Mérida, Julio Miércoles 22, 2026, 08:06 pm
A casi veinte días de la desgracia en Venezuela, las redes muestran auténticos milagros en cuanto a gente que sigue siendo rescatada, así como la supervivencia y el coraje demostrado por los que siguen arriesgando sus vidas para colaborar.
Como “hay de todo en la viña del Señor”,
una tragedia como la acontecida en Venezuela suele sacar lo mejor y lo peor de
cada cual. Lo triste es que, a pesar de que el gobierno de Venezuela ya no
puede controlar la narrativa como en décadas pasadas —porque las redes sociales
hacen que se le escape de las manos—, sigue comportándose de la peor manera
posible; especialmente al obstaculizar y sabotear toda iniciativa, sea de la
ciudadanía, urgida por apoyar a los suyos, o de la comunidad internacional.
El alcalde de Panamá, Mayer Mizrachi,
denunció que colocó dispositivos de rastreo "Airtags" al cargamento
que envió a Venezuela y vio cómo este fue desviado a diferentes zonas, algunas
bastante lejanas a los sitios donde realmente se necesita la asistencia.
Circula también un video de cómo el agua “sin valor comercial”, enviada para el
auxilio, está siendo vendida en comercios, y de cómo algunas toallas de
hospitales de España se comercializan en cadenas de tiendas venezolanas de las
cuales se suele rumorear que son máquinas de narcolavado.
Un personaje que se hizo relevante en estos
días fue el conocido como el “Topo de La Guaira”, el voluntario rescatista
Wilmer Cruz, famoso por haberse dedicado, apenas con sus manos, a salvar a
cuantas personas le fuese posible (se estima que logró rescatar a más de 60).
Pero, adivinen qué: por haber denunciado en video la falta de asistencia
gubernamental, terminó desaparecido.
Cruz fue reportado como desaparecido desde
la noche del 1 de julio al haber sido detenido por agentes de la Policía
Nacional Bolivariana (PNB) mientras trabajaba entre los escombros.
Posteriormente, debido a la gran presión mediática en las redes, la organización
Provea confirmó su excarcelación la tarde del 3 de julio, después de casi 48
horas de desconocimiento de su paradero. Como muestra del "respeto" a
la libertad de expresión de este gobierno, fue liberado bajo una medida
cautelar sustitutiva de libertad con régimen de presentación. Las autoridades
lo acusaron de sustraer objetos de las viviendas afectadas, acusaciones que han
sido rotundamente rechazadas por defensores de derechos humanos y por la
comunidad, que lo ve como un héroe local.
Lo acusaron de sustraer objetos, y lo más
irónico es cómo llueven videos en las redes de policías cometiendo saqueos,
apoderándose de los donativos y, en otras partes, simplemente mostrándose
ociosos e indolentes en las zonas donde se supone que deberían estar ayudando
o, al menos, no estorbando.
Quien organiza asistencia, interna o
externa, evita por todos los medios la mediación gubernamental para hacerla
llegar. Es muy grande, y bien ganada por ellos, la desconfianza que se tiene
hacia estas entidades.
De nuevo la Iglesia, a pesar de tener
muchas de sus parroquias y sedes con severos daños, es una de las instituciones
que no se queda viéndose a sí misma ni victimizándose, y ofrece apoyo a quienes
puede.
Sí, seguimos levantándonos; lamentablemente
a pesar del gobierno, al cual le cuesta cada vez más evitar que su perversidad
se siga viralizando. El hecho de que la situación deje de ser noticia no
significa que no se siga necesitando soporte. Solo pido a quien quiera
colaborar que lo haga a través de canales confiables como la Iglesia.
Apliquemos también 1 Timoteo 2, 1-3. Dios con nosotros.