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Por Giovanny Marquina

La Estafa de "El Capital", con olor a Chanel por Giovanny Marquina



La Estafa de "El Capital", con olor a Chanel por Giovanny Marquina

Tras la publicación del Manifiesto Comunista en 1848, Karl Marx dedicó gran parte de su vida a su obra más densa: El Capital. En este tratado, Marx pretendía desnudarlas leyes del sistema capitalista, introduciendo conceptos que hoy la retórica oficialista utiliza para adoctrinar, pero que el propio Marx traicionó sistemáticamente en su vida privada.

En El Capital, Marx plantea la Teoría de la Plusvalía, argumentando que el capitalista comete un robo al quedarse con el "excedente" del trabajo del obrero. Según Marx, el patrón es un parásito que vive del sudor ajeno. Sin embargo, mientras escribía estos tomos, Marx sobrevivía gracias a la plusvalía más cruda de la época. Su sustento provenía de la firma Ermen & Engels, una empresa textil que operaba en Manchester bajo condiciones de explotación extremas.

Friedrich Engels proporcionó un apoyo financiero sostenido y crucial a Karl Marx durante la mayor parte de su vida adulta en Londres, permitiéndole dedicarse a escribir El Capital. La cantidad variaba según las necesidades de Marx y la situación de Engels en la fábrica textil familiar, pero se estima que durante las décadas de 1850 y 1860, Engels enviaba regularmente sumas que sumaban entre £300 y £400 libras esterlinas anuales.

Tomando el cálculo de que Engels destinaba más de la mitad de sus ingresos anuales a la familia Marx, totalizando entre £3,000 y £4,000 libras en un período de veinte años, esto equivaldría aproximadamente a entre £300,000 y £400,000 libras esterlinas actuales. En dólares estadounidenses actuales: Esa cantidad se traduce en unos $450,000 a $500,000 dólares estadounidenses en poder adquisitivo hoy, distribuidos en esas dos décadas.

Es la primera gran contradicción, el hombre que calificaba la acumulación de capital como un "crimen" contra la humanidad, llenaba su alacena, pagaba sus deudas de juego y financiaba sus lujos con el dinero extraído de los obreros ingleses que trabajaban hasta 16 horas diarias. Marx no era un proletario, era un rentista del capital industrial, un perfil muy parecido a los llamados enchufados o boliburges de la revolución del siglo XXI.

En su obra, Marx exalta la figura del trabajador, pero en su cotidianidad, sentía una profunda aversión por el trabajo manual y una obsesión por las apariencias aristocráticas. Mientras en El Capital denunciaba la división del trabajo, en su casa de Londres mantenía una corte de servidumbre, Marx exigía criados uniformados para mantener el estatus de su esposa, Jenny von Westphalen.

No vivía con la austeridad de un revolucionario. Gastaba fortunas en membresías de clubes privados, vacaciones en balnearios europeos y en mantener una fachada de "caballero" británico, mientras eludía a sus acreedores.

Su teoría de la emancipación humana se detenía en la puerta de su casa. Helene Demuth, su ama de llaves, no solo realizaba las labores más pesadas sin recibir un salario justo, sino que fue víctima de la jerarquía de poder de Marx, quien la embarazó y luego desechó al hijo fruto de esa relación para no afectar su imagen de intelectual "puro".

El hijo bastardo de Karl Marx, con su ama de llaves Helene Demuth, se llamó Frederick Lewis Demuth. Conocido familiarmente como "Freddy" (1851-1929), el niño fue dado en adopción y su paternidad fue asumida por Friedrich Engels para evitar un escándalo y proteger el matrimonio de Marx.

Karl Marx en su ideología de la igualdad y equidad detestaba a nuestro Libertador Simón Bolívar. En 1858, en un artículo para The New American Cyclopedia, el padre del comunismo desmitificó a Bolivar, retratándolo como un aristócrata soberbio, militarmente incapaz y dictatorial. Lo bautizó como el "Napoleón de las retiradas" y, en cartas a Engels, lo tildó de "canalla cobarde".

El giro dramático ocurrió siglo y medio después con la mutación ideológica del partido de gobierno. Consciente de que el marxismo clásico (obrero e industrial) carecía de raíces profundas en el imaginario venezolano, Hugo Chávez ejecutó un audaz malabarismo retórico, fusionó al Marx que odiaba a Bolívar con el Bolívar que Marx despreciaba. Así nació el "Socialismo del Siglo XXI".

Ese espejo de la Venezuela actual, El Capital en Manos de la llamada boliburguesía y la desconexión entre el libro y la vida de Marx, es el manual de estilo de los socialistas boliburgueses. Al igual que Marx en su estudio de Londres, los jerarcas del sistema venezolano citan El Capital para justificar la destrucción del aparato productivo y la expropiación del esfuerzo ajeno.

El contraste es idéntico y doloroso, en la teoría, hablan de la "redención del obrero" y la "socialización de la riqueza". En la práctica han creado una nueva clase de magnates que, sin haber fundado una sola empresa productiva, exhiben una riqueza que proviene directamente del saqueo del erario público y la explotación de los recursos del Estado.

La "falsa doctrina científica" de la que hablamos es aquella que convence al pueblo de que la pobreza es una virtud revolucionaria, mientras sus líderes practican un capitalismo de élite, opaco y cruel. Marx escribió El Capital con tinta pagada por la explotación, la boliburguesía venezolana lo recita con micrófonos de oro mientras el trabajador no tiene cómo cubrir la canasta básica.

El régimen utiliza la figura secuestrada de Bolívar como un escudo sagrado e incuestionable para justificar la represión, el colapso económico y la concentración absoluta del poder. Al final, la historia demostró una ironía trágica, la profecía de Marx sobre Bolívar se cumplió no a pesar de sus supuestos seguidores, sino gracias a ellos. El socialismo bolivariano actual no es más que la actualización de la tiranía que el propio Marx denunció hace 178 años.