Mérida, Agosto Viernes 07, 2026, 12:14 am
¡Ya basta de pedirle sacrificio al
pueblo venezolano! Es inaceptable pretender que la ciudadanía continúe pagando
con su calidad de vida el costo de la incompetencia, la escasez de agua, el
colapso de los servicios públicos y la inflación. Quienes han llevado a la
nación a este abismo durante casi tres décadas deben asumir su responsabilidad,
dar un paso al costado y permitir la convocatoria a elecciones nacionales para
renovar la administración pública y el resto de los poder del estado venezolano. Solo con un nuevo
marco institucional se promulgarán las leyes que restituyan la seguridad
jurídica, la seguridad económica y la confianza que atraigan grandes
inversiones, reactiven la economía y le devuelvan el futuro a la familia
venezolana.
Las recientes declaraciones de Delcy Rodríguez pretendiendo
escudarse tras la etiqueta del "Superniño" —luego de haber culpado en
meses anteriores a los "rayos perpendiculares"— intentan desviar la
atención de la verdadera tragedia. El fenómeno de El Niño es una realidad
climática milenaria y severa, documentada por la ciencia desde el siglo XIX.
Las agencias hidrometeorológicas internacionales proyectan una fase crítica, y
el impacto sobre Venezuela puede ser verdaderamente catastrófico. El
problema no es que el fenómeno exista, sino que encuentra a un Sistema
Eléctrico Nacional (SEN) literalmente en el piso, desmantelado y sin capacidad
de respuesta tras 27 años de irresponsabilidad, impericia y corrupción
descarada.
Venezuela contó una vez con uno de los
sistemas eléctricos más robusto, confiable y equilibrado de América Hispana.
Aquella arquitectura técnica combinaba la hidroelectricidad del Bajo Caroní
(que cubría entre el 60% y el 62% de la demanda nacional) con un parque térmico
robusto en la cola del sistema (centro, sur-occidente y occidente). Ese
respaldo térmico mantenía los niveles de tensión y blindaba al país ante las
sequías en el sur.
Hoy, la realidad es de una gravedad
extrema: la dependencia del complejo hidroeléctrico se ha disparado a un
insostenible 85%, no por planificación, sino porque el parque térmico
nacional yace destruido por la falta de mantenimiento predictivo y correctivo.
En estas condiciones, si la sequía de El Niño se profundiza y no se inyectan
megavatios por vías distintas a la hídrica, las consecuencias serán
devastadoras.
Si el nivel del embalse de Guri se aproxima a la cota mínima de 240 metros sobre el nivel del mar (msnm), las autoridades se verán obligadas a apagar progresivamente varias unidades de la Casa de Máquinas II para evitar su destrucción por cavitación. Apagar esas turbinas significará desplomar la generación nacional, multiplicando exponencialmente los racionamientos de 4, 6 u 8 horas que ya sufre el interior del país, e intensificando los cortes en Caracas, una capital que históricamente fue blindada y que hoy ya empieza a experimentar la fragilidad del sistema.
La catástrofe que se avizora no la causa el clima; la causa el triángulo destructivo impuesto por el modelo estatal:
●
Descuido (Falta de
mantenimiento): El abandono prolongado y la mal
llamada “canibalización” redujo a chatarra la infraestructura térmica y junto a
la paralización de proyectos clave como la Interconexión Centro Occidente (ICO)
de PDVSA, impidieron igualmente llevar
gas natural a las plantas de generación del centro y occidente para sustituir
combustibles líquidos o evitar su paralización tal como ha ocurrido con varias
que ni siquiera entraron en servicio, ejemplo de ello PEZ (Planta Ezequiel
Zamora) en Guárico.
●
Desinversión y Corrupción: Billones de dólares de la bonanza petrolera se esfumaron en la
opacidad sin transformarse en plantas térmicas operativas ni en el blindaje de
las centrales hidroeléctricas y de red de transmisión y sus troncales, sumidas
hoy en la obsolescencia.
● Desprofesionalización: La partidización destruyó el criterio técnico, aunado a la persecución y el acoso a trabajadores y profesionales acusados siempre de “saboteadores” provocando la expulsión y la diáspora de miles de ingenieros y especialistas altamente calificados.
Asimismo, los parques eólicos de Paraguaná y La Guajira permanecen
en el abandono, mientras el enorme potencial fotovoltaico del país sigue
completamente ignorado.
Venezuela no necesita más excusas ni
discursos que trasladen la culpa a las nubes. El país exige con urgencia una
gestión pública técnica, eficiente y transparente. Para evitar un colapso mayor
y construir el SEN es indispensable:
●
Seguridad jurídica e
inversión: Establecer un marco legal confiable que
incentive la llegada de grandes capitales privados nacionales e internacionales
en generación, transmisión y distribución.
●
Alianzas con proveedores de
bienes y servicios: Permitir que empresas
especializadas acometan sin chantajes las obras de recuperación del parque
térmico e hídrico.
●
Retorno del talento técnico: Convocar un Consejo de Expertos Independiente por un lado y por el
otro, a la diáspora de ingenieros y profesionales venezolanos para juntos liderar
un Plan Maestro Nacional escalable a 25 años donde los primeros 5 años sean los
correspondientes al Plan de Emergencia y Modernización Energética.
● Diversificación real: Recuperar la generación térmica a gas, potenciar el uso del gas natural e integrar energías renovables (solar y eólica) en la fachada norcostera diversificando y robusteciendo la matriz energética.
El pueblo venezolano ha entregado demasiado sacrificio. Es hora de detener la negligencia, recuperar las instituciones y construir, sobre bases técnicas y transparentes, el sistema eléctrico confiable que el desarrollo de Venezuela requiere.
(*)