Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 05:22 pm
Dedicado a una amiga personal, la más personal de seis a
nueve.
Cuando el cambio toca la puerta entra y se instala en la
vida y el quehacer diario individual y humano, ocurren diversas y variadas
situaciones que obligan a tomar decisiones y posición frente a situaciones heavy. Esto en ocasiones permite a las
personas reconocer lo random que son
de cara a los conflictos o la paz. Ambas palabras hoy muy de moda, en la realidad
política local, nacional e internacional, donde ocurren diariamente situaciones
en las que no cesa la irreverente disyuntiva entre conflicto y paz. La búsqueda
o restablecimiento incansable de zonas que permitan disfrutar de la seguridad,
estabilidad y de posiciones statu quo
o zonas de confort, donde perdura la rutina,
los bajos niveles de estrés, el control del entorno sin asumir riesgos, que
permita conducir todo en piloto automático, ha generado en la realidad
internacional una serie de situaciones que incrementan el miedo hacia la
transformación positiva de otros que obligan inminente a salir de la zona
confortable.
Esta situación reconduce el análisis de la actual
situación conflictiva del mundo hacia el año 441 a.C., cuando un historiador
militar ateniense escribió una autopsia acerca de las causas de la guerra entre
Atenas y Esparta y respondió ¿Cómo el miedo generado por el ascenso de Atenas impulso
a Esparta a una guerra de 27 años? El concepto moderno trampa de Tucídides usado
para describir el conflicto entre una potencia establecida y una emergente son
causa de la guerra. En sus palabras “la causa más principal y más verdadera […]
fue el temor que los lacedemonios tuvieron de los atenienses, viéndolos tan
pujantes y poderosos en tan breve tiempo”.
Esto si bien, dio paso a la principal corriente clásica
de pensamiento del ejercicio de la diplomacia, en la que los conflictos bélicos
derivan de la naturaleza humana y sus decisiones, indicó la importancia de lo
que en una frase inocente transciende “seamos buena onda”. Desde la perspectiva
humana el ser buena onda manifiesta que la agencia humana no se trata de
alimentar el miedo a que los similares superen o no las condiciones iniciales,
sino que de dentro de sus propias realidades estructurales sean capaces de
responder de la manera más random
para lograr más y mejor convivencia pacífica.
El diálogo estatal en las organizaciones multilaterales a
veces no se diferencia en nada, en las discusiones entre pequeños, que por
miedo a que desaparezcan todos sus juguetes, desarrolla una posición
estratégica de llanto irreverente que termina en una situación de conflicto.
Obviamente, las condiciones para los Estados nación iniciales van cambiando a
medida que la política transciende fronteras, para unos los resultados en
comercio internacionales son favorables y conforme son más favorables, levantan
medidas proteccionistas que privilegias estructuras asimétricas de intercambio,
y si esto se complementa con el uso del dinero internacional, las barreras o
muros son cada vez más altos.
Distintas políticas van configurando una realidad de
conflicto que obviamente beneficia al que tiene miedo del ascenso del par. En
realismo político esto se define como securitización, es decir, la protección
en cualquier escenario de la posición statu
quo o zona de confort. En contraste, la alternativa de la paz representa el
espacio donde la libertad sin condiciones no es una característica propia de
las relaciones interestatales. La paz privilegia la verdad sobre la mentira, la
armonía sobre el conflicto y la expansión constante de los demás que también
tienen la posibilidad y oportunidad para hacerlo.
La guerra además de gran tragedia humana, es la viva y
esencial expresión del miedo a la competencia en buena onda. La esencia de la
política internacional descansa en la contraparte interna, pues bien, la lucha
interna se convierte en la lucha externa como idéntico reflejo de naciones cuya
profunda lucha por existir en piloto automático cuestionan la emergencia de
nuevos actores con los cuales ahora no solo deben competir, sino convivir.
Gracias a quienes, con frases sencillas, transcienden espacios y lugares,
porque seamos buena onda puede ubicarse en; “No quieres nada para ti. No
busques nada. No te enardezcas. No desees nada. Haz por ignorar el porvenir de
los hombres y tu destino. Vive dispuesto a todo. Si Dios quiere ponerte a
prueba con los deberes […] estate pronta a hacer Su Santa Voluntad” (Tercera
Parte, Cáp. III; Guerra y Paz, Leon Tolstoy).
@zerpasad*