Mérida, Septiembre Martes 29, 2026, 09:38 pm
Pablo
López Rioboo
CULTORO
Emilio
de Justo regresa este sábado a Las Ventas. Y no es una vuelta cualquiera. El
extremeño hará el paseíllo en la tercera de la Feria de Otoño exactamente un
año después de abrir por quinta vez en su carrera la Puerta Grande de Madrid.
Lo hará, además, frente a los toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés, la
misma casa ganadera con la que alcanzó aquel triunfo y tantos otros de su
carrera, en un cartel de marcada competencia junto a Víctor Hernández y Marco
Pérez, que confirmará la alternativa. De Justo llega a la cita después de dejar
el pasado sábado una actuación de peso en Sevilla, donde cortó una oreja a su
primero de Jandilla y salió reforzado por las sensaciones de una tarde que
considera «interiormente importante».
Madrid
aparece otra vez en el camino de Emilio de Justo cuando septiembre deja paso a
octubre y la temporada entra en ese tramo en el que cada tarde puede modificar
el balance de todo un año. Pero antes de mirar hacia Las Ventas, el cacereño
todavía saborea lo ocurrido el pasado sábado en la Real Maestranza de Sevilla.
Allí compartió cartel con Roca Rey y Pablo Aguado ante una corrida de Jandilla
y cortó una oreja al primero de su lote en una tarde en la que Aguado terminó
abriendo la Puerta del Príncipe. «Fue una tarde importante, la verdad. Creo que
la gente disfrutó mucho de la corrida», asegura De Justo. Y no esconde su
alegría por el triunfo de Pablo Aguado: «Pablo estuvo genial. Fue una tarde
soñada para él y me alegro mucho».
Pero
su análisis se detiene especialmente en su propia actuación. Aquel primer toro
de Jandilla le exigió encontrar el camino y Emilio decidió apostar por una mano
izquierda que, desde el tendido, podía no parecer inicialmente la más evidente.
Él lo tuvo claro desde la cara del animal. «Lo veía mejor por el lado izquierdo
porque las dos veces que me hizo el feo fue por el pitón derecho. Incluso
llevándolo al caballo se me quedó un poquito encima por ahí. Por el izquierdo
veía que obedecía mejor», explica.
No
fue, sin embargo, un toro para atacarlo desde el primer muletazo. De Justo
entendió que debía construirlo poco a poco, administrar sus tiempos y aumentar
progresivamente la exigencia. «El pitón izquierdo tenía más obediencia y más
franqueza, aunque tenía sus teclas. Al principio había que construirlo un poco,
no apretarlo mucho. De mitad de faena hacia delante ya le dejé más la muleta en
la cara y lo apreté para que aquello tuviera más intensidad».
Una
faena que acabó teniendo importancia y que le permitió cortar una oreja. «No es
fácil con el primer toro meter a la gente así», reconoce. Con el cuarto, sin
embargo, la historia cambió cuando el animal terminó rajándose justo cuando la
faena comenzaba a tomar vuelo. «Fue una pena porque había arrancado la música y
le había pegado una tanda buena con la derecha. Cuando quise exigirle un poco
más se rajó». Pese a ello, la sensación con la que abandonó la Maestranza fue
positiva. Y, sobre todo, íntima. «Me vine satisfecho porque fue una tarde para
mí interiormente importante».
De
Justo también concede especial valor a la corrida de Jandilla y al conocimiento
que ha acumulado sobre una ganadería que considera situada en un momento
extraordinario. «Jandilla creo que es una de las mejores ganaderías que hay ahora
mismo». Y añade: «Ha hecho una temporada muy buena. Es un toro muy importante y
muy exigente; no es nada fácil de torear porque tiene bravura y tiene casta,
pero también tiene entrega».
Esa
combinación, sostiene, eleva la dimensión de cuanto ocurre delante del animal.
