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Por Alberto Jiménez Ure

Contrición histriónica durante reacciones termidorianas por Alberto Jiménez Ure



Contrición histriónica durante reacciones termidorianas por Alberto Jiménez Ure

La proclama o instauración súbita e ilegítima del socialismo en Venezuela constituyó, desde sus inicios, una suspensión de facto y casi sempiterna, sin justificaciones, de las garantías constitucionales de quienes somos ciudadanos (arts. 337, 338 y 339). Una fue, entre las más relevantes, la libertad de expresión e información, su búsqueda, procesamiento, divulgación responsable y sin previa censura (art. 57). ¡Cómo no lamentar el desconocimiento alevoso, premeditado y con amenazas de criminar y enjuiciar a detractores, de casi todos nuestros derechos humanos, que son principios fundamentales para la cohabitación pacífica de todos los ciudadanos conforme a las leyes! Consultar en Justia.

Constatar que solo mediante presiones de la opinión pública mundial —y tras pugilatos legales— un gobierno con vergonzosa data de ilegitimidad haya autorizado el desbloqueo de El Nacional, por ejemplo, no indulta a quienes son vectores todavía activos contra lo que se entiende y acepta como democracia. Los intendentes de la supremacía imperial en nuestro malogrado país mantienen una obvia resistencia frente a un pueblo todavía indefenso, mientras muestran sonrisas al vencedor de una guerra que jamás fue declarada ni puede tampoco calificarse como fábula. A esa regencia recordamos que debe restituir las instalaciones del diario a su legítimo propietario.

Quienes han gobernado a Venezuela durante casi tres décadas nunca fueron revolucionarios fidedignos. Mostraban extrema parquedad ante la posibilidad de aceptar debates auténticos, civilizados, educativos y a favor de la vida buena o el fomento de una nación libre, próspera y vigorosa. Muchos se enriquecieron de forma ilícita, pública y notoria, mientras impulsaban la disolución de las familias y de las instituciones estructurales. Algunos ya no están en este mundo, pero sus iguales o discípulos permanecen persuadidos de que son amos del país, de nuestros derechos, de las leyes, de la propiedad privada y de nuestras conciencias. Ensuciaron los conceptos de patria y soberanía (1), aparte de violar con hoz y martirio la Constitución de 1999 porque obstaculizaba sus desmedidas apetencias de riquezas o cargos de envergadura (2).

Lucen espurias las señales de contrición de quienes ahora dialogan de nuevo en un intento por cambiar de estrategia y permanecer en el poder sin dar tregua a los ciudadanos ansiosos por retomar una normalidad confiscada mediante eslóganes intimidatorios, violencia paramilitar y colectivista, e inoculación de miedos (3). Empero, está moviéndose a contracorriente oficial una serpiente que gusta comer revoluciones falaces poseyendo cuerpos de hermosas y expuestas damas.

La escogencia tanto de magistrados para un digno e independiente Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) como el adecentamiento o depuración del Consejo Nacional Electoral (CNE) no requiere que transcurran muchas semanas o meses. En un día, el pataruco del sistema que devastó la república fueteó durísimo al TSJ nombrando una comisión de amigos pusilánimes que lo investigara: El País.

En horas ordenó la expropiación de numerosas empresas importantes, provocando una estampida de trabajadores especializados. En cadena de medios destituyó a más de 20.000 trabajadores de Pdvsa. Me hace feliz que El Nacional, junto con su equipo, merezca desagravios. Ha sido admirable la persistencia de Miguel Henrique Otero, su incorruptibilidad y firmeza. En la centrífuga de un país que resucita, me siento feliz porque no moriré antes de la extinción del odio fomentado por quienes pretendían gobernar vitaliciamente tras conducirnos hacia una dolorosa ruina y la destrucción de todos los valores humanos.