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ENTREVISTA || Emilio de Justo, un año después de su quinta Puerta Grande: «Cada vez que uno hace el paseíllo en Madrid es un examen de oposición»

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Emilio de Justo


El triunfador de la pasada Feria del Sol, y más que seguro nuevamente presente en el abono de San Cristóbal y Mérida para el 2027.

Pablo López Rioboo

CULTORO

 

Emilio de Justo regresa este sábado a Las Ventas. Y no es una vuelta cualquiera. El extremeño hará el paseíllo en la tercera de la Feria de Otoño exactamente un año después de abrir por quinta vez en su carrera la Puerta Grande de Madrid. Lo hará, además, frente a los toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés, la misma casa ganadera con la que alcanzó aquel triunfo y tantos otros de su carrera, en un cartel de marcada competencia junto a Víctor Hernández y Marco Pérez, que confirmará la alternativa. De Justo llega a la cita después de dejar el pasado sábado una actuación de peso en Sevilla, donde cortó una oreja a su primero de Jandilla y salió reforzado por las sensaciones de una tarde que considera «interiormente importante».

 

Madrid aparece otra vez en el camino de Emilio de Justo cuando septiembre deja paso a octubre y la temporada entra en ese tramo en el que cada tarde puede modificar el balance de todo un año. Pero antes de mirar hacia Las Ventas, el cacereño todavía saborea lo ocurrido el pasado sábado en la Real Maestranza de Sevilla. Allí compartió cartel con Roca Rey y Pablo Aguado ante una corrida de Jandilla y cortó una oreja al primero de su lote en una tarde en la que Aguado terminó abriendo la Puerta del Príncipe. «Fue una tarde importante, la verdad. Creo que la gente disfrutó mucho de la corrida», asegura De Justo. Y no esconde su alegría por el triunfo de Pablo Aguado: «Pablo estuvo genial. Fue una tarde soñada para él y me alegro mucho».

 

Pero su análisis se detiene especialmente en su propia actuación. Aquel primer toro de Jandilla le exigió encontrar el camino y Emilio decidió apostar por una mano izquierda que, desde el tendido, podía no parecer inicialmente la más evidente. Él lo tuvo claro desde la cara del animal. «Lo veía mejor por el lado izquierdo porque las dos veces que me hizo el feo fue por el pitón derecho. Incluso llevándolo al caballo se me quedó un poquito encima por ahí. Por el izquierdo veía que obedecía mejor», explica.

 

No fue, sin embargo, un toro para atacarlo desde el primer muletazo. De Justo entendió que debía construirlo poco a poco, administrar sus tiempos y aumentar progresivamente la exigencia. «El pitón izquierdo tenía más obediencia y más franqueza, aunque tenía sus teclas. Al principio había que construirlo un poco, no apretarlo mucho. De mitad de faena hacia delante ya le dejé más la muleta en la cara y lo apreté para que aquello tuviera más intensidad».

 

Una faena que acabó teniendo importancia y que le permitió cortar una oreja. «No es fácil con el primer toro meter a la gente así», reconoce. Con el cuarto, sin embargo, la historia cambió cuando el animal terminó rajándose justo cuando la faena comenzaba a tomar vuelo. «Fue una pena porque había arrancado la música y le había pegado una tanda buena con la derecha. Cuando quise exigirle un poco más se rajó». Pese a ello, la sensación con la que abandonó la Maestranza fue positiva. Y, sobre todo, íntima. «Me vine satisfecho porque fue una tarde para mí interiormente importante».

 

De Justo también concede especial valor a la corrida de Jandilla y al conocimiento que ha acumulado sobre una ganadería que considera situada en un momento extraordinario. «Jandilla creo que es una de las mejores ganaderías que hay ahora mismo». Y añade: «Ha hecho una temporada muy buena. Es un toro muy importante y muy exigente; no es nada fácil de torear porque tiene bravura y tiene casta, pero también tiene entrega».

