Mérida, Junio Martes 02, 2026, 10:46 pm
El venezolano con una Estrella Michelin por su restaurante Mono en Hong Kong afirmó que hay un ingrediente en su cocina que es muy importante: la intención. “Es una intención que nace de un momento, de una necesidad”.
Hay experiencias culinarias que sin darte cuenta te hacen sonreír y
recordar, que transforman una cena ordinaria en algo inolvidable. A través de
la iniciativa Sabores del Alma, Bancamiga busca conectar con lo que
verdaderamente importa: tus pasiones, tus emociones y esos momentos que no
tienen precio.
En el marco de este innovador proyecto llega a Caracas Ricardo Chaneton
para reencontrarse con el país, compartir con otros colegas de la cocina y dar
un espaldarazo a todos lo que apuestan porque en la cocina estén productos
nacionales. Impulsa una gestión culinaria que lo convierten en un embajador del
gentilicio venezolano en el exterior. Su propuesta dignifica elementos de la
memoria gustativa nacional, conecta la riqueza de la región con el exigente
mercado de lujo asiático y demuestra el alcance global del talento venezolano.
Ha sido el primer chef venezolano, en calidad de copropietario de un
establecimiento independiente (el restaurante MONO en Hong Kong), en ser
distinguido con una estrella por la prestigiosa Guía Michelin.
Sus últimos 20 años los ha vivido en el exterior y los 10 más recientes
en Hong Kong, una región que por su verdor y el concepto de familia, donde los
hijos se mantienen en casa hasta que se casan, le recuerda mucho a Venezuela.
“Uno trata siempre de buscar las cosas que se asemejan para resguardarse
en ellas. Tratar de sentirse a gusto recordando. Llevar 10 años en Hong Kong
significa que hay muchas cosas que he resguardado para sentirme bien, a gusto y
en familia”, dijo.
“La inspiración llega en la cocina”
Durante la conversación en el lobby del Hotel Tamanaco, Chaneton afirmó
que ha sido muy bonito su reencuentro con Caracas. “Tengo la suerte de viajar
mucho y también la obligación de hacerlo por mi trabajo, que amo. Veo ciudades,
comparo y busco similitudes con otras, comparo de dónde vengo. Cuando estoy en
Caracas la veo con los ojos de un turista, pues al fin y al cabo tengo 20 años
que me fui de Venezuela. Eso me gusta porque encuentro a Caracas hermosa. Es
una ciudad que todos los días es diferente y eso es gracias a la naturaleza,
porque la naturaleza nunca es igual. Y tienes a El Ávila que cambia todos los
días. Eso hace que sea una ciudad que cambia de colores y cambia de dinámica
diariamente”.
¿Y ese viajar de manera constante es con el fin de buscar inspiración
para tu cocina?
Sí y no. Yo creo que el paladar es un músculo que se entrena. Comiendo,
probando y abriéndose a otras culturas. Uno entrena el paladar. Pero mi
inspiración llega cuando estoy en el restaurant, en la cocina, durante el
servicio, que es un momento en que fluye mucho la adrenalina. Y eso lo explica
el ser venezolano, que siempre anda corriendo, ocupado, tal como se está en una
cocina, porque una cocina tiene adrenalina y sabor. Tiene personas que se
relacionan y son de culturas diferentes. Ese es mi máximo momento creativo.
Para mí la inspiración llega en la cocina bajo la presión del momento.
¿Qué es lo que más te inspira en una cocina? ¿La gente? ¿Los colores?
¿Los olores?
Hay un ingrediente en mi cocina que es muy importante: la intención. Es
una intención que nace de un momento, de una necesidad. Es intentar llevar a
cabo algo que necesitas en ese momento. Si no hay necesidad, no hay
creatividad. Eso mañana puede cambiar, porque mañana estás feliz. Pero hoy
necesitas que te restauremos.
Expresó Chaneton que la gente va un restaurant a restaurarse, por lo que
es imprescindible tener abiertos los sentidos y la mente “para conocer a
nuestros comensales o a nuestro staff. Así podemos restaurarlos dándole la
intención y el momento. Es como decir que si un cliente tiene un poquito de mal
humor hoy vamos a hacerlo feliz. Algo importante en mi restaurante es cambiar
las perspectivas de la gente”.