«Cuando un toro tiene entrega en la embestida, aquello adquiere un nivel
importante en todo, también en el toreo que le hagas». Y distingue los
diferentes registros que ofreció la corrida sevillana: hubo ejemplares de
embestidas «más suaves, más aplomadas y con más ritmo», mientras otros
exigieron «colocarte, engancharlos y tocar determinadas teclas».
Sevilla
cerró así para Emilio de Justo una temporada de dos comparecencias. No llegó
esa Puerta del Príncipe que continúa figurando entre sus grandes aspiraciones,
pero el extremeño se niega a convertirla en una obsesión. «Uno sueña con lo que
le ocurrió a Pablo, claro. Abrir la Puerta del Príncipe y conseguir un triunfo
redondo. Pero tampoco voy obsesionado con eso a Sevilla porque sé que tiene que
ser consecuencia de una actuación redonda, de que todo fluya, de que te
embistan los toros y de que los mates bien. Tienen que darse muchas
circunstancias».
Por
eso su filosofía es otra: «Lo más importante es ir con ilusión, preparado, con
pasión por dar lo mejor de ti y luego no esperar nada. Darlo tú todo y
aprovechar lo que vaya viniendo». Y reivindica también esos triunfos que no
terminan necesariamente con tres orejas o una salida a hombros. «Parece que
ahora, si un triunfo no es de tres orejas o de dos orejas a un toro, no es un
triunfo. Pero toda la vida cortar una oreja en Sevilla o dar una vuelta al
ruedo importante y con peso ha servido para mantener el crédito y darle a un
torero la importancia que tiene».
Por
eso considera que su actuación del sábado puede tener consecuencias más allá de
la estadística. «Creo que fue un toque de atención bonito y una actuación que
los aficionados han valorado mucho. De cara al año que viene y a volver a
Sevilla, creo que es importante».
«Madrid es otro puerto de montaña»
Con
ese impulso viaja ahora hacia Madrid. Las Ventas vuelve a aparecer apenas unos
días después de Sevilla y en unas circunstancias especialmente significativas
para su carrera.
El
3 de octubre de 2025, Emilio de Justo abrió por quinta vez la Puerta Grande de
Las Ventas después de cortar las dos orejas a ‘Diamante’, de Victoriano del
Río, tras sobreponerse a una fortísima voltereta sufrida con el primero de su
lote. Un año después, prácticamente fecha por fecha, vuelve al mismo escenario
y nuevamente frente a toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés. «Ahora
vengo con una moral muy bonita, muy buena, después de estar bien en Sevilla y
de que las cosas hayan salido bien», reconoce. Pero la satisfacción no rebaja
un ápice la consideración que tiene de la plaza madrileña.
«Madrid
es otro puerto de montaña importantísimo a final de temporada para tratar de
rematar por todo lo alto una temporada importante». Y continúa: «Madrid ha sido
una plaza que me lo ha dado todo, pero la exigencia y la responsabilidad son
grandísimas». Por eso no quiere vivir del recuerdo de las cinco Puertas Grandes
anteriores ni presentarse ante Madrid esperando que la historia se repita. «Un
torero tiene que ir con la mente sabiendo dónde va. Madrid no es una plaza
fácil para triunfar ni para puntuar».
Su
planteamiento vuelve a ser el mismo que expresó al hablar de Sevilla:
desprenderse de cualquier expectativa externa. «Hay que ir sin esperar nada de
nadie, ni de los toros ni de nada. Tratar de poner tu entrega, tu actitud y tu
manera de sentir el toreo. Si aquello tiene que estar para uno, estará; y si
no, será otro día». Pero algo ha cambiado después de Sevilla. Las sensaciones
son otras. «Creo que llego en un momento bonito, en un momento importante de mi
temporada y con mucha fe en que puedan rodar las cosas bien».
Victoriano del Río, una ganadería
ligada a sus grandes tardes en Madrid
El
destino ha querido que el regreso se produzca nuevamente con Victoriano del
Río. No es una divisa cualquiera en la trayectoria venteña de Emilio de Justo.
