Mérida, Octubre Martes 13, 2026, 02:29 pm
@perezlopresti
Los andinos la llamábamos cometa mientras que, en otras partes del país, papagayo. En otros lados los llaman barrilete, chichigua, chiringa, culebrina, milocha, pandorga, papelotes, piscucha, volantín, en fin. A veces se hacían unos enredos con el pabilo, que podía obligarnos a tener que cortarlo. Las volábamos en los meses de vacaciones, en la Mérida de briosos vientos durante julio, agosto y septiembre. Los más competitivos le colocaban hojillas en el largo trapo que les servía de cola y las rivalidades entre grupos solían estar presentes, sin embargo, no era la mayoría. Como vivía al norte de la ciudad, en la misma calle nos poníamos a jugar entre familiares cercanos, tratando de llegar lo más lejos y alto posible. Si por poca pericia al elevarlas, o porque el viento nos superaba y se rompía el hijo, iban a parar hacia El Valle y las perdíamos para siempre.
Recetas naturales: En el recetario de las comprensiones de las cosas que nos circundan, los lugares comunes suelen ser una constante. Por ejemplo, en un debate entre dos personas de pensamiento antagónico, cada uno esgrimirá los argumentos basados en el conjunto de ideas que hacen que un constructo particular tenga sentido. Dicho de otra manera, cuando se cree en un ideario, la realidad debe calzar con el mismo. El hombre con ideales pareciera forzar la pieza del rompecabezas y trata de que calce casi a la fuerza. La realidad queda anulada por lo que se desea como realidad y la receta de rigor trata de explicar con sencillez las cosas. Los ideales, de esta manera, terminan por castrar el pensamiento y eliminan la capacidad de interpretar libremente. Quien sigue a pie juntillas un ideal no está pensando. Solo repite como un papagayo (en este caso el ave), lo que por impostura es la realidad, lo cual lleva irremediablemente a falsas interpretaciones de las cosas. En general, quienes hacen interpretaciones del mundo con basamento en “ismos”, no logran atrapar la esencia de la realidad.