Mérida, Abril Lunes 13, 2026, 07:53 pm
ZABALA DE LA SERNA
Diario EL MUNDO de Madrid
Valencia como plaza es la más
fría de España. Tardes como esta primera de Fallas, tan antipática, lo
confirman. Habita en ella un viento afilado y cabrón. De tal modo, que incluso
en julio da la lata. Como si el edificio taurino de la calle Játiva albergase
un microclima. A Alejandro Peñaranda le costó calentar aquello un mundo. No ya
por el aire (polar), sino por la falta de ritmo, humillación y entrega de aquel
novillo de Chamaco de los albores. Sin embargo, su cosa mansita no traía maldad
alguna. Peñaranda le concedió tiempos en una faena técnicamente impecable, muy
por encima de su enemigo. La laboriosidad de la construcción acabó al alza con
unas festejadas arlesinas -como las bernadinas sin armar la espada- y, sobre
todo, con un espadazo inapelable que le entregó, a la postre, la oreja.
Samuel Navalón remontó un desarme
inicial de faena desbocado de deseo, de rodillas, de puro querer. Lo hizo sobre
las dos virtudes principales que lo adornan: un notable sentido de la
colocación y el buen aire de su trazo. El novillo pronto marcó un celo contado
y una humillación menor. Atacó el valenciano acortando distancias -el lío de
circulares y tal- cuando ya se desentendía definitivamente la embestida,
administrada con más pulso que exigencia, pese al viento. Los aceros enterraron
el esfuerzo.
El tercero de Chamaco superó a
sus hermanos en la fealdad de su salida (salían parecido y acaban igual). Éste
además de reunir la pobre capacidad para descolgar y ese trote, que no galope,
que presagia mansedumbres, contaba con un viaje por dentro, un parón de
incertidumbre, un embroque costoso. Luego quizá no lo fue tanto, pero entonces
subió la intensidad el viento. Alberto Donaire peleó desde su bisoñez contra
los elementos y expuso su versión más pulida sobre la izquierda. Fue larguísimo
el empeño. Que se eternizó con las armas toricidas hasta los dos avisos.
No desentonó en la mansedumbre
del conjunto el bajo cuarto, que en lo físico se parecía poco a los anteriores.
Sin embargo, les ganaba en el fondo y, especialmente, en la forma, en su modo
de tomar, abrirse y desplazarse en los engaños. Peñaranda, que tiene esa cosa
de buen muletero de los toreros de Albacete aunque se reivindique de Cuenca,
aprovechó lo que duró con su sólido concepto de ligazón y gobierno. El final a
dos manos, cuando el toro ya se daba por amortizado desde hacía rato, y otro
espadazo pusieron el punto final. El cañonazo se tradujo por una muerte lenta
por lo tendido de su trayectoria. Cayeron dos avisos, pero también la oreja,
llave de la puerta grande.
Cuando ya parecía sellada la
mansita tarde con un nombre propio, vino Samuel Navalón a dejar el suyo. Cabeza
y corazón. Cabeza para darle al novillo su distancia y corazón para pasárselo
cerca. Desde el luminoso prólogo al explosivo epílogo redondeó la faena de más
quilates, de caro dibujo en su epicentro. No es que fuera la embestida el
séptimo cielo, pero sí lo suficientemente agradecida para que Navalón se
recrease en su toreo, tan bien medidas las series. Hundió la espada (algo
tendida), se desató la pañolada y el presidente aguantó por demás la concesión
de la oreja. Cuando la entregó, con las mulillas ya encima, no hubo tiempo para
desplegar con la merecida holgura la petición de la otra. Paseó por
compensación dos vueltas al ruedo. Pero no es eso. Debió acompañar a Peñaranda
a hombros.
El útimo demostró la pobre de la
novillada de Chamaco, por supuesto, pero también que se dejó mucho. Diría que
más y mejor -aun con sus carencias- los tres negritos de la parte final.
Alberto Donaire tiene más la idea que tiene en la cabeza que los mimbres para
desarrollarla. Como mató de un solo viaje, le pidieron un trofeo que, esta vez,
atinadamente no se concedió. Donaire se pegó una vuelta al ruedo por las
ilusiones no materializadas. La función se fue a las tres horas.
FICHA DEL FESTEJO
Novillos de CHAMACO, de disparejas hechuras, de
pobre fondo y no poca mansedumbre; los tres últimos se movieron mejor aun con
sus carencias.
ALEJANDRO PEÑARANDA, de rioja y oro. Estocada contraria (oreja). En el
cuarto, estocada tendida. Dos avisos (oreja). Salió a hombros por la puerta
grande.
SAMUEL NAVALÓN, de rioja y oro. Pinchazo, estocada y tres descabellos. Aviso
(saludos). En el quinto, estocada tendida (oreja y dos vueltas al ruedo).
ALBERTO DONAIRE, de turquesa y oro. Estocada tendida y múltiples descabellos. Dos
avisos (silencio). En el sexto, estocada efectiva (petición y vuelta al ruedo).
Se guardó un minuto de
silencio por las víctimas mortales del reciente incendio.
Plaza de toros de Valencia.
Sábado, 9 de marzo de 2024. Primera de feria. Un cuarto de entrada.