Él mismo recuerda un dato que alimenta inevitablemente la ilusión: «Tengo dos
Puertas Grandes con esa ganadería en Madrid».
«Es
una ganadería que en Madrid todos sabemos la trayectoria que tiene y la
importancia grandísima que ha tenido, con tantos toros importantes», señala el
extremeño. «Yo tengo dos Puertas Grandes con esa ganadería en Madrid y uno
afronta una tarde así con mayor moral si cabe por la hoja de servicios que
tiene Victoriano en esa plaza».
De
Justo sabe que el pasado no garantiza absolutamente nada. Pero tampoco renuncia
al estímulo que supone volver a encontrarse con una divisa ligada a algunos de
los capítulos más importantes de su carrera. «Es una de las ganaderías con las
que más toreros han triunfado y han salido por la Puerta Grande. Siempre existe
esa fe en que pueda ocurrir de nuevo».
Y
enseguida introduce el matiz: «Pero sin obsesión. Creo que hay que afrontar las
cosas con la cabeza muy limpia y, sobre todo, muy despejada. La ilusión y la actitud
que lleves a la plaza van a marcar mucho».
Marco Pérez, Víctor Hernández y el
relevo que aprieta
El
cartel añade otro componente. Emilio de Justo será el torero de mayor
experiencia de una terna completada por Víctor Hernández y Marco Pérez. Para este
último será, además, una fecha fundamental: confirmará su alternativa en
Madrid. De Justo recibe con especial satisfacción la responsabilidad de
participar en esa ceremonia. «Me hace ilusión y me siento orgulloso de poder
confirmar la alternativa a un torero que tiene una proyección enorme y que ha
demostrado este año que ha hecho una grandiosa temporada», afirma sobre Marco
Pérez. «Es uno de los toreros jóvenes con más proyección y que tiene mucho que
decir en el toreo».
También
dedica palabras especialmente afectuosas a Víctor Hernández, con quien ya ha
compartido tardes importantes y al que considera especialmente identificado con
la sensibilidad de Las Ventas. «Es un torero al que admiro muchísimo y al que
tengo mucho cariño. Por su concepto y por su manera de sentir el toreo también
es un torero muy de Madrid».
La
conclusión le surge casi sola: «Creo que puede ser una tarde interesante y que
pueden pasar cosas bonitas». Pero detrás del respeto existe también la
competencia. De Justo lleva casi dos décadas de alternativa y sabe
perfectamente lo que significa ocupar ahora el lugar del torero consolidado
frente a una generación que llega reclamando sitio.
«Todo
va renovándose. Cada año van saliendo toreros nuevos, triunfadores,
competencias… Pasan los años y las temporadas y nosotros tenemos que ser
capaces de mantenernos ahí, de aguantar el tirón, de mantener nuestro estatus
de torero importante y de seguir estando en las grandes ferias».
No
lo contempla como una amenaza, sino como una parte imprescindible de la propia
Tauromaquia. «Ese relevo que viene detrás es importante para que todo esto siga
regenerándose». Y se incluye ya, sin complejos, entre quienes deben defender
una posición conquistada durante años: «Uno ya va cumpliendo años de alternativa.
Ya no soy un niño, llevo tiempo en el toreo y tengo que afrontar este tipo de
tardes sabiendo que vienen todos los de detrás. Hay que respetarlos y hay que
aplicarse muchas veces».
«Cada paseíllo en Madrid es un
examen de oposición»
Podría
pensarse que cinco Puertas Grandes convierten Las Ventas en un territorio
familiar. De Justo asegura exactamente lo contrario. Cuantas más tardes acumula
en Madrid, cuanto mayor es su historia en la plaza y cuanto más tiene que
defender, mayor es el peso que siente cuando cruza el patio de cuadrillas.
