Mérida, Octubre Jueves 08, 2026, 11:43 am
Desde siempre caminó con la gente sin que el Papa se lo ordenara
“La Iglesia
o es sinodal o no es Iglesia”
Así explica el Papa Francisco el ´caminar juntos´. Canadá, 29 de julio de 2022
Tal como prometí dedicar el último artículo (9/9) del novenario literario en homenaje al Pbro. Ramón Emilio Pernía Noguera (1926-2017) en el Centenario de su Nacimiento (1926 -6 de octubre- 2026) para tratar un tema que sintetiza todo su accionar, testimonios de un sacerdocio comprometido con el pueblo y un legado materializado en obras que aún perduran para el uso común; ya que encarnó un pastor que entendió a la Iglesia como un pueblo en marcha, donde las decisiones y la vida comunitaria se construyen en conjunto; si no de la mano, en el “caminar juntos”. Tres frases de su ideario constatan como su visión pastoral se adelantó a la propuesta sinodal de nuestro tiempo, con un legado vanguardista que antecedió que el futuro de la fe estaba en la acción comunitaria:
1) “…El verdadero Dios, el Dios viviente (no los ídolos que inventamos) es infinitamente sabio. Quiere educarnos como al pueblo bíblico. Jamás es un alcahuete de nuestra pereza y desunión" (La lucha pro-riego de Lagunillas y San Juan, enero 1971), aquí propone la necesidad de la corresponsabilidad laical para dejar de lado el paternalismo religioso. Para él estaba claro que Dios no avala la inacción y que la fe traducida en el compromiso comunitario por el bien común requería de un laicado activo, organizado y responsable de su propia realidad.
2) “Si de veras creemos en Dios no pensemos que quiere que vivamos en el marasmo, en la pereza, en la desunión, en el egoísmo en fin. Dios repudia el egoísmo pecador, único culpable de todo el mal del mundo. Según la frase sublime que nos condensa toda la Biblia, Dios es amor. La prueba asombrosa y viva de esto es Jesucristo dado a los hombres para guiarlos a una tierra nueva, insospechada…" (La lucha de Lagunillas, c.1972), ha pasado un año y aquí profundiza en esta misma lucha social de “La pica de Río Blanco” de forma más teológica, advirtiendo que el verdadero pecado es el egoísmo que divide y frena por muy buenas que sean las iniciativas. Por eso coloca a Jesucristo como el guía de una comunidad que camina unida, tal cual lo propone la sinodalidad para avanzar en la fraternidad.
3) “…Los primeros cristianos tuvieron plena conciencia de que la verdadera morada de Dios entre los hombres no es el templo material, casa de la comunidad de los fieles, sino la persona misma del Resucitado, y con El la asamblea cristiana y cada uno de los fieles de Cristo” (Carta circular a los fieles. Bailadores, 9 de septiembre de 1991) y por último es esta misiva dirigida a los fieles de bailadores, ya con un pensamiento más profundo y quizás alineado con las reformas actuales y en un momento cuando la Iglesia se identificaba más con el templo y la jerarquía el padre Pernía nos recuerda que el verdadero templo vivo es la asamblea cristiana. La Iglesia no son las paredes, es su gente, allí está la esencia de la Iglesia sinodal: una comunidad en salida, donde cada fiel es portador de la presencia de Cristo y donde el encuentro comunitario prevalece sobre la estructura material. Más claro imposible.
El padre Pernía fue un auténtico adelantado a su tiempo, no como un teórico de la sinodalidad sino como un practicante en Bailadores, Lagunillas y San Juan, con un estilo pastoral que encarna a la perfección con los tiempos actuales y lo propuesto por primera vez por el Papa Francisco el 17 de octubre de 2015, durante la conmemoración del 50° de la institución del Sinodo de los Obispos, como el "caminar juntos", escuchar a las bases, dar protagonismo a los laicos, salir a las periferias y construir comunidad desde la cercanía y no desde el autoritarismo. ¡Acaso esto no fue lo que hizo el padre Pernía como principios y forma de vida en sus 66 años, 5 meses y 3 días de sacerdocio, antes de que se convirtieran en el eje central de la agenda eclesial global!
En tal sentido, redescubrir o revalorizar su pensamiento a 100 años de su nacimiento no es sólo un mero ejercicio de memoria histórica, sino un mapa de ruta para que las nuevas generaciones de sacerdotes vean en su ejemplo vivo la mejor manera de seguir construyendo una Iglesia más comunitaria, participativa y comprometida con su pueblo. Aunque decirlo es fácil, hacerlo es lo difícil.
Lo que debemos ver es que el padre Pernía mantuvo siempre esa cercanía y escucha activa con el pueblo y convirtió el confesionario en su escritorio de atender a la gente, aunque poco esperaba que los fieles fueran al templo; él iba a su encuentro. Recién llegado a Bailadores a finales de junio de 1956, lo primero que hizo fue salir aldea por aldea, caserío por caserío, casa por casa para realizar un censo y conocer la gente, auscultar sus realidades y compartir las penas de su día a día. Para él que centro su vida en practicar los valores espirituales, agradando a Dios por encima de las formalidades vacías, como bien se expresa en Romanos 14: 17-18 (Reina Valera, 1960): “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres”
Por otra parte, en ese “caminar juntos” tanto en Bailadores como en Lagunillas constituyó ligas agrarias, cooperativas de ahorro y crédito dándole protagonismo a los laicos porque entendió que la iglesia no la forman solo los sacerdotes por lo que era necesario empoderar al pueblo fomentando la organización comunitaria y a su vez haciéndolos corresponsables de la evangelización y del desarrollo social. En San Juan creo Club Deportivos como otra forma de trabajar con los jóvenes.
Su fe no era ciega, estaba íntimamente ligada a la justicia social, que ahora con el proceso sinodal busca responder a los dolores del mundo actual, el padre Pernía no fue un espectador, se involucró directamente en las luchas sociales de la gente de Bailadores contra AsproAndes en 1980-1981 y en Lagunillas con la “Pica de Río Blanco” 1965-1968. Lucha que hizo suya, ahí están los documentos que lo demuestra.
Su magisterio fue de una iglesia de puertas abiertas rompiendo con el modelo clerical rígido y distante. Su pulpito fueron los caminos polvorientos, todo esto coincide con su estilo de vida austero y su capacidad para dialogar con todos -creyentes y no creyentes- anticipando -insisto- en esa "Iglesia en salida" que el sínodo actual busca consolidar.
Al cumplirse los 100 años de su nacimiento, el padre Pernía es un vivo ejemplo de que
la sinodalidad no es una teoría nueva, sino una práctica evangélica que hombres
que como él ya la vivían con la mayor naturalidad en el corazón de los pueblos
andinos, entre el frio de Bailadores y el calor de Lagunillas - San Juan,
construyendo caminos en su desandar junto al pueblo: No hizo falta que Papa alguno se lo ordenara, lo hizo por
convencimiento y propia voluntad.
Disculpen lo extenso de este largo recorrido de
nueve días tras la huella del padre
Pernía, en lo personal he aprendido mucho y ahora me siento más que
identificado con su causa. ¡Señor que su memoria y ejemplo no se pierdan!