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Por Juan José Cañas

El arte de reír para no llorar por Juan José Cañas



El arte de reír para no llorar por Juan José Cañas

Dicen por ahí que la risa es el remedio infalible del alma, pero en tiempos de crisis, el humor pasa de ser un simple remedio a convertirse en un chaleco antibalas emocional. 

Cuando los problemas aprietan y la realidad se pone cuesta arriba, el ser humano y muy especialmente el venezolano activa un mecanismo de defensa tan antiguo como efectivo: hacer de la adversidad un chiste.

No se trata de indiferencia ni de restarle importancia a las dificultades. Al contrario, es una muestra de profunda resiliencia. Reírse de la crisis es una forma sutil y brillante de quitarle poder al problema; es mirar de frente a la complicación y decirle: "Eres difícil, pero no vas a quitarme la alegría".

La crónica diaria está llena de estos momentos. Desde el ingenio popular que florece en las redes sociales con memes que explican la economía mejor que cualquier experto, hasta la chispa del vecino que, en medio de un apagón o de una larga espera, suelta un comentario ocurrente que rompe la tensión y saca una carcajada colectiva. 

En ese instante, los desconocidos se vuelven cómplices, la carga se hace más ligera y el ambiente se refresca.

El humor cotidiano es nuestro cable a tierra. Nos conecta desde la empatía, nos recuerda que no estamos solos en la tormenta y nos devuelve la esperanza en píldoras diarias de ingenio. 

Al final del día, la crisis puede quitarnos muchas cosas materiales, pero mientras mantengamos intacta la capacidad de sonreír y de encontrar el lado amable de la vida, seguiremos siendo los verdaderos dueños de nuestro destino. 

Porque perder el buen humor, eso sí sería la verdadera crisis.