a
papel y tinta, huelen a las casas donde estuvieron, al café de las tardes de
lluvia y al suspiro de quien tuvo que dejarlos atrás. Son la prueba de que,
aunque la gente se vaya, la cultura se queda aquí, circulando de mano en mano,
resistiéndose a morir en el olvido
Gracias
Librería Temas por facilitarnos el material necesario para hacer estas reseñas.