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Por Sadcidi Zerpa de Hurtado

Seamos buena onda por Sadcidi Zerpa de Hurtado



Seamos buena onda por Sadcidi Zerpa de Hurtado

Dedicado a una amiga personal, la más personal de seis a nueve.

Cuando el cambio toca la puerta entra y se instala en la vida y el quehacer diario individual y humano, ocurren diversas y variadas situaciones que obligan a tomar decisiones y posición frente a situaciones heavy. Esto en ocasiones permite a las personas reconocer lo random que son de cara a los conflictos o la paz. Ambas palabras hoy muy de moda, en la realidad política local, nacional e internacional, donde ocurren diariamente situaciones en las que no cesa la irreverente disyuntiva entre conflicto y paz. La búsqueda o restablecimiento incansable de zonas que permitan disfrutar de la seguridad, estabilidad y de posiciones statu quo o zonas de confort, donde perdura la rutina, los bajos niveles de estrés, el control del entorno sin asumir riesgos, que permita conducir todo en piloto automático, ha generado en la realidad internacional una serie de situaciones que incrementan el miedo hacia la transformación positiva de otros que obligan inminente a salir de la zona confortable.

 

Esta situación reconduce el análisis de la actual situación conflictiva del mundo hacia el año 441 a.C., cuando un historiador militar ateniense escribió una autopsia acerca de las causas de la guerra entre Atenas y Esparta y respondió ¿Cómo el miedo generado por el ascenso de Atenas impulso a Esparta a una guerra de 27 años? El concepto moderno trampa de Tucídides usado para describir el conflicto entre una potencia establecida y una emergente son causa de la guerra. En sus palabras “la causa más principal y más verdadera […] fue el temor que los lacedemonios tuvieron de los atenienses, viéndolos tan pujantes y poderosos en tan breve tiempo”.

 

Esto si bien, dio paso a la principal corriente clásica de pensamiento del ejercicio de la diplomacia, en la que los conflictos bélicos derivan de la naturaleza humana y sus decisiones, indicó la importancia de lo que en una frase inocente transciende “seamos buena onda”. Desde la perspectiva humana el ser buena onda manifiesta que la agencia humana no se trata de alimentar el miedo a que los similares superen o no las condiciones iniciales, sino que de dentro de sus propias realidades estructurales sean capaces de responder de la manera más random para lograr más y mejor convivencia pacífica.

 

El diálogo estatal en las organizaciones multilaterales a veces no se diferencia en nada, en las discusiones entre pequeños, que por miedo a que desaparezcan todos sus juguetes, desarrolla una posición estratégica de llanto irreverente que termina en una situación de conflicto. Obviamente, las condiciones para los Estados nación iniciales van cambiando a medida que la política transciende fronteras, para unos los resultados en comercio internacionales son favorables y conforme son más favorables, levantan medidas proteccionistas que privilegias estructuras asimétricas de intercambio, y si esto se complementa con el uso del dinero internacional, las barreras o muros son cada vez más altos.

 

Distintas políticas van configurando una realidad de conflicto que obviamente beneficia al que tiene miedo del ascenso del par. En realismo político esto se define como securitización, es decir, la protección en cualquier escenario de la posición statu quo o zona de confort. En contraste, la alternativa de la paz representa el espacio donde la libertad sin condiciones no es una característica propia de las relaciones interestatales. La paz privilegia la verdad sobre la mentira, la armonía sobre el conflicto y la expansión constante de los demás que también tienen la posibilidad y oportunidad para hacerlo.

 

La guerra además de gran tragedia humana, es la viva y esencial expresión del miedo a la competencia en buena onda. La esencia de la política internacional descansa en la contraparte interna, pues bien, la lucha interna se convierte en la lucha externa como idéntico reflejo de naciones cuya profunda lucha por existir en piloto automático cuestionan la emergencia de nuevos actores con los cuales ahora no solo deben competir, sino convivir. Gracias a quienes, con frases sencillas, transcienden espacios y lugares, porque seamos buena onda puede ubicarse en; “No quieres nada para ti. No busques nada. No te enardezcas. No desees nada. Haz por ignorar el porvenir de los hombres y tu destino. Vive dispuesto a todo. Si Dios quiere ponerte a prueba con los deberes […] estate pronta a hacer Su Santa Voluntad” (Tercera Parte, Cáp. III; Guerra y Paz, Leon Tolstoy).

 

@zerpasad*