Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 04:26 pm

Inicio

Opinión



Diario Frontera, Frontera Digital,  Opinión, ,Por Orlando Oberto,Antonio Mora Mora, el coronel de Seboruco por Orlando Oberto Urbina
Por Orlando Oberto

Crónicas memorables

Antonio Mora Mora, el coronel de Seboruco por Orlando Oberto Urbina



Crónicas memorables

Antonio Mora Mora, el coronel de Seboruco por Orlando Oberto Urbina

bajarigua@gmail.com

adicorazul@gmail.com

En esta oportunidad, me propuse escribir sobre un personaje que vivió ciento cinco años y que tenía una memoria lúcida. Ese era el coronel Antonio Mora Mora, a quien tuve el honor de haberlo conocido y con quien compartí muchas anécdotas. Era un militar íntegro, con una formación envidiable: daba ejemplo en cada paso ya que su educación era tan especial. Su vida transcurrió durante un siglo lleno de luchas y de caudillos. Fue el militar más longevo del país.

El coronel era de Seboruco, la tierra que lo vio nacer y cuya nobleza nunca olvidó. Fue muy apreciado entre sus seres queridos y amistades. Se hizo sastre. Hacia hamacas militares, gorras; tenía toda una destreza en cada punto de hilo. También sabía de electrónica: del sabía cómo se construía un amplificador, un transmisor para radio. Era un coleccionista y aficionado.

 Antonio Mora Mora nos contaba cómo fue que llegó a Caracas con su progenitora, y cuánto duraba ese viaje a la capital: nos decía que más de una semana, pues las carreteras eran de tierra, y habían llegado los andinos al poder. Decirle a alguien que era de los Andes o del Táchira podía generar algún conflicto. Eso tal vez le dio oído y narrativas distintas para abordar la gente; era muy correcto, y tenía un carácter recio que no se veía en su figura sensata y dulce.

Se distinguía como ese modelo andino por su educación adquirida en aquellas viejas escuelas con maestras y maestros que tenían pasión de enseñar, y de ver a sus discípulos hechos profesionales con un gran porvenir, y con esa formación nacionalista de sentir al país como a la madre misma. La Venezuela de su tiempo logró forjar una generación a la que le dolía la patria, y que reconocería el sacrificio de nuestros libertadores. Estaba muy cerca de la generación del 28, aquellos estudiantes y mártires que abrazaron la bandera para liberar al país de aquella dictadura que iba dejando sombras ante tanta persecución, torturas y cárcel.

Cariñosamente, a Antonio Mora Mora sus familiares más cercanos le decían “Papito”, un coronel que hizo que Seboruco se sintiera orgulloso de tener el primer profesional de carrera militar. Se sentía orgulloso de haber sido militar pues tenía un compromiso con la sociedad, y con ese respeto que profesaba a los civiles. Antonio Mora Mora falleció hace unos días en Caracas a la edad de ciento cinco años, y fue el militar más longevo. Su complexión y su temple tachirense lo develaban en cada lugar que llegaba. Un día recuerdo haber ido con él a la Chevrolet cercana a Las Tapias, “Mérida Motors”, a preguntar por un vehículo que le gustaba; y al entrevistarse con el gerente, éste le saludó. Recuerdo que el gerente de la agencia al verlo le dijo: “Usted es tachirense, militar y hombre de palabra”. Qué manera de conocer a los clientes.

El coronel Antonio Mora Mora era bisabuelo de mis hijos Arianna Carolina y Orlando Ernesto. Este bisabuelo había enviudado hace años. Se había casado con Alicia Isabel Llaguno de Mora (Mamita), con quien procreó seis hijos. Luego de unos años se internó en un asilo que hoy lleva su nombre. Su madre era Juana Mora, y su padre era Emerenciano Medina de Seboruco. Se lo trajeron a Caracas a estudiar, y luego de egresar como militar se casó y estableció su residencia en san Bernardino.

 Nació el 24 de marzo de 1921 en Seboruco, hoy municipio del estado Táchira. Este homenaje va para el hijo ilustre de esa tierra andina. “La sabiduría no solo se escribe en libros, se lleva en la mirada de quien ha vivido 105 años”. Su calidad humana y su rasgo de hombre servicial quedarán como ejemplo para recordar al coronel de Seboruco Antonio Mora Mora, quien falleció el 29 de mayo de 2026.

Escribo esto como recuerdo imborrable, por haber tenido el honor de haberlo conocido.