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Por Rafael Augusto López

Y lo que falta por Rafael Augusto López



Y lo que falta por Rafael Augusto López

No me equivoqué. Hace algunos años, en uno de mis artículos escribí: quienes han secuestrado los poderes públicos se resisten a aceptar la alternabilidad republicana y democrática para impedir que los venezolanos nos enteráramos de las cosas horribles que, aprovechándose del control que ejercían, cometieron en el ejercicio del poder.

Comienzan las delaciones

La colega Bárbara César Siero, exmagistrada del Tribunal Supremo de Justicia, confesó que había sido obligada a firmar sentencias que contravenían el ordenamiento jurídico, entre ellas, la que inhabilitó a María Corina Machado para ser candidata presidencial. De acuerdo a su versión no le quedaba otra opción, pues sus hermanos, uno coronel y el otro mayor del Ejército, y su cuñada con el mismo rango, habían sido secuestrados por la Dgcim; de tal manera que negarse a firmar las sentencias ponía en riesgo la vida de sus familiares. Lo mismo que hacen con los familiares de los dirigentes opositores: los secuestran hasta que se entreguen los que están siendo buscados. Ese es el método que implantaron los cubanos en todos los cuerpos policiales y militares y que se ha extendido a todo el país.

Pero a la colega César hay que preguntarle: ¿si no hubiera mediado lo que ella alega, habría firmado o se habría negado, habría denunciado esas violaciones constitucionales y legales? Porque la jueza María Lourdes Afiuni, consciente de lo que le podía ocurrir, y en efecto le ocurrió, dio una demostración de coraje, de entereza, de dignidad y de un profesionalismo que cada día se agiganta. Todos los jueces que sean designados en este país deben tener como ejemplo a la Dra. Afiuni.

Es difícil encontrar en todo el territorio nacional un juez o jueza que no haya sido víctima del chantaje, la extorsión o el terrorismo político, aprovechándose de que prácticamente todos son provisorios y los que no lo son, sencillamente son marionetas al servicio del régimen. Pero son miles de Bárbaras César Siero que están agazapadas en todas las instituciones públicas a todos los niveles, esperando el momento para contar lo que desde hace tiempo quieren hacer público, pero tienen mucho temor. Seguro estoy de que cuando se les despierte un poquito de valor y cuenten todo lo que contarán, se concluirá que durante 27 años no hemos tenido gobierno, sino la más grande banda de delincuentes que haya asaltado país alguno. Una vez que este régimen sea desplazado, habrá material más que suficiente para escribir una enciclopedia que podría denominarse así: “Manual de cómo aprovecharse de las bondades de la democracia para saquear el país y empobrecer a su gente”.

Son muchísimas las tropelías

La constante es: “No sé qué irá a pasar cuando yo cuente todo lo que yo sé”; “Yo sí tengo cosas que contar, pero me da mucho miedo”; “Estoy esperando que caigan para echar todos los cuentos, mientras tanto tengo que proteger a mi familia”. Lo invariable es que todo se hace con absoluta opacidad, como actúan los criminales. La mentira por delante, ocultar todo y disimular en lo posible es lo que les ha permitido impunidad, excepto en aquellos casos en que tengan interés en que se conozcan o por venganza, como en la trama Pdvsa-Cripto.

Cuando los destructores del país ya no estén en el poder y salgan a la luz pública tantas cosas que desde hace mucho tiempo se comentan, se rumoran y que las certificarán miles de Bárbaras César Siero que encontramos en nuestra extensa geografía, no imagino lo que harán para evitar la furia de la gente, sobre todo de aquellos que bajo engaño durante tantos años trabajaron por la “revolución” y comprueben que lo que hicieron fue ayudar al grosero y exagerado enriquecimiento de Alí Babá y su numerosa cohorte.

Se sabrá con exactitud todo lo de la enfermedad y muerte de Hugo Chávez. Aparecerán los reclamos de quienes fueron despojados de sus haciendas porque algún general se enamoró de ellas; los que perdieron sus negocios porque algún funcionario del gobierno o dirigente del PSUV se empeñó en ponerle la mano. Se conocerá quiénes ordenaron la privación de libertad de cada opositor, es decir, quiénes eran los dueños de cada preso. Conoceremos no solo los métodos de tortura, sino quiénes las ordenaban, quiénes las ejecutaban y quiénes las ocultaban. Saldrán a flote todos los actos de corrupción y sus beneficiarios, incluidos sus testaferros. Es tan protuberante este gigantesco tumor con metástasis desde la Presidencia de la República hasta quienes coordinan el CLAP, que serán muy pocos los que puedan probar que tienen sus manos y conciencias impolutas. La mayoría dirá que lo obligaron, como el caso de Bárbara César Siero. Seguro sabes de alguien que cantará y habrá que decir al final que tenían razón de tener tanto temor de dejar el poder.

rafael.tuto@gmail.com