Mérida, Junio Lunes 01, 2026, 01:19 pm
PACO AGUADO – EFE
Fotos: Plaza 1
El veterano diestro extremeño Antonio Ferrera
salió a hombros al final de la corrida de este domingo de la feria de San
Isidro, tras ofrecer dos caras muy distintas de su toreo con los dos toros de
más opciones de un muy desigual encierro de Adolfo Martín, el tercero de los
cuales hirió de gravedad a Paco Ureña en el muslo izquierdo. Por ese percance
del compañero, como director de lidia Ferrera tuvo que estoquear un astado más,
ese sexto con el que acabó de sumar el trofeo necesario para salir a hombros, como
premio a una lidia polémica y con el público dividido por sus extrañas
decisiones, como la de subirse al caballo de picar para ejecutar él mismo la
suerte de varas.
Pero antes de todo eso, y una vez que resolvió con
holgura las dificultades del "orientado" primero de la tarde, Ferrera
logró con el cuarto los momentos mejores y más meritorios, con diferencia de su
actuación, al pasar de muleta con absoluta maestría un ejemplar muy astifino
que fue yendo a más y a mejor por ese excelente trato. Y tras apurarlo de
inicio por el pitón izquierdo, en tanto que el animal respondía mejor la
incitación de los vuelos de la muleta, el de Badajoz lo cuajó también por el
derecho, sólo que desprendiéndose de la ayuda para aportar más sutileza a los
cites y al trazo de dos tandas de pases deletreados con reposo y temple, antes
de que el toro perdiera celo y de matarlo, al segundo intento, en la suerte de
recibir.
Toda la faena fue un alarde de maestría clásica,
de sabiduría y poso por parte de Ferrera, que tuvo la opción de repetirlo ante
ese sexto, que, desde la salida al ruedo, se mostró como el cárdeno de más
entrega del encierro. Pero ese raro gesto de subirse él mismo al caballo de
picar, como suele hacer en otras plazas, generó una encendida polémica en los
tendidos, y más aún por la negativa del presidente a cambiar el tercio después
de tres entradas y obligar a que fuera el picador Juan Francisco Sánchez quien
consiguiera, en una cuarta entrada, el necesario y efectivo puyazo que no logró
el matador.
Visiblemente acelerado y nervioso, como ya se
aplicó en un frenético quite por chicuelinas, encaró Ferrera el trasteo de
muleta en medio del desconcierto de la plaza, para, en otra de las caras de su
tauromaquia, darse a un muleteo frenético y de constantes guiños a la galería.
Y con el que, aunque muy aplaudido y jaleado por la masa que siempre le apoyó,
estuvo por debajo de la condición del animal, más allá de esa segunda oreja que
le sacó hacia la calle de Alcalá.
La otra cara no del toreo, sino de la moneda, fue
la de Paco Ureña, sin tantas opciones ante un tercer toro de feísima
conformación a todos los niveles que comenzó pronto a desarrollar problemas.
Tanto fue así que en la primera tanda con la mano derecha cuando, al cuarto o
quinto muletazo, ya se coló con intención y prendió al murciano por el muslo
derecho, para volver a buscarle con saña sobre la arena. Sangrando poco pero
visiblemente, Ureña tuvo el gesto de permanecer en la pelea, y no sin apuros,
hasta tumbar al "albaserrada" de una defectuosa pero contundente
estocada, para pasar a la enfermería por su propio pie, entre una fuerte
ovación de reconocimiento, y ser intervenido por los médicos de una cornada
grave en la parte alta del muslo izquierdo.
Por su parte, Manuel Escribano, que recibió a sus
dos toros con un holgadísimo salido a portagayola, apenas concretó en el que
era su único paseíllo de este San Isidro.
A su mirón primero, al que banderilleó con
repetidos desaciertos que se aplaudieron como en una plaza de carros, lo pasó
con más desconfianza que convicción y mando, condición esta que también le
faltó en su machacona pero insustancial labor con el manejable quinto, al que
antes sí que banderilleó más reunido.
FICHA
DEL FESTEJO
Seis
toros de Adolfo Martín, de muy desigual presentación, en cuanto a cuajo,
hechuras y cabezas, y de juego también dispar, aunque dominaron la falta de
raza y las extrañas reacciones. Cuarto, quinto y, sobre todo, sexto fueron los
más manejables y de mayor duración.
Antonio
Ferrera, de blanco y oro: tres pinchazos bajos y estocada baja atravesada
(silencio); pinchazo y estocada algo contraria (oreja); estocada pescuecera y
descabello (oreja tras aviso). Salió a hombros por la Puerta Grande.
Manuel
Escribano, de negro y oro: estocada desprendida y descabello (silencio tras
aviso); pinchazo, pinchazo hondo y dos descabellos (silencio tras aviso).
Paco
Ureña, de salmón y oro: media estocada baja perpendicular y atravesada y
descabello (gran ovación al retirarse por su pie a la enfermería, en el único
que mató).
Ureña
fue atendido de una cornada en "tercio superior cara anterior del muslo
izquierdo, con una trayectoria ascendente y hacia afuera de 20 cms. de
longitud, que rodea el músculo sartorio y alcanza la espina ilíaca
anterosuperior, y otra trayectoria hacia atrás de 10 cms. que contusiona la
arteria femoral y alcanza la cara anterior del fémur, de pronóstico
grave", según el parte médico.
En tarde
de escasos aciertos de las cuadrillas, Juan Francisco Peña picó bien al quinto
y Ángel Otero saludó tras banderillear al cuarto.
Las
Ventas: Vigésimo primer festejo de abono de la feria de San Isidro, con cartel
de "no hay billetes" en las taquillas (23.800 espectadores), en tarde
de calor bochornoso.