Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 09:35 pm
Últimamente mi algoritmo, al menos el de YouTube,
me ha estado arrojando muchas referencias al hecho del misterio de las
construcciones de las antiguas civilizaciones precristianas, especialmente,
repito, especialmente Egipto. Se mencionan misterios como los templos de la
India, y otros asentamientos de civilizaciones con grandes enigmas respecto al
cómo fueron hechos, aún más cuando se supone que fueron tiempos en los que no
había tecnología como la actual.
Un aspectos clave de la tecnología es su
origen y propósito: Proviene del griego téchnē (arte u oficio) y logía
(estudio). Su fin principal es facilitar la vida, aumentar la productividad y
adaptar al ser humano a su medio ambiente, y la Biblia, cuando nos habla de las
otras civilizaciones lo hace desde el punto de vista de no dejarse seducir por
el aparente avance, o prosperidad material. Sencillamente se centra en el
mensaje de la Revelación en cuanto a la conducta del hombre frente a Dios y a
los suyos, y no le interesa nada sobre el origen del esplendor de cualquier
obra hecha por el hombre (Génesis 11, 1-9). Siempre nos remite al hecho de que
Yahvé, Dios es el origen de todo, y que Él es proveedor para quien se abandona
en Él.
En Génesis (37,1—50.26) se nos narra la
historia de José, y de cómo gracias a la intervención de Dios en su vida él
llegó a ser el salvador de Egipto y de otros pueblos aledaños durante los
anunciados, mediante sueños al Faraón, siete años de hambruna. Dios, mediante
José, obrando en Egipto: Es el relato de un pastor que, salido de una
civilización menos poderosa, y materialmente inferior, salvó una civilización
esplendorosa y avanzada en grado exponencial respecto a lo material, frente a
la suya.
La historia de Moisés es la historia de un
pueblo esclavizado por Egipto, que logra su libertad mediante la intervención
divina de Yahvé. Con Moisés como protagonista de este relato, la Biblia nos
hace ver cómo esa nación es humillada por Dios.
En los libros de los Macabeos se habla del
conflicto que hubo entre los judíos que quisieron adherirse al régimen
imperante, que les alejaba del culto al Dios Vivo y Verdadero, y los Macabeos
(duros como el martillo "makebet" en hebreo moderno,
"martillo" o "almádena"), quienes se mantuvieron firmes y
fieles a Dios , porque el primer grupo, asombrado y tentado por el progreso
material de los otros pueblos, decidió intentar parecerse a ellos y copiar sus
costumbres (I Macabeos 1, 14; II Macabeos 4, 9; II Macabeos
4, 12), en claro alejamiento y/o renuncia a Dios.
En la actualidad, la tentación ante el
esplendor de todas estas edificaciones, y sus grandes misterios, ha estado en
elaborar teorías excéntricas, conspiranóicas, que cuestionen toda base de la
Revelación hecha por Dios a los hombres, atribuyéndole orígenes extraterrestres
más que ultraterrenos.
Sí, el hombre hizo, está haciendo, y hará
maravillas asombrosas, algunas dejarán más huella que otras, pero ante todo
este esplendor mundano, Jesús nos pregunta: “¿De qué le sirve al hombre ganar
el mundo entero, si pierde la vida? ¿O cuánto podrá pagar el hombre por su
vida? Porque el Hijo del hombre va a venir con la gloria de su Padre y con sus
ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a lo que haya hecho” (San
Mateo 16,26-27). Es decir, Jesús no niega que el hombre puede hacer grandes cosas,
pero se pregunta de qué le sirve, y de inmediato nos revela, algo que creemos
por fe: su segunda venida.
En poca palabras: El interés de la Biblia es
el de narrar la grandeza de Dios, no la del hombre. Ante cualquier misterio
arqueológico, no debemos desviar nuestra fe en el Dios vivo y verdadero por
creer que civilizaciones con avances arquitectónicos tienen algo mejor que
decir que la Revelación en cuanto a la conducta del hombre frente a Dios y
frente a los suyos. Y si a teorías conspiranóicas nos vamos: Siempre se ha
dicho que toda evidencia arqueológica que evidencie la veracidad de lo que dice
la Biblia es convenientemente desaparecida y/o destruida, para proteger
intereses oscuros de élites de poder. Dios con nosotros.