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Por Rafael Augusto López

La politica: deporte nacional pore Rafael Augusto López



La politica: deporte nacional pore Rafael Augusto López

Todos somos manager o directores técnicos de tribuna

 

Cuando somos fanáticos o tenemos simpatías por un determinado equipo o sentimos admiración por un jugador en particular, cada vez que participa en una competencia tenemos el derecho de opinar, coincidiendo, criticando, y en algunos casos encontramos fanáticos tan radicales que pretenden agredir a quien dirige. Esto está presente en todos los deportes y en todas las latitudes.

Lógicamente, como en todo, encontramos a quienes ni opinan, a quienes les parece que la conducción es correcta, y a otros que no aceptan perder, desconociendo que en el deporte, como en la vida, unas veces se gana y otras se pierde.

Pero el próximo juego no se lo pierden, tanto los unos como los otros, y la conducta sigue siendo la misma, hasta que el equipo o el jugador, en los deportes individuales, tienen una mala racha tan larga que preferimos no volver a la competencia o sencillamente nos cambiamos de equipo o de figura.

Pero, sea una cosa o la otra, estamos pendientes a través de los medios de comunicación tradicionales, de las redes sociales o de las plataformas virtuales de lo que ha pasado.

Eso sí, cuando el equipo gana la alharaca es muy grande, hasta nos exhibimos con la franela del equipo, pero cuando pierde enmudecemos.

 

Un equipo llamado Venezuela

 

Es el equipo que tiene más fanáticos, ahí no hay lugar para simpatías, allí todos tenemos el derecho y el deber no solo de criticar al manager o director técnico, a la figura que admiramos, sino a dar nuestro aporte para que el equipo logre la victoria.

Es el equipo que tiene la mayor variedad de fanáticos, todos los que podamos imaginar: desde los a los que nada les gusta, que siempre encuentran un pero, y jamás dan un aporte para mejorar lo que critican; los que sin conocer determinada materia pretenden imponer su opinión sobre los que tienen conocimiento y dominan la materia; los que se creen dueños del equipo y siempre tienen que ser titulares, y no aceptan que otros con los mismos o mayores méritos los sustituyan; los que están pendientes de que a los jugadores, a su familia y a los fanáticos nada les falte; los que se hacen pasar por personas honorables, pero se aprovechan de toda ocasión para hacer negocios muy turbios; los que, aprovechándose de su posición económica o social, quieren imponerle al manager o director técnico la estrategia técnica y táctica y la alineación del equipo.

Los que se rehúsan a participar en alguna actividad del equipo porque consideran que todo es contrario a la ética o a la moral.

Los que se oponen a que otros formen parte del equipo y hacen todo lo imposible por inhabilitarlos.

Y los que sostienen que siempre hay que ganar por las buenas o por las malas, como ocurrió el 28 de julio de 2024, cuando Nicolás Maduro cometió un atraco contra la voluntad popular.

 

Cada cabeza es un mundo

 

Como nos creemos suficientemente preparados para opinar, cometemos el error de confundir opinión con imposición; entonces estoy convencido de que soy el único que posee la verdad y todos los demás están equivocados.

Ello nos conduce a vivir de especulaciones; aun cuando no tengamos el suficiente cúmulo de información, damos por sentado que lo que decimos es así y punto.

No aceptamos que otro nos pueda contradecir u orientar; de inmediato lo calificamos de enemigo y de estar contra mí.

 

Qué difícil es comprender lo que nos está pasando

 

La gran mayoría coincide en que lo ocurrido el 3 de enero fue exitoso porque los que hoy administran facilitaron la extracción de la pareja presidencial, pero de ahí en adelante la crítica es despiadada contra los que se los llevaron y contra los que lo facilitaron.

Se ataca a Donald Trump y a Marco Rubio porque no exigieron el respeto a la voluntad popular facilitando la toma de posesión de Edmundo González Urrutia y de María Corina Machado a partir del 4 de enero, y porque han permitido que cuatro meses después todavía continúe la misma tiranía con poquísimos cambios, pero con los mismos métodos, prácticas y propósitos; es decir, Nicolás y Cilia ya no están, pero lo único que ha cambiado es que, en vez de Delcy haber bailado sobre los escombros y cadáveres de las víctimas del doblete sísmico, posó para las fotos.

Los que están convencidos de que no hubo extracción, sino secuestro, critican a los que están mandando porque ni siquiera han protestado al Gobierno norteamericano por la agresión al país ni han exigido la devolución de los secuestrados.

Asimismo, en el sector opositor no cesan las quejas porque no se haya incorporado a María Corina Machado en la negociación Jorge-Dinorah ni a los miembros de la PUD.

Y, por supuesto, a la casi totalidad del país, lo que exige es que lo más pronto posible se realicen elecciones presidenciales.

Cada quien, como en el deporte, tiene todo el derecho a expresar su opinión y respetar el criterio ajeno.

Lo que no se puede aceptar es una conducta como la asumida por el equipo de Argentina al perder el mundial frente a España; es lo que quieren hacer aquí los que llaman colectivos: o son ellos o a los demás hay que exterminarlos.

¿De qué lado está usted?

 

rafael.tuto@gmail.com

 

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