Mérida, Junio Miércoles 17, 2026, 06:48 pm
Atravesar el puente internacional Simón Bolívar tarda
cuatro minutos, y ya se está en San Antonio. La vivacidad y el fuerte
movimiento comercial de La Parada, su contraparte fronterizo, contrasta con la
realidad de la ciudad venezolana.
A las 9 a.m. están abiertas las panaderías, pero sin
pan.
“Sale a las 10 a.m. el pan salado”, advierten
letreros, pero hace tres horas hay gente haciendo cola para comprar. La mayor
parte del pan va de contrabando a La Parada.
Hay tiendas abiertas: las de aquellos que han
combinado sus ventas tradicionales con otras; también abren abastos, panaderías
y carnicerías.
“Estos son los
que aún abren a diario”, dijo Lourdes Rondón, vendedora de cigarrillos y
chocolates en la avenida principal (carrera 4), pero que hace seis años era
vendía carteras en un negocio en Ureña.
El sol estalla en su piel, pero ella se mantiene
detrás de la barrera de alambres de púas de por la Guardia Nacional Bolivariana
(GNB).
Vende en pesos colombianos y en bolívares. “Doy
gracias a Dios cuando me pagan en pesos… Esos los guardo bien escondidos”,
expresó.
En esa misma cuadra, en la siguiente esquina, está el
negocio de Ángela Figueroa. Hasta hace cinco años era un abasto. Ahora solo
ofrece gaseosas, agua, y dulces.
Los anaqueles de exhibición se amontonan junto al
único empleado de 10 que tuvo.
El comercio farmacéutico y el de repuestos, que
caracterizaban la zona, cayó en picada, porque los dueños no tienen dólares
para importar piezas. Así lo explicó Luis Ordoñez, encargado de un local donde
atiende a dos compradores por semana. Para sobrevivir, vende hielo, gaseosas, cigarrillos.
“Al jefe no le
pega tanto, porque tiene otros negocios en San Cristóbal, y porque el local es
propio…”, dijo.
Otros han optado por lo ilegal. En la nariz de los
guardias nacionales, negocios de repuestos y de ciberservicios ofrecen obtener
la Tarjeta de Movilidad Fronteriza (Tmf), documentos que nadie exige.
Hace 16 años, San Antonio era una gran colección de
negocios pujantes.
Según Isabel Castillo, presidenta de la Cámara de
Comercio, la frontera pasó de generar 7 mil millones de pesos al año, a ser una
frontera fantasma, colmada por la ilegalidad.
Hace cinco años, según la Cámara de Comercio, había 9
mil negocios entre San Antonio y Ureña: hoy quedan 500.
“Por manzana
abren unos ocho locales diarios, cuando antes había más de 40 por manzana”,
dijo Castillo.
En materia de industrias hay tres abiertas, y de 200
trabajadores registrados, quedan solo dos.
Castillo explica que los servicios básicos (electricidad, agua, internet) se han visto afectados, y los cortes eléctricos traen consigo cierres tempraneros. De hecho, al mediodía ha cerrado 90 por ciento de los locales, y así cada día.
LA OPINIÓN DE CÚCUTA