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Por Alberto Jiménez Ure

La codicia moribunda de una alienígena y artrópoda especie política por Alberto Jiménez Ure



La codicia moribunda de una alienígena y artrópoda especie política por Alberto Jiménez Ure

Desde mi infancia percibí esa devastadora e incurable enfermedad llamada codicia. Ciertos rasgos metamórficos nos advierten sobre la transformación irrefrenable de un ser humano en peligroso insecto portador del mal. No aparece en cuerpo humano por causa de virus o bacterias. Está en el ADN de una especie arácnida capaz de comer seres humanos: https://es.wikipedia.org/wiki/Solifugae.

Las arañas carnívoras lograron prosperar en Venezuela hasta alcanzar la estatura de criaturas más o menos erectas. Aprendieron idiomas, lograron instruirse básicamente, perfeccionaron habilidades de persuasión y timo. Hallaron en nuestro país tierra fértil para reproducirse, canibalizaron la nación, codiciaron y han sido exitosos durante casi tres décadas.

Avisté y me acerqué a esos descendientes de alienígenas. No sentían empatía por nosotros, los privados de fortunas. Sus habilidades son de genocidas y cuentan con recursos para esclavizar. Todavía gobiernan y lo hacen atribuyéndose la propiedad de la república. Lograron mutar para asociarse con abominables de imperios infinitamente más codiciosos y permanecer privilegiados ofreciéndoles tesoros de subsuelo.

La enfermedad de codicia es visible en el corpus de cúpula gubernamental. Todos se han enriquecido tras cometer, en perjuicio de vejados ciudadanos, grado de fétida perpetuación devastadora. Imposible no permanecer alertas ante las actualizaciones de amenazas tóxicas de los https://todoservivo.org/artropodos/quelicerados/aracnidos/solifugos/.

Sin embargo, el futuro no lejano les depara la desaparición física, apareándose similar a escorpiones. La superioridad animalesca solo concede indultos breves, distinto que los de jueces en plazas de bestias de lidia.

Aumentan las probabilidades que Venezuela experimente un merecido y maravilloso renacimiento en todos los ámbitos.

Los traga lingotes de oro, dólares y personas lucen agotadas. No son inmortales ni intocables. Con maldad extrema se han mantenido tanto tiempo frente a las instituciones del Estado que los verdugos persiguiéndolos ya los ven en sitio.

Los desafiadores hicieron el ridículo al cabo y los mercenarios del imperio sin sol naciente empalagaron sus glándulas gustativas mirándolos en decúbito con riquezas y servidumbre. Celebro que todas las solemnidades que califiqué como entelequias unas, bodrios otras, sean presas de los demonios procedentes del Norte de América. Pero igual celebro el decadentismo progresivo e indetenible de los artrópodos caídos en desgracia.

 

albertjure2009@gmail.com