Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:00 pm
Haciendo un diagnóstico basado en las actuaciones y resultados de los sectores políticos en el país, podemos concluir que pretender dividir el espectro político en oficialistas y opositores es imposible e insostenible. Este esquema tradicional se ha transformado en un concierto desafinado de intereses de toda índole que se convierten, en su mayoría, en ofertas inválidas, fraudulentas y engañosas que se alimentan de la manipulación y la necesidad, ambas apuntaladas por la institucionalidad secuestrada, blandengue, vulnerable y transgresora del ordenamiento jurídico vigente.
Comienzo por definir el alcance del sector oficial. Se ha desempeñado con un partido base que fue mutando de composición y nombre. Comenzó como un movimiento político llamado MBR 200, para transformarse posteriormente en el Movimiento Quinta República (MVR), para poder incursionar en la arena política y, al comenzar el frenesí que genera el ejercicio del poder y la necesidad del control político y social, surgió el Psuv que pretendió convertirse en partido único, tanto estructuralmente como de pensamiento ideológico, desmembrando y desmantelando a sus aliados naturales. La verdad es que aquel polo patriótico, donde confluyeron una decena de partidos seguidores de la revolución con el Psuv a la cabeza, terminó siendo una alianza patriótica inorgánica, tutelada y dominada por un líder troglodita que no solo acabó y engañó con un proyecto político, sino que desmanteló la democracia en Venezuela y asumió, bajo el centralismo presidencialista y militarista, el control férreo y absoluto de las instituciones.
En este sector llamado oficialista existen grupos perfectamente definidos:
Uno, el que representa el partido del gobierno interino bajo la figura del Psuv.
El segundo son los componentes condicionados y tutelados de la alianza patriótica.
El tercero, estratégicamente diseñado, que llaman oposición Está representado por partidos políticos de vieja data que fueron judicializados, puestos bajo control de individuos plenamente identificados, que acompañan al sector oficial en sus pretensiones de mantenerse en el poder junto a otros partidos de nueva data que fueron otorgados a otros dirigentes, sin más requisitos que su aceptación incondicional de formar parte de los diálogos fracasados y el juego electoral diseñado por sus benefactores.
Como pueden observar, el oficialismo construyó su oposición. Esa que hoy tiene una representación parlamentaria en la Asamblea Nacional, donde se multiplicaron los curules inconstitucionalmente y donde las cesiones se convierten en escenarios dantescos, muy distantes a la ética y moral republicana.
Ahora, identificada la primera oposición, como dicen llamarse, pasamos a ubicar las otras.
El principal bloque opositor de vieja data se manejó como la Plataforma Unitaria, mesa de la unidad democrática compuesta por los partidos tradicionales y otros minoritarios que fueron derrotados una y otra vez por la llamada oferta revolucionaria. En su conjunto, tienen en su haber diferentes situaciones vividas, todas públicas y notorias, que fueron mermando su representatividad como responsables de lograr el cambio de modelo y de gobierno en el país.
Las organizaciones políticas con más estructural y fuerza electoral en sus tiempos, que formaron parte de este bloque fueron judicializadas y sus integrantes debieron plegarse a otras opciones electorales, al no contar con sus símbolos y entrar en la orfandad institucional partidista; mientras otros jugaron con los factores del poder para lograr espacios y mantener el control de sus organizaciones.
Evidentemente, la implosión de la oposición ha sido un trabajo permanente, realizado con efectividad por los oficialistas, con todos los medios y herramientas posibles. La dirección de estas organizaciones vulnerables, obligadas a presentarse en bloque, tiene grandes dificultades para recomponerse a corto plazo. Sus niveles de aceptación son pírricos y alarmantes, ante la nula presentación de resultados a los venezolanos, sin embargo, con un esfuerzo sobrehumano mantienen el discurso de la unidad, aunque no les pertenezca.
Esta realidad quedó al descubierto luego del proceso de primarias de la oposición, donde la dirigente María Corina Machado arrasó con un resultado inédito de más del 90% de los votos que cifró y visibilizó el pensamiento de los venezolanos de todas las tendencias y grupos políticos, que le otorgaron indiscutiblemente la responsabilidad de conducir a la oposición.
Si analizamos lo narrado, ya existen tres denominadas oposiciones: la creada por el oficialismo, la unificada como la MUD y la tercera conformada por la unidad ciudadana que género la derrota del oficialismo y que lidera María Corina Machado.
Ahora, ante las adversidades y hechos acaecidos que definen a Venezuela como una nación en terapia general en camino a la transformación, existen otras realidades que deben ser evaluadas.
Existen cientos de solicitudes de constitución de partidos políticos regionales y nacionales admitidas y represadas en el CNE, y otras decenas más de organizaciones que esperan la apertura de admisión de solicitudes para hacerlas efectivas. Si a ello le sumamos otra cantidad de partidos sacados del registro electoral que esperan relegitimarse, más las 35 existentes progobierno, que participaron en el último proceso electoral, estaríamos hablando, de concretarse todas, de más de 300 organizaciones que estarían participando en un proceso democrático como el que se tiene previsto a mediano plazo.
De allí surgirán otras ofertas electorales, hasta el momento no alineadas, que persiguen, en su mayoría, vencer la hegemonía de lo hasta ahora conocido.
Al hacer este análisis, que debería ser más profundo y detallado, pero que básicamente explica una realidad, lo importante es concluir que la clase política considerada emergente busca los mecanismos necesarios para visibilizarse y captar la atención en sus regiones, para lograr la representación, inclusión y participación de la sociedad civil. Esta es, en definitiva, la que termina nutriendo esos esquemas tradicionales que conducen al ejercicio del poder comprobadamente controlador, pervertido e ineficiente.
El nuevo CNE que emerja, previo a una convocatoria electoral, deberá comenzar por ser constituido por hombres y mujeres honorables que garanticen un proceso transparente. Su composición no puede ser otorgada a militantes o exmilitantes de partidos políticos, como tampoco estar bajo la figura de cuotas para un sector u otro de los que ya hemos hablado en este breve trabajo. Que no son dos, oficialismo y oposición, sino que son por ahora seis o siete grupos que ampliarán el espectro electoral en el futuro próximo y que deben ser atendidos con imparcialidad y sujetos a las mejores condiciones de participación.