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Por Néstor Abad Sánchez

Centenario del padre Pernía (1/9)

El padre Pernía patrimonio espiritual y reserva moral. Transcendencia de un Centenario por Néstor Abad Sánchez



Centenario del padre Pernía (1/9)

El padre Pernía patrimonio espiritual y reserva moral. Transcendencia de un Centenario por Néstor Abad Sánchez

“El padre Pernía fue hombre sabio, culto y santo” (…) “Fue sacerdote ejemplar y modelo para las nuevas generaciones de presbíteros”

 

Cardenal Baltazar Porras Cardozo, en: La Religión Digital, 22/6/2017

 

Aunque para este humilde pecador el padre Pernía fue y seguirá siendo por siempre en vida y después de muerto un Santo varón bailadorense. Honra y prez del clero venezolano. Y esto coincide con el sentir de más del 70% de las 40 personas que entrevisté entre Mesa de Quintero, Bailadores, Lagunillas, San Juan y Mérida para el documental que próximamente la familia Pernía - Belandria lanzará con motivo de su centenario (1929 -6 de octubre- 2026)

 

A escasos 9 días de tan magna fecha y ante un silencio que debería ser vocerío a los cuatro vientos, trataré en nueve crónicas seriadas al estilo novenario mostrar su vida ejemplar en las múltiples facetas que desplegó durante 66 años, 5 meses y 3 días de sacerdocio, consagrando 48 años de su generosa existencia al servicio de la iglesia y las comunidades de: Santa Cruz de Mora (1951); Canaguá (enero, 1952); San Cristóbal de Torondoy, atendía también a Palmira en los límites del municipio Montecarmelo - Trujillo, Piñango y Arapuey (1953-1956); Bailadores (junio, 1956-1964); Lagunillas (1964-1968); Secretario del Arzobispado (1968-enero,1971 se enfermó); San Juan de Lagunillas (1972-1980) y nuevamente Bailadores (octubre,1980-1998), dejando a su paso en cada lugar la impronta de su preocupación por el bienestar socio comunitario y hacer proactivo con obras y proyectos de interés social, que aún perduran o están por concluir.

 

Ahora bien, uno se pregunta: ¿Cuáles fueron los valores cristianos que encarnó el Padre Ramón Emilio Pernía (1926-2017) para que ahora su causa de beatificación y santidad sea considerada viable? Fundamentado en los testimonios de su vida pastoral y legado aportados por quienes lo conocieron o vivieron de cerca su accionar trataré de dar respuesta:

 

A pesar de su erudición, vasta cultura y condición de decano del clero merideño al momento de su muerte en 2017, siempre vivió de forma sobria, tenía para lo esencial y nunca atesoró riqueza alguna más allá de sus libros, lo cual constituye un verdadero ejemplo de humildad y sencillez caracterizado por un trato cercano con los feligreses más humildes, sin buscar honores ni distinciones terrenales. Cuando llega a San Juan en 1972, la gente lo recibió con ofrendas y primicias, pero al terminar la misa les dijo que por favor se las llevaran que ellos las necesitaban más. A una señora que le llevó una gallina le preguntó: “Usted cuantos hijos tiene” y a lo que la señora le respondió: “-9 hijos padre”, de inmediato se metió la mano al bolsillo y le extendió un billetico de 10 bolívares para que comprará carne y le hiciese un sancocho a sus hijos.

 

Ante la posterior afectación de sus cuerdas vocales -una dura prueba para un sacerdote cuya misión es predicar- no cayó en el lamento ni en la desmoralización lo que demuestra su resiliencia y aceptación de la voluntad Divina. Ese percance fue producto del  golpe de una piedra en la cabeza que se desprendió cuando inspeccionaba el tramo del acueducto de Betijoque en Mariño, Bailadores de más de 20 kilómetros que construyó con los pobladores. Por el contrario, reorientó su ministerio hacia el silencio del confesionario, demostrando una profunda fe y capacidad de adaptación. Al igual sucedió cuando murió su hermana Ana Teresa en el 2010, que con la mayor resignación sólo se atrevió a escribir “he quedado huérfano de madre una vez más”.

