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Por José Antonio Rivas Leone

Recuperar lo perdido por José Antonio Rivas Leone



Recuperar lo perdido por José Antonio Rivas Leone

Nunca hemos cultivado el pesimismo y mucho menos posturas apocalípticas. Eso no quiere decir que no cultivemos la sana crítica y en simultáneo tengamos un optimismo moderado. Y esto lo traemos a colación precisamente por la complejidad que registra nuestro país antes y después del 3 de enero de 2026. 

Si alguna palabra o término describe a Venezuela es “complejidad” para no meternos con el tablero mundial que igual luce muy “complejo”. Y el planteamiento original que deseo compartir con los apreciados lectores está vinculado a la obligatoria parada y reflexión de hacer una retrospectiva de lo registrado en nuestra Venezuela en estas últimas décadas. 

El catálogo de situaciones regresivas y degradantes a la condición humana definen el grado de retroceso, atraso y penurias a las cuales han sido sometidos los venezolanos, las familias y la propia sociedad venezolana segmentada y partida como consecuencia de la diáspora y éxodo (sólo comparable a Siria). 

De manera que si algo debe ser nítido para “todos” los venezolanos es la claridad que debemos tener al juzgar, valorar o catalogar lo registrado, y, por ende, cuán difícil ha sido y será recuperar lo perdido. Nuestros vecinos han registrado problemas diversos, narcotráfico, terrorismo, dictaduras, turbulencias, golpes de Estado, avances y retrocesos en sus democracias, pero a los niveles de retroceso de Venezuela, y para no dejar ideas guindando, Bolivia, Perú, Ecuador en los finales del siglo XX e inicios del XXI registraron asonadas, golpes de Estado, vacíos de poder, revueltas populares y demás, y sin embargo, el retorno a la democracia fue relativamente sencillo en sus procesos de transición democrática. Ni hablar del Cono Sur en los años ochenta en los procesos de transición de Brasil, Argentina, Paraguay o Chile. 

El caso venezolano es distinto, es diferente, es peliagudo por el propio nivel de deterioro y complejidad al que llegamos. Y por ende las condiciones propias de nuestros actores, partidos, clase políticas, tejido institucional, precariedad jurídica, ausencia total de autonomía e independencia de los poderes públicos, militarismo y pretorianismo, secuestro de las elecciones y de la soberanía popular, poderes ocultos, carteles y mafias, una clase política inmunda, impúdica, desvertebrada, profundamente irresponsable e ignorante tanto en el gobierno como en la oposición (salvo algunas excepciones) son las variables que pueden explicar a la Venezuela actual y por ende lo complejo en la tarea de recuperación democrática. 

Y para reiterar y recalcar la “complejidad” que registramos (siendo críticos mas no pesimistas o apocalípticos) se suma el tutelaje norteamericano en nuestra realidad actual. Venezuela terminó siendo un país de paradojas, ríos por doquier y falla el agua en parte del territorio, la mayor reserva de petróleo del mundo y aparte de tener una gasolina costosa con relación al ingreso promedio del venezolano, por no hablar de los periodos de escasez donde se gastan noches y madrugadas en colas para surtir combustible. Con el gas no es muy distinto, en el Zulia se queman los mechurrios y a medio país le toca parir por una bombona de gas. 

Y las paradojas no quedan ahí. No podemos olvidar que fuimos un referente de estabilidad democrática en la segunda mitad del siglo XX latinoamericano y hoy adolecemos de la misma, fuimos modelo y promotor en la región de los grandes acuerdos y tratados de derechos humanos y en estas décadas se han vulnerado como nunca antes, y en términos de economía, petróleo e integración fuimos, en parte por nuestra ubicación geopolítica y recursos, los mayores promotores de tratados, esquemas y acuerdos de integración regional y subregional (ALAC, Aladi, Pacto Andino, Caricom, etc.) y hoy estamos aislados y desconectados del progreso, industrialización y tecnología. 