 

Esa combinación, sostiene, eleva la dimensión de cuanto ocurre delante del animal. «Cuando un toro tiene entrega en la embestida, aquello adquiere un nivel importante en todo, también en el toreo que le hagas». Y distingue los diferentes registros que ofreció la corrida sevillana: hubo ejemplares de embestidas «más suaves, más aplomadas y con más ritmo», mientras otros exigieron «colocarte, engancharlos y tocar determinadas teclas».

 

Sevilla cerró así para Emilio de Justo una temporada de dos comparecencias. No llegó esa Puerta del Príncipe que continúa figurando entre sus grandes aspiraciones, pero el extremeño se niega a convertirla en una obsesión. «Uno sueña con lo que le ocurrió a Pablo, claro. Abrir la Puerta del Príncipe y conseguir un triunfo redondo. Pero tampoco voy obsesionado con eso a Sevilla porque sé que tiene que ser consecuencia de una actuación redonda, de que todo fluya, de que te embistan los toros y de que los mates bien. Tienen que darse muchas circunstancias».

 

Por eso su filosofía es otra: «Lo más importante es ir con ilusión, preparado, con pasión por dar lo mejor de ti y luego no esperar nada. Darlo tú todo y aprovechar lo que vaya viniendo». Y reivindica también esos triunfos que no terminan necesariamente con tres orejas o una salida a hombros. «Parece que ahora, si un triunfo no es de tres orejas o de dos orejas a un toro, no es un triunfo. Pero toda la vida cortar una oreja en Sevilla o dar una vuelta al ruedo importante y con peso ha servido para mantener el crédito y darle a un torero la importancia que tiene».

 

Por eso considera que su actuación del sábado puede tener consecuencias más allá de la estadística. «Creo que fue un toque de atención bonito y una actuación que los aficionados han valorado mucho. De cara al año que viene y a volver a Sevilla, creo que es importante».

 

«Madrid es otro puerto de montaña»

 

Con ese impulso viaja ahora hacia Madrid. Las Ventas vuelve a aparecer apenas unos días después de Sevilla y en unas circunstancias especialmente significativas para su carrera.

 

El 3 de octubre de 2025, Emilio de Justo abrió por quinta vez la Puerta Grande de Las Ventas después de cortar las dos orejas a ‘Diamante’, de Victoriano del Río, tras sobreponerse a una fortísima voltereta sufrida con el primero de su lote. Un año después, prácticamente fecha por fecha, vuelve al mismo escenario y nuevamente frente a toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés. «Ahora vengo con una moral muy bonita, muy buena, después de estar bien en Sevilla y de que las cosas hayan salido bien», reconoce. Pero la satisfacción no rebaja un ápice la consideración que tiene de la plaza madrileña.

 

«Madrid es otro puerto de montaña importantísimo a final de temporada para tratar de rematar por todo lo alto una temporada importante». Y continúa: «Madrid ha sido una plaza que me lo ha dado todo, pero la exigencia y la responsabilidad son grandísimas». Por eso no quiere vivir del recuerdo de las cinco Puertas Grandes anteriores ni presentarse ante Madrid esperando que la historia se repita. «Un torero tiene que ir con la mente sabiendo dónde va. Madrid no es una plaza fácil para triunfar ni para puntuar».

 

Su planteamiento vuelve a ser el mismo que expresó al hablar de Sevilla: desprenderse de cualquier expectativa externa. «Hay que ir sin esperar nada de nadie, ni de los toros ni de nada. Tratar de poner tu entrega, tu actitud y tu manera de sentir el toreo. Si aquello tiene que estar para uno, estará; y si no, será otro día». Pero algo ha cambiado después de Sevilla. Las sensaciones son otras. «Creo que llego en un momento bonito, en un momento importante de mi temporada y con mucha fe en que puedan rodar las cosas bien».

