Mérida, Agosto Domingo 02, 2026, 11:17 am
BARQUERITO
Especial para VUELTA AL RUEDO
LO QUE MENOS contó en un cartel de banderilleros fueron las banderillas. Por norma, el toro de sangre santacoloma persigue en banderillas y eso hicieron casi todos los de esta corrida tan astifina, encastada y hermosa de Ana Romero. Al problema previsible de la persecución en la salida de suerte, con su obligado y angustioso apretón a tablas, se sumó un inconveniente previsto: las pequeñas dimensiones del ruedo de Azpeitia les niegan a los toreros cualquier ventaja. A toro pasado, que fue el caso en la inmensa mayoría de las reuniones, y no tanto cuando la reunión fue en la cara.
Dos de la terna eran y son matadores banderilleros que se anuncian y venden como tales. Colombo, desde su primera irrupción. El joven Ismael Martín se ha revelado como discípulo declarado y reconocible de El Fandi. El encaje de Morenito de Aranda como banderillero no tenía razón de ser porque, si alguna vez banderilleó, el rastro se había perdido.
Sobre el papel, tres espadas y dieciocho pares de banderillas. Se daba por hecho que compartirían tercio en los tres primeros toros y que lo harían a solas en los tres últimos. Del tercio compartido solo hubo noticia en el toro que partió plaza, que, todo viveza, más que perseguir hizo hilo, y hubo que tocarlo y cortar con la cuadrilla al quite. Solo un par de los seis comprometidos pudo prender Morenito a ese primer toro tan rabiosito. Ni siquiera lo reunió, lo espero dentro de las rayas, lo dejó correr a querencia y a cabeza pasada dejó los dos palos.
Para entonces llevaba Morenito encima una paliza monumental. Descubierto, pisado y arrollado por el toro al que esperó y pretendió saludar con larga de rodillas frente a la puerta de toriles, casi en la boca de riego. Perseguido, se libró de un percance serio gracias al vuelo de capotes anónimos prestos al quite. Toro pegajoso, de tanta agilidad como listeza, desarmó a Morenito hasta tres veces en una faena de más voces que asiento rematada de estocada ladeada y tendida. Visiblemente dolorido, Morenito pasó a la enfermería De ella iba a salir posiblemente infiltrado -¿dos costillas rotas?- para cuajar con el quinto de corrida una faena de altos vuelos, colocación impecable, dibujo perfecto con la mano izquierda, el toro traído por los vuelos precisamente, ligada sin trampa ni cartón, descolgado de hombros el torero, el muletazo rematado en la cadera, el canon mismo del toreo al natural. Una estocada en los blandos no hizo honor a tan cara faena, que incluyó la propina antes de la igualada de una primorosa tanda en redondo.
El cuarto de corrida -quinto del sorteo-, el más ofensivo del sexteto, trapío sobresaliente, fue un toro de exquisita calidad. El de la faena de Morenito, francamente bueno. Con la prontitud tan propia de la ganadería. No solo la movilidad también la entrega. Solo que a Colombo se le fue el toro de la tarde tal como vino. Tampoco se entendió con un segundo de mucha fijeza, más codicioso que potente sin ser frágil. Un despilfarro.
No tanto el caso del toro que cerró corrida y feria, tan astifino como el cuarto, que se vino arriba en banderillas y más todavía después de banderillas -tercio brillante de Ismael- y acabó desbordando al torero salmantino, que se encontraba toro por todas partes sin hallar la manera de pararse con él.
La auténtica prenda de la corrida fue por su sentido, su guasa y su manera de revolverse un tercero cinqueño de preciosa lámina, careto, que se quedó debajo a las primeras de cambio, se metió por detrás y pegó más cabezazos que el resto de corrida juntos. Frente a ese violencia intemperante estuvo firme Ismael, que a paso de banderillas, pura astucia, cobró la estocada de la tarde. Rodó sin puntilla el toro.
Y pura Azpeitia: la banda de música, tan afinada como de costumbre, dio su tercer concierto de la semana, sin repetir ni un solo pasodoble de su largo repertorio. Antes y después del paseo, el alguacil Igor Echániz “Kinttela”, deleitó a los fieles con aires de alta escuela.
FICHA DEL FESTEJO
Sábado, 1 de agosto de 2026.- 3ª y última de la feria de San Ignacio. Templado, bueno. 2.700 almas. Dos horas y media de función.
Seis
toros de Ana Romero (Lucas Carrasco)
Morenito
de Aranda, saludos tras aviso y una oreja.
Jesús
Enrique “Colombo”, aplausos y palmas tras aviso.
Ismael
Martín, ovación y palmas.
POSTDATA PARA LOS ÍNTIMOS.- A eso de las diez de la mañana empezó a asomar por Erdi Kalea -la calle de Enmedio, el nervio central del casco viejo de Azpeitia, la antigua carretera- la banda municipal en perfecto orden. Venían tocando en versión orquestada para banda la célebre Biribilqueta de Gaínza, la composición tan armoniosa y popular que solía abrir los sanfermines y que ahora solo se interpreta en el zaguán de la Casa Consistorial de Pamplona nada más terminar el lanzamiento de cohetes, como si se tratara de música prohibida. Así que doble alegría, porque el aire marchoso y tan acompasado de la Biribilketa templa el ánimo o lo levanta, y porque ya era hora de poderlo escuchar donde se debe, en la calle. O en la plaza mayor de Azpeitia, de traza dieciochesca tardía con su elegante ayuntamiento levantado sobre lo que fue el convento de San Agustín, del cual se conserva la antigua espadaña.
¿Y seguir a la banda por el arrabal hasta el barrio de Arana y enfilar el paseo de Loyola? Tres horas después, por el mismo paseo, pero viniendo de Azcoitia, desfilaron los ciclistas de la Clásica de San Sebastián. Ocho escapados que no iban a llegar a meta libres, porque quedaba mucha carrera y estaba por echarse encima el pelotón. Remco Evenepool a la cabeza. "Remco, Remco...", coreaba la gente. A la velocidad de la luz el pelotón. Y la música de las ruedas sobre el asfalto.