Mérida, Mayo Sábado 30, 2026, 12:23 pm
Recuerdo que cuando era niño hacíamos dos viajes al año a Cúcuta. En agosto, íbamos a comprar los uniformes escolares que les decían overoles, hoy jean, así como camisas y pantalones de caqui que les decían slacks, si la memoria no me falla, así como los útiles escolares. El segundo viaje, luego de la última misa de aguinaldos, era para ir a comprar los estrenos de Navidad. Por lo menos un flux y un par de zapatos, tres o cuatro coronas y, por supuesto, una caja de bocadillos, generalmente para obsequiar a familiares y amigos. La razón por la que mi abuelo Elio Rondón, junto a mi madre, nos regalaba esos viajes, era porque la ropa y los zapatos eran mucho más baratos que en Mérida. Sobre todo, por el cambio de la moneda. Si mi memoria está bien, en algunos momentos 1 bolívar equivalía a 22 pesos colombianos.
Para el regreso, nos colocaban a cada uno toda la ropa que le habían comprado, uno encima de otro, varias camisas, varios pantalones y los zapatos que previamente había uno paseado por toda Cúcuta para que la suela pareciera muy tallada. Comenzaba el sufrimiento, pensando que nos quitarían todo en la aduana de San Antonio. L luego en la alcabala de Peracal, la de Copa de Oro y así sucesivamente hasta llegar a Ejido o a Mérida. Era todavía la época en que estas eran competencia exclusiva de la Guardia Nacional, que desde que nació trajo en su ADN el deseo de apropiarse de lo de otro y de convertir a cada alcabala en un refugio para cobrar lo que les diera la gana. Y si se trataba de un camionero que transportara alguna mercancía, ahí se olvidaban de los demás para caerle al que más podía pagar.
Cuando usted lleva a su familia a otro país y les compra ropa, zapatos, teléfono móvil, tablet, play station, útiles escolares, etc., usted no está cometiendo el delito de contrabando, porque sencillamente son de uso personal y no para comercializar.
Porque el delito de contrabando se materializa con la entrada, la salida y la venta clandestina de mercancías prohibidas o sometidas a derechos en el que se defrauda a las autoridades locales. También la compra o venta de mercancías evadiendo los aranceles, es decir, evadiendo los impuestos. Hoy nuestros productores de estas zonas andinas están siendo víctimas del contrabando de papa, de ajo y otras hortalizas que vienen desde la hermana república de Colombia y se expenden libremente en cualquier comercio.
Son múltiples las denuncias, quejas, reuniones y mesas de trabajo a las que los productores han acudido y nadie toma medidas, claro, como las van a tomar si los que reciben las denuncias, los que escuchan las quejas, los que asisten a las reuniones y los que forman parte de esas mesas en representación del gobierno son los mismos que se benefician del contrabando de manera directa o a través de sobornos.
Es tal el desbarajuste que me informan que hay un personaje por los lados de La Grita que es gestor de guías de movilización para los ferieros. Estos documentos son utilizados de la siguiente manera: una partecita para las cosechas de los productores nacionales y el resto para legalizar el contrabando proveniente de Colombia, Lo más insólito es que en el mercado de Táriba, estado Táchira, no solo se expenden alimentos, sino también se entregan guías de movilización, por supuesto al mejor postor, para distintos rubros sin conocer su procedencia, ni la respectiva inspección fito sanitaria del INSAI. Llama la atención que este centro de expedición esté ubicado allí y no en una zona de producción. Aquí tiene la oportunidad el general en jefe Vladimir Padrino López de demostrar que, si no fue capaz de defender nuestro territorio con las armas, puede hacerlo defendiendo a nuestros productores agrícolas que están arruinados por el contrabando. De esa manera estará defendiendo nuestra soberanía alimentaria. De todos modos, los productores del páramo recibieron su visita esta semana y están esperanzados en que cumpla su promesa de acabar con este flagelo, pero para ello tiene que comenzar metiendo en cintura a sus colegas de uniforme y a sus nuevos subalternos.
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