Mérida, Octubre Jueves 22, 2026, 05:33 pm
MUNDOTORO
De un tiempo a esta parte, el
relato obliga a masticar una piedra diciendo que es blanda y proteica. El
relato dice que los animales tienen derechos desde el punto de vista legal,
moral y filosófico, es decir: la piedra es blanda y rica en proteínas. El punto
de partida de este relato nace de las reformas sobre legislación de bienestar
animal de la última década, cuando los animales comenzaron a ser considerados
como «seres sintientes». Que sienten. Una consideración que ha sido usada para
traducir «ser sintiente» por “ser consciente y conciente». No hay estudio
científico alguno, legislación alguna, estudio científico, moral alguna ni
corriente filosófica en la historia que concluya que el animal es un ser
«consciente» ni «conciente». Pero el relato ha hecho que, al animal, sobre todo
a la mascota, se le considere ser consciente y, por tanto, portador de derechos
como los derechos humanos.
En el Derecho Romano, los animales no eran considerados seres
sintientes, sino cosas (res) de carácter patrimonial
¿Qué es ser sintiente? Un ser
vivo capaz se sentir frío, calor, hambre, sed, buen trato, mal trato… Es
innegable que los animales sienten. La legislación moderna occidental dio un
paso de gigante al reconocer a los animales su ser sintiente. La legislación
seguía anclada en la tradición del derecho romano «cosificaba» al animal como
un mero objeto móvil. En el Derecho Romano, los animales no eran considerados
seres sintientes, sino cosas (res) de carácter patrimonial. Se clasificaban
principalmente como bienes muebles semovientes (capaces de moverse por sí
mismos) o como res mancipi (bienes de gran valor para la familia, como bueyes o
caballos de tiro).
Con esta consideración, el trato
y manejo del animal era un trato desafectivo y sólo productivo. Lograr un uso,
manejo y trato diferencial con todo animal, observando que sienten, es un
avance lógico y obligado. Pero usar las nuevas consideraciones y legislaciones
para convertir al animal en lo que no es, un ser consciente, es una trampa. Un
relato que sirve a una estrategia de intereses de todo tipo. ¿Por qué es
fundamental dejar claro que la consideración legal es la de un ser vivo que
siente, pero que no es consciente ni consiente?
¿Qué es «ser sintiente”? Un ser
vivo capaz se sentir frío, calor, hambre, sed, buen trato, mal trato… Es
innegable que los animales sienten. La consciencia es la capacidad de percibir
el entorno, reconocer la propia existencia, procesar pensamientos y
sensaciones, y juzgar los actos desde un punto de vista moral. Es el estado de
vigilia y el mundo subjetivo interior que permite a un ser darse cuenta de sí
mismo y de la realidad. De esta cualidad que sólo poseen los seres humanos
parte el sentido de transcendencia: saber que vanos a morir, que el familiar
muere, que el tiempo es finito…, saber que hay que producir, investigar, crear
arte, preguntarse, dotar a la vida que es corta, de una razón de ser. Por eso
los lazos, los afectos, los idiomas, la música, el toreo…. Por eso el humanismo
como civilización.
Hay un interés probado, muy real, para dotar al animal de derechos
Un ser sintiente, un animal. No
tiene obligación alguna, precisamente por no ser consciente ni tener conciencia.
El ser consciente y con conciencia tiene obligaciones o deberes precisamente
por serlo. El humanismo creó normas de derecho y leyes y constituciones
precisamente para decir que los derechos son inherentes a las obligaciones. La
libertad de un individuo, su salud, progreso, felicidad, tiene límites
obligados en la libertad del ser humano de al lado. Normas y leyes. Hay un
ejemplo más claro: a causa de su conciencia, el ser humano es el único ser vivo
que usa el suicidio como herramienta final de su infelicidad. Por mucho que el
relato insista en la pena del suicido de una ballena varada en la playa, no hay
suicidio. Para que exista el suicidio, se requiere la conciencia de la propia
muerte y la voluntad deliberada de terminar con la vida, algo que los animales
no poseen.
