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Por Daniel García

Carlos García 90 días en cautiverio de la injusticia norteamericana por Daniel García



Carlos García 90 días en cautiverio de la injusticia norteamericana por Daniel García

La historia de Carlos García exalcalde del municipio Libertador de Mérida, Venezuela, es el retrato crudo de una tragedia que trasciende fronteras. Representa el destino de una generación de líderes democráticos que, tras ser asfixiados por el autoritarismo en su tierra, buscaron aire en las democracias del norte, solo para encontrarse con un sistema migratorio que, en 2026, parece haber perdido la brújula actuando de manera cruel e inhumana sin medir consecuencias y evidentemente violando los derechos humanos.

​Ante un exilio obligado, no simulado, entre la espada y la pared la historia comienza en el año 2017. La persecución contra García se formalizó mediante un, fallo judicial arbitrario. Sin juicio previo y bajo el pretexto de ser promotor  de las guarimbas (protestas civiles), el Tribunal Supremo de Justicia del régimen de Nicolás Maduro ordenó su inhabilitación, destitución y captura. La "justicia" venezolana, convertida en brazo ejecutor del Ejecutivo, no buscaba el debido proceso, sino la neutralización de un liderazgo local legítimo. García se vio forzado a una salida abrupta hacia Colombia, iniciando un periplo que años más tarde lo llevaría a los Estados Unidos en busca de asilo y protección.

​Lo que debía ser el final de su calvario se convirtió en una nueva pesadilla. El 23 de enero de 2026, durante una cita rutinaria de control migratorio en Cincinnati, Ohio, Carlos García fue detenido por agentes del ICE. A pesar de haber cumplido con cada presentación y de no poseer antecedentes penales, fue esposado frente a su esposa, Gaby Duarte, sin explicaciones claras.

​El alto grado de irresponsabilidad y arbitrariedad por parte de las autoridades migratorias y el reconocimiento que tiene este reconocido líder opositor genero un rechazo en Venezuela, el exterior y en la propia comunidad donde hacen vida el y su familia trayendo como consecuencia la visibilizacion del caso por parte de medios nacionales, internacionales y de la localidad de Ohio, Que aún siguen pendientes de los resultados tardíos del tribunal que lleva la causa.

Por citar algunos medios de Venezuela que buscan la verdad y la justicia podemos señalar el diario El Nacional, ultimas noticias, NTN24 entre muchos otros que han reportado la angustia de su familia ante una posible deportación que equivaldría a una sentencia de muerte política.

Agencias como AFP y medios como el  New York Times y El País  han citado el caso de García como ejemplo inequívoco de la revocación masiva de permisos y el endurecimiento de las políticas de asilo bajo la actual administración estadounidense.

 

​Ahora bien La detención de García, que ya suma tres meses, evidencia una política migratoria ni expedita ni oportuna. Para un perseguido político comprobado, el asilo no es un favor, sino una obligación internacional de protección. La incertidumbre de la reclusión genera un daño moral incalculable:

En primer lugar la descomposición del núcleo familiar, esposa e hijos menores de edad que también huyeron del hostigamiento, viven hoy bajo el trauma de ver al pilar del hogar tratado como un criminal común. Por otra parte Evidentemente ha sido revictimizado pues se le castiga en un país democrático que se ufana de la libertad y la justicia como EE.UU,  por motivos innobles y acciones degradantes reeditando el peso de la angustia, el mal trato y el temor que se les infundo en su tierra natal que hoy en día sigue siendo un territorio inseguro donde cualquier ciudadano está expuesto a la arbitrariedad, el vandalismo y la corrupción institucional.

​Resulta alarmante la disonancia cognitiva en la política del presidente Donald Trump. Mientras en sus discursos públicos expresa "solidaridad" con el pueblo venezolano y fustiga al régimen de Maduro y sus acciones en el terreno dicen lo contrario. Incluso habla bien de los herederos del hoy depuesto Nicolas Maduro quienes asumieron un interinado atroz, forzado y atípico en todos sus aspectos que luego de casi 4 meses de ejercer el poder tutelado está siendo cuestionado.

Es razonable concluir que existe una contradicción flagrante: no se puede pretender ser el "salvador" de una nación mientras se persigue y deporta a quienes llevan años a merced de la pobreza y el hostigamiento. Si Estados Unidos desea liderar la causa por la democracia en Venezuela, debe comenzar por crear condiciones especiales para todos y de ser posible de atención especial en algunos casos puntuales que demanda la sociedad venezolana para aquellos que, como Carlos García y muchos otros, arriesgaron todo por esos mismos valores. Mantenerlo tras las rejas no solo es una injusticia legal, sino un error político que debilita la autoridad moral y etica de Washington frente al conflicto venezolano.

Miles de venezolanos esperan aun una rectificación por parte de las administraciones Trump que además ante el avance y crecimiento desmedido y de casos de detención arbitraria aspiran ser resarcidos, atendidos y reconocido como ciudadanos en condiciones especiales en otro país y no como indeseables y perturbadoras de la sociedad estadounidense que sin duda se sirve de ellos pero los limita en su vida cotidiana y anhelos de lograr su prosperidad y bienestar.