Mérida, Julio Jueves 23, 2026, 02:46 pm
Desde mi infancia percibí esa devastadora e incurable
enfermedad llamada codicia. Ciertos rasgos metamórficos nos advierten sobre la
transformación irrefrenable de un ser humano en peligroso insecto portador del
mal. No aparece en cuerpo humano por causa de virus o bacterias. Está en el ADN
de una especie arácnida capaz de comer seres humanos:
https://es.wikipedia.org/wiki/Solifugae.
Las arañas carnívoras lograron prosperar en Venezuela hasta
alcanzar la estatura de criaturas más o menos erectas. Aprendieron idiomas,
lograron instruirse básicamente, perfeccionaron habilidades de persuasión y
timo. Hallaron en nuestro país tierra fértil para reproducirse, canibalizaron
la nación, codiciaron y han sido exitosos durante casi tres décadas.
Avisté y me acerqué a esos descendientes de alienígenas. No
sentían empatía por nosotros, los privados de fortunas. Sus habilidades son de
genocidas y cuentan con recursos para esclavizar. Todavía gobiernan y lo hacen
atribuyéndose la propiedad de la república. Lograron mutar para asociarse con
abominables de imperios infinitamente más codiciosos y permanecer privilegiados
ofreciéndoles tesoros de subsuelo.
La enfermedad de codicia es visible en el corpus de cúpula
gubernamental. Todos se han enriquecido tras cometer, en perjuicio de vejados
ciudadanos, grado de fétida perpetuación devastadora. Imposible no permanecer
alertas ante las actualizaciones de amenazas tóxicas de los
https://todoservivo.org/artropodos/quelicerados/aracnidos/solifugos/.
Sin embargo, el futuro no lejano les depara la desaparición
física, apareándose similar a escorpiones. La superioridad animalesca solo
concede indultos breves, distinto que los de jueces en plazas de bestias de
lidia.
Aumentan las probabilidades que Venezuela experimente un
merecido y maravilloso renacimiento en todos los ámbitos.
Los traga lingotes de oro, dólares y personas lucen
agotadas. No son inmortales ni intocables. Con maldad extrema se han mantenido
tanto tiempo frente a las instituciones del Estado que los verdugos
persiguiéndolos ya los ven en sitio.
Los desafiadores hicieron el ridículo al cabo y los
mercenarios del imperio sin sol naciente empalagaron sus glándulas gustativas
mirándolos en decúbito con riquezas y servidumbre. Celebro que todas las
solemnidades que califiqué como entelequias unas, bodrios otras, sean presas de
los demonios procedentes del Norte de América. Pero igual celebro el
decadentismo progresivo e indetenible de los artrópodos caídos en desgracia.
albertjure2009@gmail.com