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A partir de la investigación efectuada por el Ing. José María De Viena

Día Mundial del Agua: Venezuela frente al mandato centralista



Día Mundial del Agua: Venezuela frente al mandato centralista

A partir de la investigación efectuada por el Ing. José María De Viena

Ex -presidente de Hidrocapital

 

En cada Día Mundial del Agua, el planeta reflexiona sobre la urgencia de garantizar un acceso justo y sostenible a este recurso vital. En Venezuela, sin embargo, la conmemoración llega marcada por un giro institucional que amenaza con profundizar la crisis: el Decreto Nº 5.229, publicado en la Gaceta Oficial Nº 43.304, ordena la absorción de todas las empresas hidrológicas regionales y municipales bajo una sola autoridad, Hidroven.

La medida, presentada como respuesta a una “emergencia económica”, liquida en apenas treinta días hábiles el modelo descentralizado que había nacido en los años noventa. Con ello, se reinstala un esquema idéntico al viejo Instituto Nacional de Obras Sanitarias (INOS) de los años setenta, cuyo colapso por hipertrofia burocrática y geocentrismo decisional es parte de la memoria institucional que hoy parece ignorarse.

 

El retroceso histórico

 

Mientras América Latina ha avanzado hacia la descentralización, la participación comunitaria y las asociaciones público-privadas, Venezuela opta por el camino inverso. Países como México, Brasil, Colombia o Argentina han demostrado que la atomización de operadores no es un defecto, sino una fortaleza: permite ajustar tarifas a realidades locales, aislar fallas y evitar colapsos sistémicos.

El mandato centralista venezolano, en cambio, suprime la autonomía regional, excluye la inversión privada y confisca la gobernanza comunitaria. Se instala un modelo “juez y parte”, donde el operador y el regulador son la misma entidad, anulando cualquier posibilidad de transparencia o rendición de cuentas.

 

Las consecuencias operativas

 

El agua es un bien pesado y costoso de transportar. Pretender que una avería en la periferia dependa de una autorización en Caracas convierte problemas logísticos de horas en crisis sanitarias de semanas. La centralización no diluye costos, los multiplica: bombeo, fricción, fugas y Agua No Contabilizada superan cualquier ahorro teórico.

Además, la cultura de pago se erosiona. En un esquema descentralizado, el usuario ve cómo su tarifa financia la reparación local. En el centralizado, los fondos se diluyen en la Caja Única del Tesoro, mientras la tubería sigue rota. El resultado es más morosidad, menos confianza y un sistema comercialmente inviable.

 

El aislamiento financiero

 

La comunidad internacional exige institucional bankability: auditorías externas, tarifas predecibles y reguladores independientes. Sin ello, no hay acceso a créditos del BID, bonos verdes ni esquemas de blended finance. Con un monopolio opaco y auto-regulado, Venezuela se veta a sí misma de los mercados de capital que podrían aportar los 1.500 millones de dólares que su infraestructura requiere con urgencia.


La lección regional

 

La verdadera soberanía hídrica no se logra confiscando tuberías desde la capital, sino empoderando a los operadores locales con seguridad jurídica, financiamiento mixto y regulación independiente. América Latina lo ha entendido: la resiliencia está en la capilaridad, en las juntas comunitarias, en las cooperativas y en los municipios que gestionan su propio destino.

 

Conclusión

 

En este Día Mundial del Agua, Venezuela enfrenta un dilema: persistir en un modelo centralista que ya fracasó hace medio siglo, o retomar el camino de la descentralización que la región ha consolidado como estándar. El Decreto Nº 5.229 no rescata el servicio, lo condena al colapso sistémico.

El agua, más que un recurso, es un derecho humano. Y ese derecho solo se garantiza cuando la gestión se acerca a la gente, no cuando se encierra en un escritorio lejano.