Con estos previos sí corresponde intentar ahondar y analizar la Venezuela 2026. Recientemente estuvo en la ciudad de Mérida, asiento permanente e indivisible de la Universidad de los Andes, el profesor universitario, analista y colega politólogo John Magdaleno, como orador de orden en el Aula Magna con motivo de la celebración de los 241 años del origen y fundación de nuestra Alma Mater, la Universidad de los Andes. Conmemoración académica que reunió no sólo a las autoridades universitarias, profesor Mario Bonucci Rosinni; decanos, directores y coordinadores de dependencias centrales; al arzobispo de Mérida, monseñor Helizandro Terán Bermúdez; el ciudadano gobernador del estado Mérida, Arnaldo Sánchez; el ciudadano alcalde de Mérida, Nelson Álvarez; diputados a la Asamblea Nacional y diversas personalidades del estado y universidad.      

La intervención del profesor Magdaleno sin dudas fue sesuda, densa, reflexiva, en un tono crítico y reflexivo, como corresponde a una persona formada y cultivada. Más allá de su vinculación afectiva, intelectual y profesional a Mérida, a nuestra Escuela de Ciencias Políticas – Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, hizo un recuento por demás significativo y argumentativo de los procesos de transición, fenómenos y episodios que nuestro dilecto amigo ha venido estudiando en estos años, a tal punto de ser catalogado en el gremio profesional de transitólogo.

Su disertación y radiografía dejó claro que, si bien puede haber los intentos o atisbos de un proceso de transición, la realidad deja claro que los indicadores que se registran son tenues en términos de categóricas decisiones en la procura de iniciar formalmente una “transición democrática”, precisamente dadas las carencias de condiciones reales y objetivas. Ciertamente las transiciones requieren un conjunto de condiciones, ambientes y variables que presionen realmente a la modificación – alteración del tablero político, de los centros de gravedad del poder, establecimientos de ciertas garantías y reducción de los costos de salida, a lo cual se suma una variable no menos importante el tutelaje norteamericano.    

Es importante destacar que para hablar categóricamente de un proceso de transición hacia la democracia se requieren unas condiciones sine qua non, entre ellas, el fin de la represión a la disidencia, la liberación de todos los presos políticos, la restitución de la plena libertad de opinión y expresión, legalizar nuevamente a los partidos políticos, la recomposición de los poderes públicos, aunado a la recuperación urgente de condiciones dignas de la población en términos de salarios, poder adquisitivo, servicios públicos entre otros aspectos que eviten cualquier tipo de ruptura o disolución institucional.  

Si bien en la Venezuela post 3E, con la intervención de Estados Unidos, se intenta un proceso de estabilización con una cartilla básica por parte de la administración Trump; se requieren un conjunto de garantías fundamentales en la búsqueda de una liberalización y posterior democratización como pasos y etapas previas a un claro proceso de transición democrática.

Giovanni Sartori, Leonardo Morlino, Guillermo O´Donnell, Philippe Schimitter han sido citados ampliamente por John Magdaleno en sus estudios de transición y en su intervención en el Aula magna de la Universidad de los Andes, el pasado 26 de marzo de 2026, dejó claro que sin la restitución de ciertas libertades civiles esenciales y fundamentales como libertad de pensamiento, libertad de prensa, libertad de reunión y libertad de asociación, sin el ejercicio y disfrute de estas libertades plenas, es cuesta arriba un proceso de cambio y por ende de enrumbar una transición democrática. 

No tengo dudas de que la Venezuela post 3E tiene nuevas condiciones y variables, o mejor dicho, condiciones positivas y medioambientales para un proceso de transformación y cambio político, en sus actores, estructuras y decisiones, pero se requiere de un gran esfuerzo de prudencia, tolerancia, a la vez firmeza y decisión hacia donde gravitar, hacia donde ir, por parte de los actores, tanto internos como externos que inciden en la gobernabilidad, y especialmente, en el intento de estabilización macroeconómica, política, diplomática y demás del liderazgo político y reglas de juego, en términos de madurez y claridad hacia donde transitar un proceso que hemos catalogado de complejo mas no imposible.

Soy de la opinión que la experiencia venezolana no puede pasar inadvertida, y, sobre todo, insistir en la necesidad de dejar un aprendizaje de cómo por acciones deliberadas y a la vez indiferencia se va destruyendo una democracia. Una democracia con imperfecciones, pero que fue modelo en nuestra región. Por lo pronto, nos corresponde mirar con mucho detenimiento la evolución de la realidad y dinámica actual en Venezuela en lo que será este complejo 2026. Amanecerá y veremos. 


rivasleone@gmail.com