 

Su vida giraba en torno a la Eucaristía y al sacramento de la reconciliación, por ello dedicó incontables horas a escuchar y aconsejar a los fieles en el confesionario, siendo un canal de la misericordia divina hasta sus últimos días, haciendo de la piedad y la devoción sacramental un instrumento de acercamiento. Era que confesarse con el padre Pernía iba más allá de un acto de fe. Recuerdo y vi en reiteradas ocasiones estando en la iglesia o por la calle con él como se le acercaban señores mayores y se arrodillaban para decirle: “su bendición padre”, eso lo hacía sentir incómodo y una vez que los bendecía los ayudaba a levantar con sus manos. Eso a mí me enternecía, al ver y sentir un respeto absoluto ante el padre, mientras uno le jugaba algunas bromas.

 

Una de sus mayores virtudes es que nunca hizo esperar a nadie y ejerció un desprendimiento absoluto ante los bienes materiales. Su prioridad fue siempre el bienestar espiritual y el acompañamiento constante de las comunidades donde ejerció. Me contaron en San Juan que nunca lo vieron sin su ropa de sacerdote y si alguien llegaba a buscarlo para darle la comunión a un enfermo, dejaba lo que estaba haciendo: leyendo o comiendo para salir con prontitud. Tampoco aceptaba pago alguno por ese servicio, su magisterio estuvo signado por la caridad y el servicio desinteresado.

 

Mantuvo una obediencia y un compromiso inquebrantables con su Diócesis y sus superiores durante los 66 años, 5 meses y 3 días de servicio sacerdotal, convirtiéndose en un referente moral para las nuevas generaciones de presbíteros en la región, era respetado por todos por la fidelidad a la Iglesia y a sus votos sacerdotales. Debo contar en la brevedad de estas líneas una anécdota que me costó creerla y por eso fuera de cámara durante la entrevista al Cardenal le pregunté si era cierto. Resulta que el cardenal Porras Cardozo recién preconizado obispo auxiliar de Mérida visitó Bailadores y en esa época usaba el pelo un poco largo, estando en la plaza bajaba el padre Pernía que salía de dar misa, al verlo lo saludo y le dijo “Monseñor el ejemplo entra por casa, cortase ese pelo” siguiendo hacia la casa cural. Monseñor hoy cardenal le preguntó a uno de los muchachos que lo acompañaban “Donde hay un barbero cerca porque ahora debo visitar al padre Pernía nuevamente”, cuando el Cardenal me confirmó el episodio de inmediato me señaló que no lo viera como una falta de respeto a la autoridad, porque era que el padre Pernía vivía estrictamente los preceptos sin medias tintas. Eso lo podemos ver al revisar sus apuntes con reflexiones o guías para celebrar la Semana Santa donde demostraba su celo y apego a la doctrina cristiana.

 

Ante estos testimonios, puedo afirmar sin temor a equivocarme que el padre Ramón Emilio Pernía Noguera no cimentó su ejemplo de santidad en grandes discursos o actos extraordinarios de notoriedad pública, sino en lo que la Iglesia suele llamar o considerar la "santidad de lo cotidiano" y el testimonio del silencio. Un sacerdote de pueblo sin ningún espaviento que enseñaba y practicaba con el ejemplo, que son innumerables. El padre Pernía actuaba, no hablaba. Como me dijo un viejito “se arremangaba la sotana y era el primero en tomar el pico o la pala”

 

