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Por Richer Dávila

Encender Mérida desde abajo: una mirada ciudadana a la crisis eléctrica por Richer Dávila



Encender Mérida desde abajo: una mirada ciudadana a la crisis eléctrica por Richer Dávila

No soy ingeniero eléctrico ni especialista en sistemas de potencia. Soy un merideño más que escribe estas líneas entre bajones de luz, que ha visto la angustia de los comerciantes bajando las santamarías antes de tiempo, la comida dañada en las neveras y a nuestros muchachos estudiando a oscuras. Sin embargo, no hace falta un doctorado en energía para comprender una verdad elemental: Mérida no puede seguir paralizada de brazos cruzados, esperando que una solución milagrosa baje desde Caracas mientras la ciudad se apaga lentamente.

 

Es cierto que la red nacional es competencia del poder central, pero entre la resignación colectiva y la excusa del inmovilismo existe un margen de maniobra municipal que estamos ignorando. La “pobreza energética” que padecemos a diario no es únicamente la falta de luz en un bombillo; es el freno al desarrollo educativo, el ahogo de la producción local y una amenaza directa a la salud de nuestras familias.

 

Viendo las cosas con el simple sentido común de un ciudadano, las alternativas están a la vista. Si Mérida cuenta con la ventaja envidiable de la Universidad de Los Andes (ULA), ¿por qué no aliarnos con el talento de sus facultades para diseñar microredes fotovoltaicas y auditar el consumo local? Si los comerciantes e industrias de arterias clave como las avenidas Las Américas, la Urdaneta o los viaductos hacen malabares para mantenerse a flote, ¿por qué la alcaldía no aplica incentivos en el impuesto municipal (ISAE) a quienes inviertan en autogestión solar?

 

No se trata de vender ilusiones ni de prometer milagros de la noche a la mañana. Se trata de priorizar donde más duele: impulsar ordenanzas que permitan, promuevan y orienten la organización comunal y comercial para producir, gestionar y utilizar energías limpias bajo reglas democráticas, generando beneficios ambientales, económicos y sociales para nuestro entorno.

 

Asimismo, es necesario migrar hacia un alumbrado público impulsado por paneles solares en calles, parques y avenidas. Aprovechar la radiación solar para iluminar la ciudad no solo reducirá la dependencia de la red eléctrica convencional, sino que devolverá la seguridad y la dinamización económica a nuestros espacios públicos.

 

El municipio Libertador reúne la geografía favorable, la academia de vanguardia y la urgencia histórica para tomar la iniciativa. No esperemos a que nos devuelvan la luz desde el centro del país: hagamos de Mérida el primer municipio energéticamente autosuficiente de Venezuela. El sol merideño sale para todos; solo nos falta la voluntad política y ciudadana para iluminar el camino.

 

Apostar por la tecnología solar no podrá ser únicamente una medida paliativa cuando la gestión municipal decida actuar; tendrá que convertirse en el cimiento de una transformación cultural profunda para Mérida. Si el gobierno local asume la transición energética como una verdadera visión de ciudad, la tecnología se transformará en pedagogía ciudadana.

 

Cada panel que se instale a futuro en una escuela municipal, cada espacio público iluminado con energía limpia y cada incentivo a la autogestión le recordarán al merideño que la responsabilidad ambiental es un pilar de soberanía local. Convertir el sol en nuestro aliado no solo nos librará del colapso; sentará las bases de una Mérida resiliente, sustentable y capaz de definir su propio futuro.

 

¡Por la Mérida que nos pertenece, lo haremos bien!