«Pesa cada vez más. Cada vez que uno hace el paseíllo en Madrid pesa más porque
aumenta la exigencia y también aumenta tu propia autoexigencia».
La
razón está en todo lo que se decide en apenas unos minutos delante de un toro.
«Sabes la importancia y la repercusión que tiene una actuación en Madrid, para
bien y para mal. Te juegas siempre muchas cosas importantes en esa plaza: el
prestigio, tu imagen, muchas cosas».
Y
entonces deja una de las reflexiones que mejor explican su relación actual con
Las Ventas: «Cada vez que uno hace el paseíllo en Madrid es un examen de
oposición». Ni cinco Puertas Grandes, ni los años transcurridos, ni una
posición consolidada permiten vivir de rentas. «Creo que cada vez pesa más y la
responsabilidad es más grande».
Madrid
llega después de muchos meses de temporada, kilómetros, hoteles, entrenamientos
y tardes de máxima responsabilidad. De Justo admite el desgaste que produce una
campaña completa, aunque asegura que su cabeza continúa respondiendo cuando
llega septiembre. «Las temporadas pesan porque al final el desgaste mental y
físico es grande. Están los viajes, tener que ponerte delante del toro,
resolver muchas cosas que van sucediendo… Todo eso es una mezcla de situaciones
que van agotándote mentalmente».
Su
experiencia, sin embargo, juega ahora a favor. Está acostumbrado a llegar
toreando hasta bien entrado octubre y, según reconoce, tradicionalmente ha
encontrado buenas sensaciones precisamente en el último tramo. «Gracias a Dios,
mis temporadas han sido largas. Siempre he terminado a mediados de octubre, en
ferias importantes, y se me ha dado bien el final de temporada».
Más
que acusar cansancio, siente que llega rodado. «Cuando llega septiembre suelo
encontrarme en un momento bonito, vengo rodado, seguro y convencido de lo que
quiero. Luego también tiene que entrar un poquito la suerte en juego y que las
cosas vengan de cara».
Por
eso descarta que exista desgaste emocional ante los últimos compromisos. «No me
siento cansado ni desgastado». El desgaste físico, admite, «es lógico», pero
insiste: «A nivel de ilusión y mentalmente me encuentro en un momento bueno
siempre por estas fechas». Y Madrid tampoco será el punto final. Después
quedarán otros compromisos importantes antes de guardar definitivamente los
trastos.
«Son
citas muy bonitas y pueden pasar cosas importantes para rematar y abrochar una
temporada». En ese último tramo concede también especial importancia a plazas
que necesitan el compromiso de los toreros consolidados. Habla con particular
cariño de Jaén: «Es una plaza que me encanta porque tiene una afición
extraordinaria. Siempre me han tratado con muchísimo cariño y respeto».
Para
De Justo, acudir a esos escenarios cuando otros compañeros ya han cerrado sus
temporadas forma parte también de la responsabilidad adquirida con los años.
«Creo que tenemos que tirar para adelante con ese tipo de aficiones y plazas
que han tenido y tienen tanta historia. Hay compañeros que a esas alturas de
octubre deciden terminar antes y no seguir toreando, pero para mí estar en una
feria como Jaén es un compromiso que siempre afronto con muchísima
responsabilidad».
Y
vuelve finalmente al punto de partida. Sevilla ya ha quedado atrás. Madrid
espera. Un año después de la quinta Puerta Grande. Con Victoriano del Río
nuevamente enfrente. Con dos toreros jóvenes al lado. Y con la certeza de que
nada de lo ocurrido anteriormente servirá cuando se abra la puerta de toriles.
«Lo
importante es que las cosas que uno haga tengan importancia y que la gente las
sepa ver», concluye. No pide más. Ni tampoco menos. «Lo vamos a intentar con
ilusión, con mucha pasión y esperando tener la suerte un poquito de cara para
terminar una temporada importante por todo lo alto».