La energía de Bancamiga
Uno de los objetivos en su visita a Caracas es agradecer a todos los que
en el país le apoyan, creen en él y le expresan su orgullo. También de servir
de inspiración a todos lo que hacen un buen trabajo y darles un espaldarazo. El
menú que va a hacer para las cenas de Sabores del Alma va en esa línea de
inspirar, de descubrir, de restaurar.
“Sin hacer un spoiler de lo que va a pasar, en cada plato hay algo que es
muy nuestro, pero que estoy descubriendo al mismo tiempo. Es ese proyecto de
redescubrirme y de hacer descubrir a la gente cosas también juntos gracias al
proyecto Sabores del Alma”, agregó.
¿Qué te parece que Bancamiga impulse una iniciativa como Sabores del
Alma?
Una institución tan grande como un banco tiene una fuerza grandísima. Es
muy bonito que esa energía se vuelque a apoyar la cultura gastronómica para que
esas raíces se hagan más profundas.
Se lee esto sobre ti: “Chaneton actúa como un eslabón de la alta
ingeniería gastronómica, conectando la riqueza biológica de América del Sur con
la exigencia del mercado asiático a través del rigor metodológico de la escuela
clásica francesa”.
Sí. Eso se dice de mí. Se dice que tenemos una ventana de Latinoamérica
en Asia. Pero también tratamos de decir que más que una ventana somos un
puente. En la cocina necesitamos ingredientes, materia prima. Una ventana no es
suficiente. Necesitamos una carretera que nos conecte y la conexión son los
ingredientes. Mono es un puente que conecta Latinoamérica con Asia. En mi menú
siempre tengo algo de Venezuela, Brasil, Colombia o Perú. Pero también muestro
mi sangre italiana con una pasta, un frangélico o una mantequilla de Piemonte.
Nunca digo que soy italiano. Yo siempre soy venezolano. Un cocinero venezolano
que hizo carrera en Francia, en España, en Hong Kong, que hace una cocina del
continente. Nuestras cocinas son muy interesantes y en Mono buscamos elevarla,
que la gente viva una experiencia gastronómica.
¿Buscas dignificar de alguna manera nuestros ingredientes?
Sí, pero además de dignificar es poner apellido a las cosas. Los
ingredientes están en la mesa, pero nadie sabe de dónde vienen. A veces creen
que nuestra sarrapia, por ejemplo, proviene de Brasil. La gastronomía
venezolana no es muy conocida en el mundo, porque la emigración no sucede desde
hace 100 años. Nosotros empezamos a emigrar en masa hace 25 años. Ahí nos
llevamos una arepa, una cachapa o un cachito bajo los brazos. Mono va a tener
siete años y allí estamos impulsando un movimiento latinoamericano. Estamos
diciendo que en la cocina venezolana hay ciertas cosas que son muy ricas y que
se están utilizando desde hace muchos años, pero nadie sabe que son
venezolanas. Ahora se lo estamos diciendo.
¿Cómo defines tu cocina?
Mi cocina es de intención y de nostalgia, pero es muy latinoamericana
también. Mi cocina en cierto modo dice mi historia. Dice quién soy, de dónde
vengo, dónde me formé, dónde aprendí a hacer algo, con quién trabajé. Es una
tarjeta de presentación.
¿Qué mensaje te gustaría compartir con los cocineros y con los
comensales del país?
Como cocinero tenemos que hacer lo que nos guste. Si quieres hacer pizza
que sea la mejor. Busca los mejores ingredientes y tratar en lo posible de usar
los nacionales. Da siempre lo mejor. Que la calidad no disminuya por razones de
costo. Los que trabajan en un restaurante no pueden olvidar que hacen un
trabajo para restaurar. A cada persona que entra por esa puerta hay que
cambiarle algo en su vida. Hay que hacerlo sentir de una manera que lo restaure
y lo haga sentir mejor.
A los comensales que sean mente abierta. El otro día conversaba con un
colega cocinero que nos decía que hay que comer sin memoria, porque a veces nos
sentamos en la mesa e inmediatamente levantamos una pared que nos predispone.
Hay que ser mente abierta. Ve a un restaurante y dale una oportunidad. Es un
negocio que quiere hacer las cosas bien. Atrévete a probar algo nuevo. El
comensal tiene que aceptar que forma parte de un círculo donde se apoya a un
negocio, a los cocineros, a los productores. A gente que es apasionada del arte
culinario.