 

Victoriano del Río, una ganadería ligada a sus grandes tardes en Madrid

 

El destino ha querido que el regreso se produzca nuevamente con Victoriano del Río. No es una divisa cualquiera en la trayectoria venteña de Emilio de Justo. Él mismo recuerda un dato que alimenta inevitablemente la ilusión: «Tengo dos Puertas Grandes con esa ganadería en Madrid».

 

«Es una ganadería que en Madrid todos sabemos la trayectoria que tiene y la importancia grandísima que ha tenido, con tantos toros importantes», señala el extremeño. «Yo tengo dos Puertas Grandes con esa ganadería en Madrid y uno afronta una tarde así con mayor moral si cabe por la hoja de servicios que tiene Victoriano en esa plaza».

 

De Justo sabe que el pasado no garantiza absolutamente nada. Pero tampoco renuncia al estímulo que supone volver a encontrarse con una divisa ligada a algunos de los capítulos más importantes de su carrera. «Es una de las ganaderías con las que más toreros han triunfado y han salido por la Puerta Grande. Siempre existe esa fe en que pueda ocurrir de nuevo».

 

Y enseguida introduce el matiz: «Pero sin obsesión. Creo que hay que afrontar las cosas con la cabeza muy limpia y, sobre todo, muy despejada. La ilusión y la actitud que lleves a la plaza van a marcar mucho».

 

Marco Pérez, Víctor Hernández y el relevo que aprieta

 

El cartel añade otro componente. Emilio de Justo será el torero de mayor experiencia de una terna completada por Víctor Hernández y Marco Pérez. Para este último será, además, una fecha fundamental: confirmará su alternativa en Madrid. De Justo recibe con especial satisfacción la responsabilidad de participar en esa ceremonia. «Me hace ilusión y me siento orgulloso de poder confirmar la alternativa a un torero que tiene una proyección enorme y que ha demostrado este año que ha hecho una grandiosa temporada», afirma sobre Marco Pérez. «Es uno de los toreros jóvenes con más proyección y que tiene mucho que decir en el toreo».

 

También dedica palabras especialmente afectuosas a Víctor Hernández, con quien ya ha compartido tardes importantes y al que considera especialmente identificado con la sensibilidad de Las Ventas. «Es un torero al que admiro muchísimo y al que tengo mucho cariño. Por su concepto y por su manera de sentir el toreo también es un torero muy de Madrid».

 

La conclusión le surge casi sola: «Creo que puede ser una tarde interesante y que pueden pasar cosas bonitas». Pero detrás del respeto existe también la competencia. De Justo lleva casi dos décadas de alternativa y sabe perfectamente lo que significa ocupar ahora el lugar del torero consolidado frente a una generación que llega reclamando sitio.

 

«Todo va renovándose. Cada año van saliendo toreros nuevos, triunfadores, competencias… Pasan los años y las temporadas y nosotros tenemos que ser capaces de mantenernos ahí, de aguantar el tirón, de mantener nuestro estatus de torero importante y de seguir estando en las grandes ferias».

 

No lo contempla como una amenaza, sino como una parte imprescindible de la propia Tauromaquia. «Ese relevo que viene detrás es importante para que todo esto siga regenerándose». Y se incluye ya, sin complejos, entre quienes deben defender una posición conquistada durante años: «Uno ya va cumpliendo años de alternativa. Ya no soy un niño, llevo tiempo en el toreo y tengo que afrontar este tipo de tardes sabiendo que vienen todos los de detrás. Hay que respetarlos y hay que aplicarse muchas veces».

 

«Cada paseíllo en Madrid es un examen de oposición»

 

Podría pensarse que cinco Puertas Grandes convierten Las Ventas en un territorio familiar. De Justo asegura exactamente lo contrario. Cuantas más tardes acumula en Madrid, cuanto mayor es su historia en la plaza y cuanto más tiene que defender, mayor es el peso que siente cuando cruza el patio de cuadrillas. «Pesa cada vez más. Cada vez que uno hace el paseíllo en Madrid pesa más porque aumenta la exigencia y también aumenta tu propia autoexigencia».

