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Por Arinda Engelke

Frontera Literaria por Arinda Engelke



Frontera Literaria por Arinda Engelke

La literatura como refugio: Reconstruirnos desde lo esencial

Hace solo unos días, entre el polvo de las emociones todavía contenidas tras la tragedia del 24 de junio, compartí una conversación que me caló muy hondo. Fue con Milagros, nuestra querida colega, de la librería Nexos, una mujer luchadora, inteligente y profundamente sensible a la que admiro. Entre un llanto sutil y liberador, me regaló unas palabras de gratitud hacia esta columna que jamás olvidaré. Pero, sobre todo, me regaló una certeza: nada de lo material es tan importante como la vida, el amor y la familia.

En medio del sobrecogimiento, Milagros captó de inmediato el mensaje que humildemente intentamos sembrar desde este espacio. Y sus palabras me hicieron recordar que las librerías —y la lectura misma— no son lugares para evadirnos de la realidad, sino refugios de madera y papel donde acudimos a recordar quiénes somos cuando todo a nuestro alrededor parece tambalearse.

Poco a poco, sin prisa y con un profundo respeto por el proceso de cada hogar merideño y venezolano, necesitamos empezar a mirar hacia el día después. ¿Cómo se reconstruye el alma tras un sismo? La literatura, a lo largo de los siglos, nos ha demostrado que los seres humanos poseemos una capacidad inagotable de resiliencia y que siempre es posible volver a levantarse.

En su célebre obra La peste, Albert Camus explora el comportamiento humano frente a la catástrofe e inmortaliza una verdad que hoy resuena más fuerte que nunca: "Hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio". Camus nos enseña que, cuando el mundo se desmorona, la solidaridad deja de ser una teoría para convertirse en nuestro único deber moral y nuestra mayor salvación.

Por su parte, el autor japonés Haruki Murakami, tras el devastador terremoto de Kobe en 1995, escribió un libro entrañable titulado Después del terremoto. En sus páginas, Murakami no se detiene en las ruinas físicas, sino en las grietas invisibles del alma. Nos muestra cómo, a través de la empatía, el abrazo sincero y el afecto cotidiano, las personas van encontrando la fuerza para sanar el miedo y volver a habitar el presente.

A esta cartografía de la esperanza se suma el testimonio de Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido. Sobreviviente de campos de exterminio Nazis, Frankl nos legó una de las enseñanzas más luminosas de la psicología: al ser humano se le puede arrebatar todo, excepto una cosa: la última de las libertades humanas, la de elegir la actitud personal ante un conjunto dado de circunstancias. Saber que, incluso en la más absoluta devastación, podemos decidir cómo enfrentar nuestro destino.

Y si de atravesar la oscuridad se trata, la gran literatura universal nos conduce de la mano de Dante Alighieri. En la Divina Comedia, Dante nos recuerda que para llegar a la luz es imperativo atravesar el infierno y el purgatorio. Su célebre y esperanzador verso final —"Y salimos a volver a ver las estrellas"— es la metáfora definitiva de que, por profunda que sea la noche o por violento que haya sido el temblor, el ser humano siempre guarda el anhelo y la fuerza para alzar la mirada hacia el cielo y recomenzar.

Hoy, la lección que nos deja Milagros y que ratifican estos grandes autores es la misma: la tierra puede temblar, las estructuras pueden ceder, pero lo que verdaderamente nos sostiene —los afectos, la dignidad, el amor a los nuestros y la capacidad de darnos la mano— permanece intacto.

A todos nuestros lectores, y muy especialmente a quienes hoy abren las puertas de sus librerías para ofrecernos un verso o una historia donde cobijarnos, gracias. Seguimos aquí, de pie, reconstruyéndonos juntos, palabra a palabra y abrazo a abrazo.

Gracias a Librería Temas por facilitarnos el material necesario para hacer estas reseñas.