Mérida, Agosto Lunes 03, 2026, 08:51 am
“Parece que no exista puente
entre la subjetividad más radical en la que ya no soy reconocible, y el mundo
exterior de la vida. […] el dolor, verdadera experiencia entre la vida como ser
entre los hombres y la muerte, es tan subjetivo y alejado del mundo de las
cosas y de los hombres que no puede asumir una apariencia en absoluto” (Hannah
Arenth 1958: 60. La Condición Humana. PAIDÓS).
Cuando nuestra sensación de la realidad nos enfrenta a la
interrogante de si somos personas libres entre iguales, nuestro pensamiento
racional político nos conduce a situaciones de vida fundamentales y básicas de
la condición humana. Que además retrotrae reflexiones viscerales y acaloradas respecto
de lo que la política nacional e internacional hace realmente frente a situaciones
que demuestran la transformación de las condiciones humanas en el tiempo. Tal
vez de forma vital frente a una guerra, frente a condiciones de movilidad,
salubridad, educación, finanzas etc., es allí donde el papel que las organizaciones
nacionales e internacionales junto a sus reglas dejan muchos vacíos sin muestra
de su acciones, labor y trabajo.
En la historia reciente pensemos al menos durante los
últimos 30 años, existe una alta subjetividad organizacional que a veces es radical
respecto a lo que es reconocible y lo que no del mundo exterior alejado del
escritorio, la silla y la computadora. Obviamente la sensación de la realidad
depende completamente de la apariencia y existencia de una esfera en la que
surgen hechos que puede cobijar no la existencia humana. Pues que, existen
“cosas [y situaciones] que no soportan la implacable, brillantes de la luz […]
únicamente se tolera lo que es considerado apropiado, digno de verse u oírse,
de manera que lo inapropiado se convierte automáticamente en asunto privado.”
Es acaso esto lo que se considera inapropiado, el encanto
de todo un pueblo que no constituye una esfera pública, sino que por el
contrario ha retrocedido de ella y su grandeza solo ha quedado, si bien en la
espera pública puede ser grande, no puede ser encantadora precisamente porque
es incapaz de albergar lo inapropiado.
El mundo es precisamente la manifestación de la vida
juntos, la condición general y esencial de quienes tenemos cosas en común. Pero
tal como ocurre cuando se está sentado alrededor de la mesa hay cosas que nos
unen y otras que nos separan. Aunque es en ese espectro donde precisamente
quienes toman decisiones políticas tienen la dificilísima tarea de soportar a
toda la sociedad sin que unos caigan sobre otros, y se mantengan unidos sobre
el principio de caridad. Es decir, la práctica del bien fraterno y universal de
la generosidad consciente desinteresada y activa.
Aunque lamentablemente en la realidad del siglo XXI, esa
generosidad consciente desinteresada y activa ha perdido su poder para agrupar y
relacionar a las personas extrañas a la situación común, y encontrar nexos
entre personas es lo bastante grande y extraordinario porque políticamente no
es apropiado. Eso porque para reemplazar el mundo visible y creíble se ha
borrado la capacidad de construir en hermandad. Frente a la mundanidad actual que
no ha permitido a las organizaciones e instituciones nacionales e
internacionales conducir a las personas esencialmente sin mundo, con
necesidades de la vida presente.
Las órdenes publica ahora son lo bastante grandes como
para necesitar nuevas y adicionales normas o regulaciones que permitan destacar
la prohibición de la excelencia y su consiguiente orgullo. Los hombres entre sí
dependen de la permanencia, entonces si en el mundo se ha de incluir un espacio
para la permanencia se debería planear no solo para los vivos sino para
inmortalidad donde ninguna política destruya el mundo común hacia el pasado y
hacia el futuro.
Dedicado a todas las mujeres
encantadoras que no acogen lo inapropiado y luchan por la belleza de la
brillante luz.
*@zerpasad