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Por Orlando Oberto Urbina

Crónicas memorables

Caraquita Urbina, el que salvaguardó la soberanía nacional por Orlando Oberto Urbina



Crónicas memorables

Caraquita Urbina, el que salvaguardó la soberanía nacional por Orlando Oberto Urbina

bajarigua@gmail.com

adicorazul@gmail.com

 

En memoria de David Núñez Graterol (Davicito), Anita Camarillo y Hermes Navarro

Ay de los tiempos en que tuvimos líderes honestos que nos representaron con dignidad, y que pelearon por la construcción de la democracia. Venezuela no puede ser una sala de espera. Bajo la actual tutela, ¿dónde queda nuestra soberanía? En la Constitución de 1999, dice el artículo 5: “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el poder Público”.  La Constitución de 1953, señalaba en su Artículo 38: “La soberanía reside en el pueblo, quien la ejerce por medio del sufragio y por órgano del poder público”.

La defensa de la soberanía no puede ser una posición exclusiva de un sector, se deben rechazar las injerencias externas de ayer y de hoy. Las injerencias internas buscan poner el ejercicio del poder por encima de la Constitución. Desde la mirada histórica,  escribo sobre un líder con brío, como fue Antonio José Urbina, y a quien cariñosamente se le decía Caraquita Urbina. Junto a otros líderes organizó la huelga estudiantil en 1957 para sacar al general Marcos Pérez Jimenez del poder.

Caraquita Urbina era el jefe de la Juventud comunista (JVC), se enfrentó a la dictadura, y en plena clandestinidad se mantuvo con esa resistencia indomable, y con esa política responsable que le daba el valor y la confianza para agitar y organizar la protesta contra ese régimen oprobioso que presidía el poder en el país. Caraquita Urbina se había destacado como cuadro político y militar del Partido Comunista de Venezuela (PCV), durante los años de resistencia y clandestinidad ante la férrea dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Va a participar en los movimientos de oposición como cuadro operativo del partido comunista. En plena convulsión social y política, Caraquita Urbina va a resistir las torturas y la persecución policial. Sus propios compañeros aún recordaban su carácter estoico debido a su firme apego a la disciplina partidista.

El 13 de Mayo de 1958 fue un día lleno de grandes episodios para Venezuela. Fue de los más violentos de la historia diplomática del país. Ese día marchó una protesta enérgica y decidida a secuestrar al vicepresidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, quien daba apoyo a la dictadura, aún cuando ya se iniciaba la transición democrática con la Junta Patriótica encabezada por el Contralmirante Wolfgang Larrazábal. Nixon iba en una limusina que atravesaba la avenida Sucre de Caracas, mientras se había convocado una protesta por parte de la Federación de Centros Universitarios (FCU) de la Universidad Central de Venezuela (UCV), quien fue el motor principal de la afrenta, junto a los principales liceos públicos de Caracas y las organizaciones políticas; entre ellas, la Juventud Comunista de Venezuela (JCV) y algunos militantes del Partido Comunista. A esta protesta se sumaron líderes de Acción Democrática (AD), Unión Republicana Democrática (URD), los sindicatos y las barriadas populares caraqueñas como Catia y Monte Piedad.

Toda esa protesta ocurrió en rechazo a las políticas económicas de Estados Unidos hacia la región, y en contra del asilo político otorgado a los jerarcas de la dictadura perejimenista. La enardecida protesta interceptó el vehículo donde iban el vicepresidente Richard Nixon y sus acompañantes: doce personas del servicio secreto, y todos armados y dispuestos a disparar. Cuando el desastre nacional se veía venir, la astucia y disciplina de Caraquita Urbina destacaron al detener a tiempo la manifestación, y evitar que agredieran y lincharan al vicepresidente y su comitiva. El país estaba al borde de una invasión. Sin embargo, rompieron los cristales de las  ventanas de la limusina presidencial con piedras, tubos y palos, y por poco se volteaba el vehículo.

Caraquita Urbina intervino lúcidamente con ese liderazgo que poseía. Logró calmar la ira de los protestantes, ya que logró dar a entender que el peligro geopolítico de la situación nos llevaría a consecuencias  incalculables. si se linchaba a Nixon en tierra venezolana. Esa autoridad moral sólo es posible en un líder que escuchaba a las masas, las cuales obedecieron a esa figura carismática y responsable que sabía lo que podía suceder al país.

Aquella situación ponía al gobierno provisional (Junta de gobierno) en apuros y al borde de un conflicto armado, forzándolo a  una rectificación geopolítica de gran magnitud, ya que la reacción militar de Washington fue fulminante: el presidente Dwight Eisenhower no toleró la “agresión”, y en seguida activó un plan de contingencia inmediata ante el peligro de muerte que corría su vicepresidente. Había despliegue de tropas listas; el Pentágono movilizó hacia el Caribe el portaaviones USS Tarawa, ocho destructores y dos buques de asalto anfibio, así como las compañías de infantería marina estadounidense y las fuerzas de asalto, quienes  fueron enviadas a las bases militares de Guantánamo (Cuba) y la de Puerto Rico, listas para ejecutar una incursión militar en Caracas.

Luego de toda esta situación, el gobierno transicional perdió soberanía en seguridad, ya que Estados Unidos exigió que el ejército local tomara las calles tras el incidente. El sector de la Florida fue rodeado y fortificado por militares venezolanos y norteamericanos. La programación del vicepresidente Nixon fue cancelada, y al día siguiente fue sacado del país horas antes de lo previsto al aeropuerto y fue escoltado personalmente por Wolfgang Larrazábal.

Caraquita Urbina se jugó la vida al evitar esa invasión a Venezuela, y las muertes y destrucción que se hubiese causado a la población, y más grave aún: saliendo de una férrea dictadura y en una transición hacia la democracia aún sin forma. Caraquita Urbina, mejor dicho Antonio Jose Urbina, era un hijo de Falcón. Lo conocí en esa empresa radial “La Sierra” FM que fundó en Coro, y que dirigía el amigo y locutor Hermes Navarro y su esposa, la colega periodista Nancy Chirinos. Caraquita tenia un proyecto en la casa de sus padres que estaba ubicada en la calle Comercio, quienes eran vecinos de la familia Saher Eljuri. Ellos eran los padres del joven guerrillero José Manuel Saher, conocido como Chema Saher Eljuri. Caraquita era hombre de estatura pequeña y grandes bríos, valiente y tenaz. Fue cofundador del MAS, y estuvo en el Consejo Supremo Electoral. Luego fue embajador en Suecia. Con estos hechos donde él fue protagonista, se cerró un circulo histórico de hombres y mujeres valientes y luchadores que nos dejaron dignamente una tarea imprescindible de lucha por la democracia y la libertad de Venezuela. Por ello, Caraquita Urbina salvaguardó la soberanía nacional.