Mérida, Abril Miércoles 29, 2026, 07:33 am
La historia de Carlos García
exalcalde del municipio Libertador de Mérida, Venezuela, es el retrato crudo de
una tragedia que trasciende fronteras. Representa el destino de una generación
de líderes democráticos que, tras ser asfixiados por el autoritarismo en su
tierra, buscaron aire en las democracias del norte, solo para encontrarse con
un sistema migratorio que, en 2026, parece haber perdido la brújula actuando de
manera cruel e inhumana sin medir consecuencias y evidentemente violando los
derechos humanos.
Ante un exilio obligado, no simulado,
entre la espada y la pared la historia comienza en el año 2017. La persecución
contra García se formalizó mediante un, fallo judicial arbitrario. Sin juicio previo y bajo el pretexto de
ser promotor de las guarimbas (protestas
civiles), el Tribunal Supremo de Justicia del régimen de Nicolás Maduro ordenó
su inhabilitación, destitución y captura. La "justicia" venezolana,
convertida en brazo ejecutor del Ejecutivo, no buscaba el debido proceso, sino
la neutralización de un liderazgo local legítimo. García se vio forzado a una
salida abrupta hacia Colombia, iniciando un periplo que años más tarde lo
llevaría a los Estados Unidos en busca de asilo y protección.
Lo que debía ser el final de su
calvario se convirtió en una nueva pesadilla. El 23 de enero de 2026, durante
una cita rutinaria de control migratorio en Cincinnati, Ohio,
Carlos García fue detenido por agentes del ICE. A pesar de haber
cumplido con cada presentación y de no poseer antecedentes penales, fue
esposado frente a su esposa, Gaby Duarte, sin explicaciones claras.
El alto grado de irresponsabilidad y
arbitrariedad por parte de las autoridades migratorias y el reconocimiento que
tiene este reconocido líder opositor genero un rechazo en Venezuela, el
exterior y en la propia comunidad donde hacen vida el y su familia trayendo
como consecuencia la visibilizacion del caso por parte de medios nacionales,
internacionales y de la localidad de Ohio, Que aún siguen pendientes de los
resultados tardíos del tribunal que lleva la causa.
Por citar algunos medios de Venezuela
que buscan la verdad y la justicia podemos señalar el diario El Nacional,
ultimas noticias, NTN24 entre muchos otros que han reportado la angustia de su
familia ante una posible deportación que equivaldría a una sentencia de muerte
política.
Agencias como AFP y medios como
el New York Times y El País han citado el caso de García como
ejemplo inequívoco de la revocación masiva de permisos y el endurecimiento de
las políticas de asilo bajo la actual administración estadounidense.
Ahora bien La detención de García,
que ya suma tres meses, evidencia una política migratoria ni expedita
ni oportuna. Para un perseguido político comprobado, el asilo no es un
favor, sino una obligación internacional de protección. La incertidumbre de la
reclusión genera un daño moral incalculable:
En primer lugar la descomposición del
núcleo familiar, esposa e hijos menores de edad que también huyeron del
hostigamiento, viven hoy bajo el trauma de ver al pilar del hogar tratado como
un criminal común. Por otra parte Evidentemente ha sido revictimizado pues se
le castiga en un país democrático que se ufana de la libertad y la justicia
como EE.UU, por motivos innobles y
acciones degradantes reeditando el peso de la angustia, el mal trato y el temor
que se les infundo en su tierra natal que hoy en día sigue siendo un territorio
inseguro donde cualquier ciudadano está expuesto a la arbitrariedad, el
vandalismo y la corrupción institucional.
Resulta alarmante la disonancia
cognitiva en la política del presidente Donald Trump. Mientras en
sus discursos públicos expresa "solidaridad" con el pueblo venezolano
y fustiga al régimen de Maduro y sus acciones en el terreno dicen lo contrario.
Incluso habla bien de los herederos del hoy depuesto Nicolas Maduro quienes
asumieron un interinado atroz, forzado y atípico en todos sus aspectos que
luego de casi 4 meses de ejercer el poder tutelado está siendo cuestionado.
Es razonable concluir que existe una
contradicción flagrante: no se puede pretender ser el "salvador" de
una nación mientras se persigue y deporta a quienes llevan años a merced de la
pobreza y el hostigamiento. Si Estados Unidos desea liderar la causa por la
democracia en Venezuela, debe comenzar por crear condiciones especiales para todos y de ser posible de atención especial
en algunos casos puntuales que demanda la sociedad venezolana para
aquellos que, como Carlos García y muchos otros, arriesgaron todo por esos
mismos valores. Mantenerlo tras las rejas no solo es una injusticia legal, sino
un error político que debilita la autoridad moral y etica de Washington frente
al conflicto venezolano.
Miles de venezolanos esperan aun una
rectificación por parte de las administraciones Trump que además ante el avance
y crecimiento desmedido y de casos de detención arbitraria aspiran ser
resarcidos, atendidos y reconocido como ciudadanos en condiciones especiales en
otro país y no como indeseables y perturbadoras de la sociedad estadounidense
que sin duda se sirve de ellos pero los limita en su vida cotidiana y anhelos
de lograr su prosperidad y bienestar.