Mérida, Mayo Martes 05, 2026, 11:25 am
El reciente ataque verbal del presidente
Donald Trump deja clara la necesidad de aplicar aún más que nunca lo que he
venido predicando desde que (amargamente) lo internalicé hace más de veinte
años) y por lo tanto es una de mis prédicas más repetitivas... la necesidad de
poner en práctica 1 de Timoteo 2, 1-4: “Ante todo recomiendo que se hagan
peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, sin distinción
de personas; por los jefes de estado y todos los gobernantes, para que podamos
llevar una vida tranquila y en paz, con toda piedad y dignidad. Esto es bueno y
agrada a Dios, nuestro Salvador, pues Él quiere que todos los hombres se salven
y lleguen al conocimiento de la verdad”, enfatizando que no dice “por los que
me simpatizan”.
Quien me conoce, lo sabe, mi humor es negro,
me gusta el sarcasmo y, cuando es inteligente, reconozco la inteligencia y el
arte que hay detrás del hecho de que algunas de esas irreverencias hagan reír.
El humor es muestra de inteligencia, cualquier psicólogo, por muy mala que sea
su formación, sabe que esto es real. Dicho esto, cuando Trump se publicó a sí
mismo como papa, no me resultó molesto. Cuando publicó la imagen con tintes
mesiánicos (que luego retiró) sí creo que fue una pasada de mano.
Creo que esta última publicación fue “un
tiro en el pie” para sí mismo. Creo que más que a los católicos, tan
acostumbrados durante años a recibir ataques, ver blasfemias, y demás, de
diferentes frentes, no nos duela tanto como a hermanos cristianos de otras
denominaciones entre las cuales este tipo de cosas, por muy cotidianas que se
hayan vuelto (para los católicos), se lo tomaron y tomarán aún más en serio que
nosotros. Creo que eso, en la cercanía electoral que hay en su país, podría
pasarle factura. Aunque la haya retirado luego, creo, repito, creo, que
reconociendo que fue un error.
Me parece importante señalar que la
respuesta del Papa ha sido “cristianamente asertiva”, una elegante puesta de
“la otra mejilla” en la cual pudo verse en práctica que: “Una respuesta amable
calma la furia, una palabra hiriente hace que aumente la cólera” (Proverbios 15
1), y “El hombre arrebatado arma peleas, el que demora en enojarse trae la
calma” (Proverbios 15, 18). “Los proyectos carentes de reflexión fracasan;
tendrán éxito si han sido bien madurados (Proverbios 15,22). “El temor de Yavé
es la escuela de la sabiduría; antes de la gloria es necesaria la humildad”
(Proverbios 15,33)
Volviendo al punto inicial: la relevancia de
ambas figuras, especialmente la de Trump y cada uno de los frentes que cada una
de ellas enfrenta, con dos clases de poder y formas, pero las dos con
repercusión mundial, hace que tengamos que unirnos en oración por quienes están
en el poder en el mundo, los que nos simpatizan y los que no. El poder tiene
múltiples tentaciones, Jesús mismo fue tentado durante su vida con él más de
una vez.
Unos gobernantes manejando tanto poder sin
ser acompañados por la oración de sus pueblos están expuestos a la influencia
del mal, en cada una de sus más sutiles formas y afectando cada una de sus más
irrelevantes o no decisiones. Sí, puede ser reiterativo, sí puede que nada
nuevo haya en esta redacción, pero, novedoso o no, rezar por ellos es ahora más
que nunca necesario. Dios con nosotros.