Mérida, Junio Lunes 01, 2026, 01:19 pm
Me preguntó alguien qué se puede hacer si se siente o
se sospecha que, como cristiano, se está siendo víctima de un ataque de
brujería. El primer punto que quiero dar como reflexión para dar respuesta es
esa frase: "El poder no es solo lo que tienes, sino lo que el enemigo cree
que tienes" (Saul Alinsky), para con ello dejar claro que, para la
Iglesia, la respuesta ante la brujería, el ocultismo o el llamado "mal de
ojo" no se basa en el miedo, ni en recurrir a "magia blanca" o
amuletos (lo cual la Iglesia considera un pecado de superstición).
Dios siempre ha sido claro en la revelación respecto a
este tema:
"No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo
o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni
sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte
a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas
cosas..." (Deuteronomio 18, 10-12).
"Y la persona que atendiere a encantadores o
adivinos, para prostituirse tras de ellos, yo pondré mi rostro contra la tal
persona, y la cortaré de entre su pueblo." (Levítico 20,27).
En cuanto al poder o no de la brujería, la teología
dogmática y la pastoral de la Iglesia enseñan que el cristiano ya está
protegido por la victoria de Jesucristo en la Cruz. Para hacer efectiva esa
protección en la vida diaria, un católico debe fortalecer su vida de gracia: “La
gracia de Dios nos ayuda a andar y nos sostiene. Nos es tan necesaria como las
muletas a un lisiado.” (Santo Cura de Ars).
Principales armas del cristiano contra toda brujería:
La mejor "armadura" es estar en comunión con
Dios. Si el alma está llena de la gracia divina, el demonio tiene muy poco o
ningún margen de maniobra. "La gracia divina es invisible, pero es la más
real y poderosa de las fuerzas." (San Alberto Hurtado).
La confesión frecuente: Es el sacramento de sanación
por excelencia. Una buena confesión borra los pecados, rompe lazos espirituales
con el mal, y devuelve la gracia santificante. Teológicamente, una sola
confesión humilde tiene más poder expulsando el mal que un exorcismo solemne,
porque perdona las culpas.
Comulgar frecuentemente: Recibir a Cristo en la
Comunión (siempre en estado de gracia) fortalece el alma con el alimento
celestial. No hay fuerza oscura que pueda prevalecer allí donde habita el
Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Oración Diaria: Mantener una relación viva con Dios a
través del diálogo constante.
Uso de sacramentales: La Iglesia pone a disposición de
los fieles los sacramentales, que son signos sagrados instituidos para
santificar diversas circunstancias de la vida. Se ha de tener en cuenta que
estos no son amuletos mágicos. Su eficacia no proviene del objeto en sí, sino
de la oración de la Iglesia y de la fe de quien los usa. Sacramentales como el agua,
la sal y el aceite exorcizados/benditos: Se pueden usar en el hogar o en la
comida. Simbolizan la purificación y la protección divina.
El Santo Rosario: considerado por muchos santos como
el arma más poderosa contra las fuerzas del mal, su rezo frecuente repele la
influencia demoníaca.
Medallas y crucifijos: Especialmente la Medalla de San
Benito (que incluye oraciones explícitas de exorcismo en sus iniciales) y la
Medalla Milagrosa. Deben estar bendecidas por un sacerdote. La de San Benito,
con la oración que le es propia.
Oraciones de liberación y protección: Un fiel laico no
puede realizar un exorcismo (eso está reservado exclusivamente a los obispos o
sacerdotes autorizados por ellos), pero sí puede y debe rezar oraciones de
imprecación menor o de protección.
Oración a San Miguel Arcángel: Escrita por el Papa
León XIII, es la oración por excelencia para pedir defensa en el combate
espiritual.
Invocación del Nombre de Jesús pidiendo su gracia: El
nombre de Jesús hace temblar al abismo “Fortalécete con la gracia de Cristo
Jesús.” (2 Tim 2,1)
Rezo frecuente del salmo 91 (90 en la Vulgata): El
salmo del amparo divino por excelencia ("No temerás el terror de la noche,
ni la flecha que vuela de día...").
Cerrar "Puertas Espirituales": A menudo, los
efectos de un maleficio o una influencia espiritual opresiva encuentran espacio
porque la persona, de forma consciente o no, abrió una "puerta". Para
protegerse, hay que cerrarlas por completo, hacerlo pasa por evitar la
curiosidad por lo oculto: No consultar el tarot, horóscopos, lectura de manos,
Ouija, ni asistir a sesiones de espiritismo o limpias chamánicas. Buscar
"magia blanca" para deshacer "magia negra" es un grave
error que empeora la situación espiritual.
Perdonar: El rencor, el odio y la falta de perdón
hacia quienes nos han hecho daño actúan como un imán para las ataduras
espirituales. Perdonar en el nombre de Jesús rompe esos lazos.
San Agustín utilizaba una analogía muy clara: el
demonio, tras la victoria de Cristo, es como un perro amarrado; ladra con
fuerza, pero solo puede morder a quien se le acerca demasiado por el pecado o
la superstición. Confía en Dios, mantén tu fe firme y recuerda que «si Dios
está con nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8, 31).