 

La razón está en todo lo que se decide en apenas unos minutos delante de un toro. «Sabes la importancia y la repercusión que tiene una actuación en Madrid, para bien y para mal. Te juegas siempre muchas cosas importantes en esa plaza: el prestigio, tu imagen, muchas cosas».

 

Y entonces deja una de las reflexiones que mejor explican su relación actual con Las Ventas: «Cada vez que uno hace el paseíllo en Madrid es un examen de oposición». Ni cinco Puertas Grandes, ni los años transcurridos, ni una posición consolidada permiten vivir de rentas. «Creo que cada vez pesa más y la responsabilidad es más grande».

 

Madrid llega después de muchos meses de temporada, kilómetros, hoteles, entrenamientos y tardes de máxima responsabilidad. De Justo admite el desgaste que produce una campaña completa, aunque asegura que su cabeza continúa respondiendo cuando llega septiembre. «Las temporadas pesan porque al final el desgaste mental y físico es grande. Están los viajes, tener que ponerte delante del toro, resolver muchas cosas que van sucediendo… Todo eso es una mezcla de situaciones que van agotándote mentalmente».

 

Su experiencia, sin embargo, juega ahora a favor. Está acostumbrado a llegar toreando hasta bien entrado octubre y, según reconoce, tradicionalmente ha encontrado buenas sensaciones precisamente en el último tramo. «Gracias a Dios, mis temporadas han sido largas. Siempre he terminado a mediados de octubre, en ferias importantes, y se me ha dado bien el final de temporada».

 

Más que acusar cansancio, siente que llega rodado. «Cuando llega septiembre suelo encontrarme en un momento bonito, vengo rodado, seguro y convencido de lo que quiero. Luego también tiene que entrar un poquito la suerte en juego y que las cosas vengan de cara».

 

Por eso descarta que exista desgaste emocional ante los últimos compromisos. «No me siento cansado ni desgastado». El desgaste físico, admite, «es lógico», pero insiste: «A nivel de ilusión y mentalmente me encuentro en un momento bueno siempre por estas fechas». Y Madrid tampoco será el punto final. Después quedarán otros compromisos importantes antes de guardar definitivamente los trastos.

 

«Son citas muy bonitas y pueden pasar cosas importantes para rematar y abrochar una temporada». En ese último tramo concede también especial importancia a plazas que necesitan el compromiso de los toreros consolidados. Habla con particular cariño de Jaén: «Es una plaza que me encanta porque tiene una afición extraordinaria. Siempre me han tratado con muchísimo cariño y respeto».

 

Para De Justo, acudir a esos escenarios cuando otros compañeros ya han cerrado sus temporadas forma parte también de la responsabilidad adquirida con los años. «Creo que tenemos que tirar para adelante con ese tipo de aficiones y plazas que han tenido y tienen tanta historia. Hay compañeros que a esas alturas de octubre deciden terminar antes y no seguir toreando, pero para mí estar en una feria como Jaén es un compromiso que siempre afronto con muchísima responsabilidad».

 

Y vuelve finalmente al punto de partida. Sevilla ya ha quedado atrás. Madrid espera. Un año después de la quinta Puerta Grande. Con Victoriano del Río nuevamente enfrente. Con dos toreros jóvenes al lado. Y con la certeza de que nada de lo ocurrido anteriormente servirá cuando se abra la puerta de toriles.

 

«Lo importante es que las cosas que uno haga tengan importancia y que la gente las sepa ver», concluye. No pide más. Ni tampoco menos. «Lo vamos a intentar con ilusión, con mucha pasión y esperando tener la suerte un poquito de cara para terminar una temporada importante por todo lo alto».





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