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América Latina el acróstico de la geopolítica sino-estadounidense por Alberto José Hurtado B. (*)

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Alberto José Hurtado B.


Como una composición poética y prosaica pero leída de manera vertical América Latina está presente en la política de mayor alcance sino-estadounidense. La región convive entre un péndulo de fricciones, beneficios inesperados del comercio, mapa de alineados o no alineados, calificativos de maravillosa tierra, relaciones triangulares, disputas de puertos, minas, hidrocarburos, recursos naturales y hegemonías. En la amplia corriente de ideas y hechos, los marcos geopolíticos entre China y Estados Unidos muestran una transición de poder global, para los que algunos países y economías en el mundo solo representa conflicto e incertidumbre. 

 

China lleva décadas incursionando en la región, son sólida y real participación en más de 27 países en la región. Y aunque persisten algunas dudas al respecto, cuando se examina muy de cerca el protagonismo que declara la firma acuerdos de entendimiento para ejecutar inversiones en infraestructura de gran impacto, esas dudas se disipan. Las empresas chinas han financiado y construido puertos, puentes, carreteras, minas, centrales eléctricas, líneas de metro, parques eólicos y solares. Es propietaria de minas de distintos minerales y posee activos estratégicos vitales en la región. Una historia que ya había transitado Estados Unidos en la época de posguerra fría.   

 

Si bien los resultados también han sido malos y buenos, ahora esto es de gran tensión, porque han cambiado la esfera de influencia estadounidense y China. Quienes desde sus propias perspectivas asumen el contexto como caldo de cultivo de disputas. Estados Unidos usa fuerza militar –soluciona algunos problemas, fija aranceles, establece sanciones y coacciona para anular contratos portuarios relacionados con el proyecto de influencia comercial global China. Esta posición ha generado una perspectiva de securitización de la infraestructura, ello si bien ha balanceado fuerzas de los dos hegemones en la región, para los países en la región participar con China o Estados Unidos implica altos costos políticos con otros socios en el mundo con disputas ya sea con China o con Estados Unidos.

 

Esto no es ficción porque la región como área territorial política bastante importante para expandir la influencia global. Esta frente a un dilema o continúa promoviendo y permitiendo la producción de vehículos de energía limpia y la construcción de puertos de gran impacto para el comercio transatlántico, o permite avanzar en estrategias de seguridad para eliminar los graves problemas derivados del crimen organizado transnacional. Esto nada tiene que ver con las preocupaciones más cercanas de China y Estados Unidos, porque si bien la infraestructura para China representa eslabones de su estrategia global de la ruta y la seda, para Estados Unidos esa infraestructura representa un recurso con doble propósito, el comercial y militar.

 

El problema aquí no es lo que cada uno crea desde sus propios imaginaros, sino el cómo actúan frente a una región que obviamente responde a presiones de ambos lados. Nada falso existe en asegurar que América Latina está conformada por economías y países vulnerables frente a sus propias instituciones y frente a los propósitos, metas y objetivos de otros fuera de ella. Falsamente ni de un lado ni del otro existen opciones que integren a las naciones latinoamericanas en las agendas que avanzan en objetivos de poder geopolítico.

 

La región con grandes consejeros u observadores continúa sumergida en sus problemas de extrema pobreza, brechas competitividad y productividad, brechas de profesionalización en la nueva era de la IA, brechas de estabilización macroeconómica y brechas de seguridad personal y jurídica, y aunque sus gobernantes pueden fijar posiciones respecto a entenderse con unos u otros, la revisión y supervisión de las metas y objetivos de China y Estados Unidos en la región no dan muestra de mejores realidades sin riesgos de seguridad. Un problema que es bastante complejo en el mundo. En este momento la preocupación se concentra en hacer probable y posible la transparencia de las operaciones que se realizan en un área geográfica con bastos recursos naturales y minerales a los que también otros países en Asia desean optar. No se trata de quien es mejor o peor se trata de ser transparentes respecto a los resultados reales que la ciudadanía desea disfrutar para el bienestar común dentro de su propia tierra.

 

(*) @ajhurtadob  





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