Mérida, Octubre Domingo 04, 2026, 02:49 pm
Si bien la unidad del país es necesaria, también es
inevitable que en estos tiempos de mengua e inmoralidad se dirima
democráticamente el viejo modelo partidista y sus alcances frente a la sociedad
civil negada al continuismo, siempre tomada en la historia republicana de
Venezuela como un instrumento subordinado y de aprobación permanente de un
sistema que colapso.
El gran cambio político duradero no puede fundamentarse bajo
ningún concepto de modernidad y transformación exclusiva y forzadamente en los
partidos; sin temor a equivocarme, se gesta en las grietas de la sociedad que
responsablemente decide organizarse.
Para romper una hegemonía partidista, la ciudadanía debe
dejar de ser una mera espectadora electoral para convertirse en el actor
estratégico fundamental de la reconstrucción nacional y en el muro de
contención que evite el avance inmoral del continuismo anclado en el viejo
modelo de estado de poder centralizado, soporte históricamente comprobado del
militarismo y presidencialismo exacerbado.
Para lograrlo, el primer paso es la reconstrucción del tejido
social. Toda hegemonía se alimenta de la fragmentación y la polarización
deliberada, que neutraliza la capacidad de respuesta de la población. Restaurar
la confianza interpersonal y tejer alianzas transversales es vital.
El contacto permanente con los diferentes sectores de la
maltratada sociedad venezolana nos permite concluir que el crear puntos de
encuentro en todos los niveles propulsa la consolidación de este modelo de
integración social que hoy proponen e instauran ciudadanos preocupados y
ocupados de este tema medular que genera
grandes expectativas en la población y porque no decirlo también preocupación
en las estructuras político partidistas exasistentes que se niegan a renovarse
o reinventarse a pesar de la precariedad institucional en que se encuentran.
los referentes políticos en este país desaparecieron por la
ineficacia demostrada y aquellos que pretenden emerger en medio del caos
social, político y económico se fundamentan en el pasado y sus viejas
estrategias que evidentemente no son del agrado de quienes esperan otra cosa.
El pueblo venezolano en medio de la precariedad económica y
la falta de respuesta de quienes gobiernan y negocian el futuro del país de
manera inconsulta comienza a construir alternativas organizativas en todo el
territorio nacional.
Comienzan a emerger liderazgos provenientes de los sectores populares,
gremiales, sindicales y muchos otros cuya premisa, por razones obvias, es no
darle carácter partidista a las propuestas e iniciativas que persigan el bienestar
de la gente.
Se abre a mi entender una sana y necesaria competencia entre gobernados
y gobernantes circunstanciales, que tendrá como resultado final a corto plazo el
que la sociedad venezolana asuma una responsabilidad histórica en el diseño del
país que queremos, por encima de la manipulación, el control y el abuso del
poder impuesto y a todas luces ilegalmente aun constituidos y en ejercicio de
los poderes públicos.
Las miles de organizaciones sociales que hacen vida en el
país y el exterior deben continuar la tarea de agruparse de la manera que les
sea posible, para vencer y conquistar los espacios necesarios que permitan un
control ciudadano sobre el ejercicio del poder y la función publica en todos
sus niveles y que logren el rescate y correcto funcionamiento de las
instituciones.
Todo este marasmo creado por los sectores políticos
dominantes, complacientes y en su mayoría ineficientes, además de improductivos
e ineficaces, todos visibles y evaluados en las últimas décadas, serán
finalmente suplidos y concertadamente desplazados para adaptarlo a un estado
moderno de poder descentralizado impulsado y consolidado por la fuente de las
leyes, el soberano pueblo venezolano. Ese es el único camino para transformar a
Venezuela.
La educación para alcanzar conciencia ciudadana debe
fomentarse y diseminarse para como un objetivo principal, fuera de la diatriba
político partidista y electoral. Un nuevo pacto social se construirá en un gran
debate nacional utilizando las nuevas tecnologías de comunicación e interacción
mientras este periodo de tutelaje y tutelados cumplen su papel, que obviamente
es transitorio, con una fecha de caducidad que se fijara en el momento en que
se establezca una fecha para las elecciones con las condiciones necesarias de
transparencia.
La sociedad civil debe aprovechar este tiempo indeterminado
para crear el musculo necesario que la libere de la imposición, el negociado y
las componendas rudimentarias tradicionales que en cada evento electoral
dividen a los venezolanos.
La tarea de lograr unificar a la poderosa y mayoritaria
sociedad civil deberá ir acompañado de la construcción de un instrumento
electoral liberador que permita su participación en las contiendas electorales
sin traumas trabas, ni objeciones de acuerdo a la normativa vigente la cual, por cierto, debe reformarse
profundamente en su debido momento, luego de ser debatida de abajo hacia arriba
y no impuesta o maquillada de arriba hacia abajo.
Esta desbanda social por alcanzar la libertad, recuperar la
economía familiar, obtener buenos servicios públicos y por romper el yugo de
las prácticas políticas de vieja data, en un proceso innovador liderado por
hombres y mujeres de bien, que impulsan en la teoría y en la practica el diseño
de la nueva Venezuela, está destinada al éxito rotundo, pues es el pueblo quien
finalmente tomara en sus manos las riendas de su propio destino, el de sus
familias y construirá el camino seguro para las próximas generaciones. Es el
momento.