Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 09:23 pm
La globalización está en una etapa de transformación, donde los cambios tecnológicos son notorios y los ajustes organizacionales están a la orden del día. En este sentido, el mundo está pasando de cadenas globales capaces de optimizar la actividad productiva, priorizando la producción en regiones con ventajas comparativas, hacia un modelo productivo más estratégico, impulsado por la necesidad de asegurar el suministro de tierras raras y otros minerales críticos esenciales para las nuevas tecnologías. Este cambio también trae una creciente preocupación expresada en nuevos riesgos geopolíticos y geoeconómicos.
Los minerales críticos, incluidas las tierras raras, son elementos químicos esenciales para una amplia gama de tecnologías civiles y militares. Estos materiales son fundamentales para la fabricación de baterías, turbinas eólicas, motores eléctricos, semiconductores y sistemas de defensa avanzados. Pero su disponibilidad está sujeta a riesgos significativos debido, entre múltiples razones, a la concentración geográfica de su producción y a los largos plazos necesarios para desarrollar nuevas minas, explotarlas y procesar nuevas unidades de dichos materiales. Y en el ámbito del suministro, el hecho que muy pocos países concentran los yacimientos de estos minerales hace que las economías no productoras se expongan a frecuentes choques de oferta, para los cuales el antídoto parece ser la reactivación de las políticas industriales y comerciales.
Esto ha reforzado la posición de muchos países a favor de respuestas gubernamentales centradas en apoyo indirecto al sector privado. Las iniciativas incluyen la posibilidad de garantizar, con apoyo estatal, el mapeo geológico, la investigación y el desarrollo para reducir costos ambientales, la provisión de información de mercado y el desarrollo de mano de obra especializada. Además, de impulsar los procesos de aprobación regulatoria para proyectos mineros y de fomentar la colaboración multilateral.
Y si a esto se le agrega que después de la pandemia del COVID-19, la invasión rusa a Ucrania y las crecientes tensiones entre los Estados Unidos y China, se ha fortalecido la tendencia hacia políticas industriales más intervencionistas. En otras palabras, en lugar de depender exclusivamente del sector privado, los gobiernos están asumiendo un papel más activo en la financiación, subsidio y dirección estratégica de las industrias productivas dependientes de los minerales críticos.
Este enfoque busca equilibrar eficiencia y resiliencia, reconociendo
que la seguridad de las cadenas de suministro es un objetivo prioritario para
los países.
Ante esta realidad, es evidente que tanto la globalización como las políticas industriales se están reconfigurando alrededor de los minerales críticos. Los gobiernos y las empresas están determinando hasta qué punto desean aprovechar las eficiencias de los mercados internacionales en una versión renovada de la globalización. Al mismo tiempo, los gobiernos están evaluando cuántos recursos deben colocar directamente en los mercados para crear cadenas de suministro seguras y resilientes de minerales críticos en sus territorios nacionales y entre aliados.
Este proceso de
reconfiguración tiene implicaciones profundas para el orden económico global.
Si bien la eficiencia sigue siendo importante, la resiliencia y la seguridad
están emergiendo como prioridades clave para los agentes económicos. En última
instancia, el equilibrio entre estos objetivos determinará la forma que tomará
la próxima era de la globalización y de las políticas industriales.
(*) @ajhurtadob