Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 08:18 pm
“Grandes errores requieren grandes rectificaciones. Es proporcional, pero esas suelen ser las más difíciles de asumir, las que requieren más valentía.
Cada rectificación es bienvenida. Estemos abiertos a rectificar y a reconocer la rectificación ajena.”
Días atrás, en coincidencia con el aniversario del 23 de enero, publiqué este mensaje en la red X. Aunque sea evidente, no me cuesta declararlo: no me siento libre de error y por lo tanto tampoco eximido del deber de rectificar. Mi llamado es a todos.
La soberbia, la autosuficiencia, el menosprecio a los demás, son fuentes de muchos errores, algunos trágicos.
Lo que ha pasado y está pasando en Venezuela tiene que movernos a una reflexión cuya desembocadura lógica es la rectificación, porque dados los enormes problemas nacionales y el que no hayamos sido capaces de encontrar modos de resolverlos, al punto que hayamos vivido el 3 de enero y sus secuelas, resulta insostenible que todos seamos infalibles o que la culpa, en todo caso, siempre sea de los demás.
Este cuadro nuevo, inédito, de complejidad imposible de exagerar, nos convoca a muchas rectificaciones, algunas de ellas muy profundas. Mientras más grande sea el error, mayor ha de ser la rectificación porque ésta y su costo, son proporcionales al error cometido, pero, reitero, esas grandes rectificaciones son las que más cuestan y exigen una valentía mucho mayor, el coraje moral de atreverse a afrontar consecuencias que pueden ser muy duras. Ese cambio no ocurrirá en un día, pero tendrá que ocurrir.
La responsabilidad que Venezuela nos reclama hoy tiene tres caras: la de la humildad para reconocer nuestra falibilidad y revisar así lo hecho y lo por hacer, la de la inteligencia para comprender la realidad y buscar modos de ir afrontándola paso a paso y la de la grandeza para, a partir de esos reconocimientos saber poner lo principal por sobre lo accesorio y lo común, que nos incluye, sobre lo personal.