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Por Enrique Plata Ramirez

Mi regreso del tranquero

Los discursos de la resistencia. Los tiempos del fastidio bélico (I) por Enrique Plata Ramirez



Mi regreso del tranquero

Los discursos de la resistencia. Los tiempos del fastidio bélico (I) por Enrique Plata Ramirez

En estos tiempos bélicos, de invasiones militares, secuestros presidenciales, pulverización de soberanías republicanas, obsolescencia de las independencias nacionales, eliminación de las fronteras territoriales, anulación y confiscación de las riquezas patrias, renacimiento de emperadores asesinos, pederastas e infanticidas - el regreso de los Calígula, Nerón y Herodes -, asesinatos en masa, con misiles y drones “envenenados”, de poblaciones enteras, “rebeldes”o “insumisas”, cuyas muertes serán etiquetadas como “daños colaterales”, o con el eufemismo de “desvividos”, pretendiendo ocultar con ello el genocidio mundial imperialista, de un tiempo sangriento que hace rato vive el mundo, sumergido en la III Deflagaración Mundial, ante el ensordecedor silencio de gobiernos sumisos que se niegan a reconocer la destrucción humana por temor y comodidad, la misma condición que asume el sujeto actual, en cualquier parte del mundo y que sigue, morbosamente y con fastidio, a través de las pantallas de la televisión o de su teléfono de última generación, de las múltiples redes virtuales, haciendo zapping desde el sofá de su casa, de la cama de su habitación, del cómodo escritorio de la oficina, desde algún estadio de fútbol o de béisbol, de un concurrido centro comercial, de alguna discoteca o puticlub, o simplemente desde la calle, el bar, el restaurante, el aeropuerto, de aquello que Marc Augé denominó como “los no-lugares”: (Los “no-lugares”. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad).
En estos tiempos, decíamos al inicio de estas reflexiones, resulta necesario problematizar la mirada y la noción de postmodernidad y globalización, desde lo epistemológico y lo ontológico, desde nuestro lugar de enunciación: la periferia, los márgenes o los bordes. Léase América Latina y el Caribe. Reconocer y debatir si estamos realmente ante un período de la historia o ante un fenómeno temporal que devendrá, en un instante posterior, en fenomenología social y cultural. Esa mirada, desde luego, puede resultar muy selectiva y subjetiva, dependiendo de quien la realice, de su lugar de realización, de los hitos o paradigmas que seleccione e incluso de su perversión o nihilismo con la cual la ejecute.
Al debate, reflexión y momento histórico iniciado en Occidente a mediados del siglo XX, se le conoce como postmodernidad. Digamos de una vez que al situarnos ante el espectro postmoderno, nos colocamos frente a un objeto de estudio y reflexión cuyos resultados serán productos del saber humano de nuestro tiempo. La postmodernidad intuye cierta sensibilidad y cierta actitud que permite a los no estudiosos abordarla con sumo sigilo, cuidando cada paso, evitando la dispersión. El debate de las ideas - la reflexión - iniciado estos años, se mueve en un terreno opalescente, enmarañado, resbaladizo, fronterizo, y en ocasiones difuso, que puede tornarse pantanoso para el inexperto, corriendo el riesgo de hundirse allí para siempre.
En este sentido, la postmodernidad ha sido abordada y definida desde distintos 'ambitos. Uno de ellos viene a ser el ámbito de lo sociocultural: la representación de las nuevas identidades, el desarrollo vertiginoso de los mass-media y la abrupta proliferación de Fake News y Post Verdades, que presentan un nuevo discurso, en ocasiones contracultural y de resistencia, en otras legitimador de los exabruptos globalizantes de los hegemones mundiales; asimismo, la irrupción de las tribus urbanas, de la llamada cultura underground o alternativa, la apología del hedonismo, lo dionisíaco, una estética de la banalidad y de la vida cotidiana, lo que denominaremos como estética de las naderías, y que Rigoberto Lanz (Cuando todo se derrumba. Crítica de la razón ilustrada), define como “ética del ocio”, que implica la negación de la categoría “trabajo” y el derecho al descanso, mejor, “a la pereza”, porque “dulce es no hacer nada” como bien dijeran a mediados de los años sesenta los guitarristas belgas JernejVok y Jean Kluger, compositores del sencillo “Dolce Far Niente” y que ellos mismos interpretaran como integrantes del grupo The Sunlovers o Los Amantes del Sol. 
Se la aborda también desde lo filosófico, para reinterpretar los tiempos recientes, la bisagra de entresiglos, discutir la desaparición del sujeto cartesiano, y reflexionar acerca de los nuevos discursos narrativos, discursos que mencionáramos un poco antes, de resistencia, contraculturales. En este sentido, Jean-François Lyotard (La postmodernidad. (Explicada a los niños); La condición postmoderna. Informe sobre el saber), uno de los estudiosos más citados en este tipo de reflexiones, se pregunta: ¿Qué es la postmodernidad?, e intenta brindar posibles respuestas a lo que en principio pareciera un gran laberinto. Para este estudioso, todo aquello que ha sido negado por la modernidad, que experimenta la nostalgia de lo imposible, lo impresentable, que se niega a la consolación de las formas bellas, es síntoma de lo postmoderno. Desde luego, la mirada y la reflexión de Lyotard resultan eminentemente eurocéntricas. Por su parte, estudiosos como Enrique Dussel (Ética de la liberación en la edad de la globalización y la exclusión, y Política de la liberación) y Juan José Bautista Segalés (Qué significa pensar “desde” América Latina? Hacia una racionalidad transmoderna y postoccidental), prefieren hablar de transmodernidad, que no parte de la reflexión de la filosofía del proyecto de la modernidad, ni de sus trampas, negaciones y dominios, por ser tradicionalmente europeos, o pensados desde Europa, sino más bien para reflexionar desde otros horizontes de sentido: históricos, políticos, culturales y civilizatorios, para pensar “desde” América Latina y el Caribe, desde una filosofía que vaya más allá de esa tradición occidental negadora de lo popular, de lo que ha permanecido al margen, en los bordes, y resignifique y resemantice aquello que siempre fue negado o excluido. Para buscar desencuentros, como señala Pausides Reyes (Pensar distinto), o divergencias entre la mirada de los europeos y la mirada crítica radical sobre la postmodernidad desde nuestro amplio y periférico espacio continental; para problematizar y reconocer las diferencias entre el pensamiento, los estudios y la reflexión europea y la de América Latina y el Caribe, lo que vendría a ser una forma clara de interrogarnos de otra manera, como apunta Rigoberto Lanz (Temas posmodernos. Crítica de la razón formal), para poner de manifiesto el estado de inconformidad de este espacio continental, cultural e histórico, con la mirada y la noción de la modernidad y la postmodernidad eurocéntricas, y producir nuestros propios discursos contraculturales y por tanto de resistencia, nuestro pensamiento y nuestras reflexiones frente al mundo hegemónico, globalizador, devorador, capitalista e imperialista.