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Por Sadcidi Zerpa de Hurtado

¿Persona libre entre iguales? por Sadcidi Zerpa de Hurtado



¿Persona libre entre iguales? por Sadcidi Zerpa de Hurtado

“Parece que no exista puente entre la subjetividad más radical en la que ya no soy reconocible, y el mundo exterior de la vida. […] el dolor, verdadera experiencia entre la vida como ser entre los hombres y la muerte, es tan subjetivo y alejado del mundo de las cosas y de los hombres que no puede asumir una apariencia en absoluto” (Hannah Arenth 1958: 60. La Condición Humana. PAIDÓS).

 

Cuando nuestra sensación de la realidad nos enfrenta a la interrogante de si somos personas libres entre iguales, nuestro pensamiento racional político nos conduce a situaciones de vida fundamentales y básicas de la condición humana. Que además retrotrae reflexiones viscerales y acaloradas respecto de lo que la política nacional e internacional hace realmente frente a situaciones que demuestran la transformación de las condiciones humanas en el tiempo. Tal vez de forma vital frente a una guerra, frente a condiciones de movilidad, salubridad, educación, finanzas etc., es allí donde el papel que las organizaciones nacionales e internacionales junto a sus reglas dejan muchos vacíos sin muestra de su acciones, labor y trabajo.

 

En la historia reciente pensemos al menos durante los últimos 30 años, existe una alta subjetividad organizacional que a veces es radical respecto a lo que es reconocible y lo que no del mundo exterior alejado del escritorio, la silla y la computadora. Obviamente la sensación de la realidad depende completamente de la apariencia y existencia de una esfera en la que surgen hechos que puede cobijar no la existencia humana. Pues que, existen “cosas [y situaciones] que no soportan la implacable, brillantes de la luz […] únicamente se tolera lo que es considerado apropiado, digno de verse u oírse, de manera que lo inapropiado se convierte automáticamente en asunto privado.”

Es acaso esto lo que se considera inapropiado, el encanto de todo un pueblo que no constituye una esfera pública, sino que por el contrario ha retrocedido de ella y su grandeza solo ha quedado, si bien en la espera pública puede ser grande, no puede ser encantadora precisamente porque es incapaz de albergar lo inapropiado.

 

El mundo es precisamente la manifestación de la vida juntos, la condición general y esencial de quienes tenemos cosas en común. Pero tal como ocurre cuando se está sentado alrededor de la mesa hay cosas que nos unen y otras que nos separan. Aunque es en ese espectro donde precisamente quienes toman decisiones políticas tienen la dificilísima tarea de soportar a toda la sociedad sin que unos caigan sobre otros, y se mantengan unidos sobre el principio de caridad. Es decir, la práctica del bien fraterno y universal de la generosidad consciente desinteresada y activa.  

 

Aunque lamentablemente en la realidad del siglo XXI, esa generosidad consciente desinteresada y activa ha perdido su poder para agrupar y relacionar a las personas extrañas a la situación común, y encontrar nexos entre personas es lo bastante grande y extraordinario porque políticamente no es apropiado. Eso porque para reemplazar el mundo visible y creíble se ha borrado la capacidad de construir en hermandad. Frente a la mundanidad actual que no ha permitido a las organizaciones e instituciones nacionales e internacionales conducir a las personas esencialmente sin mundo, con necesidades de la vida presente. 

 

Las órdenes publica ahora son lo bastante grandes como para necesitar nuevas y adicionales normas o regulaciones que permitan destacar la prohibición de la excelencia y su consiguiente orgullo. Los hombres entre sí dependen de la permanencia, entonces si en el mundo se ha de incluir un espacio para la permanencia se debería planear no solo para los vivos sino para inmortalidad donde ninguna política destruya el mundo común hacia el pasado y hacia el futuro.      

 

Dedicado a todas las mujeres encantadoras que no acogen lo inapropiado y luchan por la belleza de la brillante luz.

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