La vida del padre Pernía se convirtió y debe seguir siendo un referente de santidad o fama sanctitatis para Mérida y la zona del Mocotíes que la podemos considerar en tres vertientes fundamentales: 1. El silencio redentor y la confesión ante las limitaciones que le tocó vivir encontró en el sacramento de la reconciliación su principal altar. Por eso pasaba horas interminables leyendo textos bíblicos, orando o en el confesionario, lo que lo convierte en el rostro de la misericordia y la paciencia divina para miles de personas. Demostrando con su ejemplo que la santidad no necesita de una voz fuerte, sino de un oído atento y un corazón dispuesto a perdonar y servir. 2. La alegría de vivir en la austeridad y desprendimiento absoluto quienes convivieron con él en especial en las parroquias de Bailadores y San Juan, lo recuerdan como un sacerdote santo con una gran paz interior. Vivía con lo estrictamente necesario y hasta en el comer era muy comedido: Desprendido por completo de los lujos materiales. Su alegría no dependía de las comodidades, sino de su unión con Dios, lo que contagiaba una profunda paz a quien se le acercaba. Aunque para el padre Pernía su familia fue lo primero. En 1949  junto a su hermano compró un pequeño terreno en San Pablo, Bailadores para que su papá construyera su casa. Allí vivió también recién casado su hermano José Jesús y al quedar viuda su cuñada Hilda Rosa le consiguió el terreno y le construyó una modesta vivienda para alberge de sus sobrinos. Al establecerse en San Juan se los fue llevando uno por uno para que estudiaran, hoy todos son flamantes profesionales. 3. La perseverancia hasta el final ejerció el sacerdocio incluso en la vejez y la enfermedad hasta sus últimos días orando y dando misa. Su vida estuvo consagrada sin descanso al servicio de Dios y aunque pudo, no buscó el retiro cómodo; se mantuvo como consejero espiritual hasta los 90 años, siendo un testimonio vivo de que el compromiso con Dios es para toda la vida. Con motivo de sus 50 años de vida sacerdotal en el 2000, expresó lo que podemos considerar su Testamento Espiritual: “Abracé la vocación de ser sacerdote con ánimo decidido y alegre… no me faltaron las ansias de encarnar la palabra de Dios; por eso devuelvo al Señor hoy en ofrenda de sacerdocio cumplido y hecho misericordiosamente realidad, lo que Él me ha dado”

 

Hoy a escasos 9 días de su centenario y cuando su causa de beatificación y canonización es una realidad, su legado de santidad es el de un hombre que transformó sus propias limitaciones físicas en una herramienta de amor, cercanía y servicio desinteresado al prójimo. Y quizás no hace falta un decreto oficial del Vaticano para que la gente del campo y de la comunidad lo considere un santo caminando entre ellos. Para el pueblo, el Padre Pernía no solo perdonaba los pecados en nombre de Dios; él cargaba con el peso espiritual de la comunidad. Más allá de una confesión los fieles acudían a él en la búsqueda de palabra sabía en momentos de profunda crisis familiar o personal. La gente salía de hablar con él sintiendo una paz que "no era de este mundo", siendo este un efecto que el pueblo atribuye directamente a las personas santas. Su desinterés y transparencia absoluta sembró en la memoria colectiva la certeza de que era un hombre que ya vivía con los pies en la tierra, pero el corazón en el cielo. A pesar que han pasado 9 años de su muerte su nombre sigue pronunciándose con un profundo respeto y reverencia en los hogares de Bailadores y San Juan, Lagunillas. Se le recuerda en las oraciones familiares y se habla de él a las nuevas generaciones como el ejemplo vivo de lo que debe ser un verdadero sacerdote. Para sus feligreses, el Padre Pernía no murió, sino que pasó a interceder por sus pueblos desde la presencia de Dios. Ante ello elevemos una oración de agradecimiento por el milagro de su vida y por su descanso eterno, acompañada de la súplica: ¡Dios danos muchos sacerdotes como el padre Pernía! Que sean ejemplo vivo y, como él honra y prez del clero merideño y venezolano.

 

Néstor Abad Sánchez

La Abadía, septiembre 28, 2026

Director de Cultura 2005-2021 y Cronista 1991-2000 del municipio Rivas Dávila