Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 09:38 pm
«La juventud me resulta mucho más cercana ahora que
cuando era yo joven.»
Jorge
Luís Borges
El mes
de enero finalizó participando en el recorrido por la obra de la Catedral Basílica
de La Inmaculada. Mientras proseguían los trabajos, el variado grupo de
invitados escuchamos las explicaciones de algunos de los arquitectos que han
sido incorporados gradualmente, hasta lograrse que el proceso de reparaciones y
restauración de este monumento, patrimonio de la nación e indiscutible
referente de la Iglesia venezolana, esté en manos de personas capacitadas y
altamente motivadas.
Son mis colegas, y -en algún momento- una de
ellas dijo a la especialista venida de la capital: “Todas hemos sido sus
alumnas”; en efecto, pocas de esas interesantes y eficientes personas cuyo
desempeño estoy admirando no han pasado por mis cursos de pre o posgrado.
Meses
atrás leía la entrevista a un célebre maestro, a quien señalaban lo poco que
había publicado. Éste respondió: “mis alumnos son mis publicaciones”.
Es
cierto, cada estudiante que encuentra en su profesor un contenido vital que
ayudará a conformar su vida (no solamente la vida profesional, sino su vida
personal), refleja ante los demás lo que de él ha aprehendido y es, en cierto
modo, una publicación: son publicaciones vivas.
Puede
decirse que un profesor capaz de transmitir conocimiento y ética es “leído” por
sus alumnos durante todo el curso, de tal modo que su presencia seguirá vigente
en ellos por el resto de sus vidas, como los buenos libros quedan impresos y se
hacen memoria en sus lectores.
Jóvenes
arquitectos y especialistas en arte están haciendo historia con su
participación en este crucial momento en la vida emeritense y en la vida de la imponente
Catedral Basílica. La capacidad y dedicación que ponen de manifiesto, asombran
a los profesionales venidos del centro. Estos han ido descubriendo una calidad
humana y profesional poco vista, en los jóvenes que realizan sus labores con
perfeccionismo y conciencia.
Todos
han egresado de una universidad provinciana, pero de alto nivel, con amor
agradecido a su Alma Mater y consciente compromiso con la ciudad y la
profesión. No solamente despliegan altas cualidades en lo relativo al trabajo y
gran capacidad de respuesta, sino personalidades consistentes y muy humanas.
Son
excelentes libros vivos, portando consigo lo tomado de nosotros y
enriqueciéndolo, con una experiencia que ya muchos desearían tener y que, a su
vez, será transmitida a otros.
Grosso
modo, en 51 años de docencia, mis estudiantes ya se cuentan por decenas de
miles. Algunos son docentes también, muchos son aventajados profesionales, con
logros satisfactorios. Estos que laboran con la Basílica en Mérida, han sabido
estar a la altura de los exigentes requerimientos del hermoso conjunto
catedralicio.
No
solamente el gobierno y la Iglesia les estarán agradecidos, sino la Universidad
de Los Andes, que debe reconocerse magníficamente representada en ellos,
reconocerse públicamente.
Haber
sido su profesor es para sentir orgullo. Pero mucho mayor es la sensación de
contento porque estas “publicaciones vivas” son una importante misión cumplida
y una huella que nuestros desvelos están imprimiendo en la piel de un país que
necesita razones para su esperanza.