Mérida, Octubre Viernes 02, 2026, 01:40 pm
En memoria de David Núñez Graterol (Davicito),
Anita Camarillo y Hermes Navarro
Ay de los tiempos en que tuvimos líderes honestos que nos representaron con
dignidad, y que pelearon por la construcción de la democracia. Venezuela no
puede ser una sala de espera. Bajo la actual tutela, ¿dónde queda nuestra
soberanía? En la Constitución de 1999, dice el artículo 5: “La soberanía reside
intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma
prevista en esta Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y en la
ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el
poder Público”. La Constitución de 1953,
señalaba en su Artículo 38: “La soberanía reside en el pueblo, quien la ejerce
por medio del sufragio y por órgano del poder público”.
La defensa de la soberanía no puede ser una posición exclusiva de un
sector, se deben rechazar las injerencias externas de ayer y de hoy. Las
injerencias internas buscan poner el ejercicio del poder por encima de la
Constitución. Desde la mirada histórica,
escribo sobre un líder con brío, como fue Antonio José Urbina, y a quien
cariñosamente se le decía Caraquita Urbina. Junto a otros líderes organizó la
huelga estudiantil en 1957 para sacar al general Marcos Pérez Jimenez del
poder.
Caraquita Urbina era el jefe de la Juventud comunista (JVC), se enfrentó a
la dictadura, y en plena clandestinidad se mantuvo con esa resistencia
indomable, y con esa política responsable que le daba el valor y la confianza para
agitar y organizar la protesta contra ese régimen oprobioso que presidía el
poder en el país. Caraquita Urbina se había destacado como cuadro político y
militar del Partido Comunista de Venezuela (PCV), durante los años de
resistencia y clandestinidad ante la férrea dictadura de Marcos Pérez Jiménez.
Va a participar en los movimientos de oposición como cuadro operativo del
partido comunista. En plena convulsión social y política, Caraquita Urbina va a
resistir las torturas y la persecución policial. Sus propios compañeros aún
recordaban su carácter estoico debido a su firme apego a la disciplina
partidista.
El 13 de Mayo de 1958 fue un día lleno de grandes episodios para Venezuela.
Fue de los más violentos de la historia diplomática del país. Ese día marchó una
protesta enérgica y decidida a secuestrar al vicepresidente de los Estados
Unidos, Richard Nixon, quien daba apoyo a la dictadura, aún cuando ya se
iniciaba la transición democrática con la Junta Patriótica encabezada por el
Contralmirante Wolfgang Larrazábal. Nixon iba en una limusina que atravesaba la
avenida Sucre de Caracas, mientras se había convocado una protesta por parte de
la Federación de Centros Universitarios (FCU) de la Universidad Central de
Venezuela (UCV), quien fue el motor principal de la afrenta, junto a los
principales liceos públicos de Caracas y las organizaciones políticas; entre
ellas, la Juventud Comunista de Venezuela (JCV) y algunos militantes del
Partido Comunista. A esta protesta se sumaron líderes de Acción Democrática (AD),
Unión Republicana Democrática (URD), los sindicatos y las barriadas populares
caraqueñas como Catia y Monte Piedad.
Toda esa protesta ocurrió en rechazo a las políticas económicas de Estados
Unidos hacia la región, y en contra del asilo político otorgado a los jerarcas
de la dictadura perejimenista. La enardecida protesta interceptó el vehículo
donde iban el vicepresidente Richard Nixon y sus acompañantes: doce personas
del servicio secreto, y todos armados y dispuestos a disparar. Cuando el
desastre nacional se veía venir, la astucia y disciplina de Caraquita Urbina destacaron
al detener a tiempo la manifestación, y evitar que agredieran y lincharan al
vicepresidente y su comitiva. El país estaba al borde de una invasión. Sin
embargo, rompieron los cristales de las
ventanas de la limusina presidencial con piedras, tubos y palos, y por
poco se volteaba el vehículo.
Caraquita Urbina intervino lúcidamente con ese liderazgo que poseía. Logró
calmar la ira de los protestantes, ya que logró dar a entender que el peligro
geopolítico de la situación nos llevaría a consecuencias incalculables. si se linchaba a Nixon en
tierra venezolana. Esa autoridad moral sólo es posible en un líder que escuchaba
a las masas, las cuales obedecieron a esa figura carismática y responsable que
sabía lo que podía suceder al país.
Aquella situación ponía al gobierno provisional (Junta de gobierno) en
apuros y al borde de un conflicto armado, forzándolo a una rectificación geopolítica de gran
magnitud, ya que la reacción militar de Washington fue fulminante: el presidente
Dwight Eisenhower no toleró la “agresión”, y en seguida activó un plan de
contingencia inmediata ante el peligro de muerte que corría su vicepresidente. Había
despliegue de tropas listas; el Pentágono movilizó hacia el Caribe el
portaaviones USS Tarawa, ocho destructores y dos buques de asalto anfibio, así
como las compañías de infantería marina estadounidense y las fuerzas de asalto,
quienes fueron enviadas a las bases
militares de Guantánamo (Cuba) y la de Puerto Rico, listas para ejecutar una
incursión militar en Caracas.
Luego de toda esta situación, el gobierno transicional perdió soberanía en
seguridad, ya que Estados Unidos exigió que el ejército local tomara las calles
tras el incidente. El sector de la Florida fue rodeado y fortificado por
militares venezolanos y norteamericanos. La programación del vicepresidente Nixon
fue cancelada, y al día siguiente fue sacado del país horas antes de lo
previsto al aeropuerto y fue escoltado personalmente por Wolfgang Larrazábal.
Caraquita Urbina se jugó la vida al evitar esa invasión a Venezuela, y las muertes y destrucción que se hubiese causado a la población, y más grave aún: saliendo de una férrea dictadura y en una transición hacia la democracia aún sin forma. Caraquita Urbina, mejor dicho Antonio Jose Urbina, era un hijo de Falcón. Lo conocí en esa empresa radial “La Sierra” FM que fundó en Coro, y que dirigía el amigo y locutor Hermes Navarro y su esposa, la colega periodista Nancy Chirinos. Caraquita tenia un proyecto en la casa de sus padres que estaba ubicada en la calle Comercio, quienes eran vecinos de la familia Saher Eljuri. Ellos eran los padres del joven guerrillero José Manuel Saher, conocido como Chema Saher Eljuri. Caraquita era hombre de estatura pequeña y grandes bríos, valiente y tenaz. Fue cofundador del MAS, y estuvo en el Consejo Supremo Electoral. Luego fue embajador en Suecia. Con estos hechos donde él fue protagonista, se cerró un circulo histórico de hombres y mujeres valientes y luchadores que nos dejaron dignamente una tarea imprescindible de lucha por la democracia y la libertad de Venezuela. Por ello, Caraquita Urbina salvaguardó la soberanía nacional.