No todo lo que brilla es oro: La lección de Puerto Rico y la soberanía de Venezuela por David Jiménez P.
David Jiménez Pérez
No todo lo que brilla es oro: La lección de Puerto Rico y la soberanía de Venezuela por David Jiménez P.
David Jiménez Pérez
En el complejo ajedrez político que vive nuestra región, ha comenzado a circular una narrativa tan peligrosa como seductora: la idea de que entregar nuestra autonomía a los intereses de Washington sería la llave mágica hacia una prosperidad inmediata. Algunos, encandilados por promesas externas, parecen olvidar que la soberanía no es un concepto romántico, sino el escudo que protege la dignidad de un pueblo. Como ha señalado la Presidenta Delcy Rodríguez, la soberanía es un "deber sagrado" y Venezuela "no se someterá a la tutela de ningún país extranjero". Para entender los riesgos de ceder ese control, no hace falta especular; basta con mirar el espejo de Puerto Rico y entender acá, lo que hoy llamaríamos una "ocupación silenciosa".
La historia de la isla vecina es un recordatorio brutal de lo que sucede cuando una nación intercambia su independencia por una estabilidad tutelada. En los inicios de su relación colonial, Puerto Rico experimentó una inyección de recursos que muchos confundieron con desarrollo. Parecía el inicio de una era dorada donde los "yankees" actuaban como salvadores. Sin embargo, el tiempo ha demostrado que aquella bonanza era un espejismo. Hoy, la isla vive un estancamiento económico asfixiante, con sistemas públicos colapsados y una pobreza estructural que países vecinos, con plena soberanía, ya han logrado superar.
Esa estrategia utiliza un lenguaje engañoso para disfrazar la subordinación. Lo que en realidad es un control externo sobre nuestras decisiones, se nos presenta con términos neutros como “estabilización” o “transición”. Washington se autodenomina “socio”, pero en la práctica, un socio es alguien con quien se coopera en igualdad de condiciones. La Presidenta ha sido enfática: Venezuela tiene la vocación de ser un "socio comercial sólido y respetado", pero bajo un estricto "marco de respeto mutuo". Cuando una parte controla tus ventas, administra tus ingresos y te dicta licencias para operar tu propio petróleo, no tienes un socio, tienes un tutor. Llamar "protección" a lo que es administración ajena de nuestra riqueza, es parte de esa guerra semántica que busca doblegar nuestra voluntad nacional.
Nuestra tarea hoy es desmantelar el relato colonial y ratificar la voluntad inquebrantable de que Venezuela se manda desde adentro. La verdadera prosperidad no vendrá de un "salvador" externo; vendrá de nuestra capacidad para mantenernos independientes, dueños de nuestro orden y de nuestro futuro. Cuidado con los espejismos: Nuestra soberanía no tiene precio.