Mérida, Julio Sábado 25, 2026, 12:41 pm
Todos somos manager o directores técnicos de tribuna
Cuando somos fanáticos o tenemos simpatías por un determinado equipo o
sentimos admiración por un jugador en particular, cada vez que participa en una
competencia tenemos el derecho de opinar, coincidiendo, criticando, y en
algunos casos encontramos fanáticos tan radicales que pretenden agredir a quien
dirige. Esto está presente en todos los deportes y en todas las latitudes.
Lógicamente, como en todo, encontramos a quienes ni opinan, a quienes les
parece que la conducción es correcta, y a otros que no aceptan perder,
desconociendo que en el deporte, como en la vida, unas veces se gana y otras se
pierde.
Pero el próximo juego no se lo pierden, tanto los unos como los otros, y
la conducta sigue siendo la misma, hasta que el equipo o el jugador, en los
deportes individuales, tienen una mala racha tan larga que preferimos no volver
a la competencia o sencillamente nos cambiamos de equipo o de figura.
Pero, sea una cosa o la otra, estamos pendientes a través de los medios
de comunicación tradicionales, de las redes sociales o de las plataformas
virtuales de lo que ha pasado.
Eso sí, cuando el equipo gana la alharaca es muy grande, hasta nos
exhibimos con la franela del equipo, pero cuando pierde enmudecemos.
Un equipo llamado Venezuela
Es el equipo que tiene más fanáticos, ahí no hay lugar para simpatías,
allí todos tenemos el derecho y el deber no solo de criticar al manager o
director técnico, a la figura que admiramos, sino a dar nuestro aporte para que
el equipo logre la victoria.
Es el equipo que tiene la mayor variedad de fanáticos, todos los que
podamos imaginar: desde los a los que nada les gusta, que siempre encuentran un
pero, y jamás dan un aporte para mejorar lo que critican; los que sin conocer
determinada materia pretenden imponer su opinión sobre los que tienen
conocimiento y dominan la materia; los que se creen dueños del equipo y siempre
tienen que ser titulares, y no aceptan que otros con los mismos o mayores
méritos los sustituyan; los que están pendientes de que a los jugadores, a su
familia y a los fanáticos nada les falte; los que se hacen pasar por personas
honorables, pero se aprovechan de toda ocasión para hacer negocios muy turbios;
los que, aprovechándose de su posición económica o social, quieren imponerle al
manager o director técnico la estrategia técnica y táctica y la alineación del
equipo.
Los que se rehúsan a participar en alguna actividad del equipo porque
consideran que todo es contrario a la ética o a la moral.
Los que se oponen a que otros formen parte del equipo y hacen todo lo
imposible por inhabilitarlos.
Y los que sostienen que siempre hay que ganar por las buenas o por las
malas, como ocurrió el 28 de julio de 2024, cuando Nicolás Maduro cometió un
atraco contra la voluntad popular.
Cada cabeza es un mundo
Como nos creemos suficientemente preparados para opinar, cometemos el
error de confundir opinión con imposición; entonces estoy convencido de que soy
el único que posee la verdad y todos los demás están equivocados.
Ello nos conduce a vivir de especulaciones; aun cuando no tengamos el
suficiente cúmulo de información, damos por sentado que lo que decimos es así y
punto.
No aceptamos que otro nos pueda contradecir u orientar; de inmediato lo
calificamos de enemigo y de estar contra mí.
Qué difícil es comprender lo que nos está pasando
La gran mayoría coincide en que lo ocurrido el 3 de enero fue exitoso
porque los que hoy administran facilitaron la extracción de la pareja
presidencial, pero de ahí en adelante la crítica es despiadada contra los que
se los llevaron y contra los que lo facilitaron.
Se ataca a Donald Trump y a Marco Rubio porque no exigieron el respeto a
la voluntad popular facilitando la toma de posesión de Edmundo González Urrutia
y de María Corina Machado a partir del 4 de enero, y porque han permitido que
cuatro meses después todavía continúe la misma tiranía con poquísimos cambios,
pero con los mismos métodos, prácticas y propósitos; es decir, Nicolás y Cilia
ya no están, pero lo único que ha cambiado es que, en vez de Delcy haber
bailado sobre los escombros y cadáveres de las víctimas del doblete sísmico,
posó para las fotos.
Los que están convencidos de que no hubo extracción, sino secuestro,
critican a los que están mandando porque ni siquiera han protestado al Gobierno
norteamericano por la agresión al país ni han exigido la devolución de los
secuestrados.
Asimismo, en el sector opositor no cesan las quejas porque no se haya
incorporado a María Corina Machado en la negociación Jorge-Dinorah ni a los
miembros de la PUD.
Y, por supuesto, a la casi totalidad del país, lo que exige es que lo más
pronto posible se realicen elecciones presidenciales.
Cada quien, como en el deporte, tiene todo el derecho a expresar su
opinión y respetar el criterio ajeno.
Lo que no se puede aceptar es una conducta como la asumida por el equipo
de Argentina al perder el mundial frente a España; es lo que quieren hacer aquí
los que llaman colectivos: o son ellos o a los demás hay que exterminarlos.
¿De qué lado está usted?
rafael.tuto@gmail.com
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