Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:33 pm
Durante 23 años,
caminé por los pasillos de una administración pública donde, muchas veces, la
academia era vista como una amenaza. Soy Nutricionista, con Maestrías y
diversas especializaciones, pero mi currículum, lejos de abrirme puertas, a
menudo generaba temor en quienes dirigían.
Por miedo a que mi
preparación pudiera opacar su gestión o "sustituirlos", me relegaron.
El sistema, bajo la etiqueta tramposa de "Analista Integral",
le dio licencia a jefes de turno para exigir "de todo". Esa
ambigüedad se convirtió en la excusa perfecta para asignarme funciones que nada
tenían que ver con mi formación.
Llegué a cargar
bultos de comida, comprar desayunos y almuerzos, preparar y servir café, e
incluso limpiar. Y quiero ser muy clara: no es que estas tareas me
denigraran como ser humano —todo trabajo honesto es digno—, sino que yo
no había estudiado años de mi vida para eso. Mi talento y mi capacidad
estratégica estaban siendo desperdiciados en tareas operativas, mientras
recibía memorándums de supervisores que no tenían ni la mínima idea del
significado de las palabras GERENCIA y LIDERAZGO.
Sin embargo, incluso
en ese escenario, busqué dejar una huella. Recuerdo que llegué a sembrar 200
suculentas en vasitos desechables de café. Mi intención no era decorar; era
un intento de enseñar y transmitir sentido de pertenencia a los
empleados de esa institución. El resultado fue un retrato de la condición
humana: algunos se alegraron y entendieron la finalidad del proyecto; otros se
las llevaron a sus casas; y hubo quienes, simplemente, las dejaron morir.
Por años, mi
presencia irritó a aquellos que llegaron a sus cargos en "paracaídas"
o por "enchufe". Ver a alguien preparada les recordaba lo que ellos
no eran.
Esa incongruencia,
esa frustración sostenida de estar en el lugar incorrecto haciendo lo
incorrecto, me pasó factura. El sacrificio constante se tradujo en enfermedad;
el cuerpo gritó a través de un Cáncer lo que el alma callaba por
"cumplir".
Pero hoy, sana y
libre, lo digo con firmeza: Tocar fondo no es falta de fé. Tocar fondo
es la prueba de fuego de la que sales reforzada.
He visto muchas
figuras públicas que muestran llevar una vida "intachable", envueltos
en discursos de una supuesta "verdadera Fe", cuando en realidad es
solo un espejismo. Son como vendedores de cursos de natación que jamás se
meten a la piscina, e incluso, ni siquiera saben nadar. Hablan de moral y
de Dios, pero tienen desatendidos a sus propios padres y familiares por sus
ocupaciones de calle, prefiriendo un like o un voto que fortalecer su propia
familia.
Llevar una vida
pública de pura apariencia también tiene un precio alto. Yo decidí no pagarlo.
Preferí ser transparente, aunque eso signifique no encajar en ciertos lugares
públicos o círculos de hipocresía.
Hoy te comento esto
solo a manera de reflexión: ¿Estás bien dónde estás? ¿Estás haciendo lo
que disfrutas y te apasiona, o estás viviendo una vida de papel?
Entiende esto: la
felicidad y la salud son una CONSECUENCIA, no un azar. Aquellos que van
a la iglesia a pedir bienestar sin entender que todo es una consecuencia de sus
actos, están viviendo en automático.
Yo misma tengo días
en los que no rezo el Padre Nuestro. ¿Por qué? Porque esa parte de "perdonar
a los que nos ofenden"... aún estoy en ese proceso de soltar. Y me
niego a rezar como un autómata; prefiero el silencio honesto a la oración
vacía. Rezo desde el sentir, no desde la costumbre.
Por eso, te invito a
escribir tu historia real, no la de la FACHADA INMACULADA que exige la
sociedad o las redes sociales. Sé real, así toques fondo.
La verdadera FE es
levantarse y ayudar a otros genuinamente. No es decir que ayudas y tomarte una
foto entregando una bolsa, para luego transformarla en likes o, peor
aún, en votos.
La verdadera
Maestría es brillar desde la oscuridad y saber que la luz siempre hará la
diferencia.
¡QUE TU ÉXITO NO
CUESTE TU SALUD!
¿Te identificaste
con mi historia? Encuentra la ruta completa en mi libro: "EL CÓDIGO DE
LA MUJER DIAMANTE: De Empleada a Visionaria".
Como Nutricionista y
Mentora, te acompaño a limpiar tu cuerpo de las memorias de sacrificio y a
reprogramar tu mente para un 2026 de abundancia.
Te guío desde la
comodidad de un click. Consulta Online disponible. En redes sociales:
@nairdavilarivas | Contacto: +58 416 874 4484
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