Hay un interés probado, muy real,
para dotar al animal de derechos. ¿Por qué? ¿Acaso las sociedades se
convirtieron en los altruistas más sensibles y, por un caso de híper
sensibilidad decidieron que un toro o un pulpo han de tener los mismos derechos
que un ser humano? ¿Cuándo hablamos de derechos para los animales, a que
animales nos referimos? ¿A los animales salvajes en libertad? ¿A los de
productividad? ¿A las mascotas? ¿A quién interesa conceder esos derechos
humanos? ¿Qué tipo de animal tiene una vida y desarrollo sofisticado para
abundar en sus derechos? La respuesta es clara.
La biomasa mundial combinada de los perros y gatos domésticos es de
aproximadamente 25 millones de toneladas
La biomasa mundial combinada de
los perros y gatos domésticos es de aproximadamente 25 millones de toneladas.
Las mascotas perro suman una biomasa estimada de 20 millones de toneladas. Esta
impresionante cifra equivale al peso combinado de todos los mamíferos
terrestres salvajes que quedan en el planeta. Los gatos mascota suman cerca de
2 millones de toneladas. Aunque pesan mucho menos que los perros, su biomasa
global es casi el doble de la de todos los elefantes de sabana africana. Son
datos de un riguroso estudio publicado en la revista científica PNAS
(Proceedings of the National Academy of Sciences).
La huella ecológica de las
mascotas a nivel mundial tiene un impacto significativo y creciente, impulsado
principalmente por la enorme demanda de recursos para fabricar su alimento, la
gestión de sus desechos y su presión sobre la fauna loca, según estudios
científicos publicados en revistas como ScienceDirect y Nature. La producción
de alimento seco para mascotas genera entre 56 y 151 millones de toneladas de
CO₂ equivalente al año. Esto
representa entre el 1,1% y el 2,9% de todas las emisiones agrícolas
del planeta, una huella climática equiparable a la de países enteros como
Filipinas o Mozambique.
La industria del alimento para
mascotas absorbe anualmente entre 41 y 58 millones de hectáreas de tierra
agrícola para cultivar sus ingredientes y pastizales. El agua dulce destinada
globalmente a la agricultura para este fin oscila entre los 5 y 11 km³ anuales.
Las mascotas liberan millones de toneladas de heces y orina al año, cargando
los suelos urbanos y las fuentes de agua con exceso de nitrógeno y fósforo,
alterando la química ecológica local a niveles similares a los de granjas
ganaderas medianas. Solo en Norteamérica, los juguetes, accesorios y empaques
plásticos para mascotas generan alrededor de 136 millones de kilos. Este
esquema es revelador:
|
Mascota / indicador |
Emisiones de CO2 promedio |
Equivalencia estimada |
|
Gato domestico |
310 kg CO2 e |
Conducir un auto compacto por 4 meses |
|
Perro mediano / grande |
770 kg a 2500 kg de CO2 e |
Recorrer 10.000 km en un vehículo todo
terreno |
Preguntemos de nuevo. ¿A qué
clase de animales se les pretende dotar de derechos humanos? ¿Por qué razón se
les quiere dotar de esos derechos? ¿De qué derechos hablamos? ¿Alimentación,
sanidad, cuidado…? Paralelo a las nuevas legislaciones de bienestar animal, los
centros veterinarios (salud de mascotas) en el mundo suman alrededor de 150.00
centros. Países como España cuentan con unas 6.700 clínicas veterinarias para
sus más de 27.000 profesionales colegiados. España cuenta con un total de 848
complejos u hospitales en funcionamiento según los informes del Catálogo
Nacional de Hospitales elaborados por el Ministerio de Sanidad.
Con esta realidad, ¿qué más
necesitamos para advertir que no se trata de salvar al elefante marino ni al
lémur de los árboles? Se trata de hacer más humanos a las mascotas. Más humanos
igual a más alimentación, más sanidad, más cuidados, más centros de atención de
todo tipo… Más negocio de un negocio cuya facturación mundial se estima en
300.000.000.000 de dólares, que representan un 3% de todo el gasto sanitario
mundial o el 18% del PIB de España.