Mérida, Junio Viernes 19, 2026, 09:31 pm
Cada 8 de setiembre la Iglesia
recuerda la natividad de la Virgen María, aun cuando el Evangelio no brinda
referencias de su nacimiento existen diferentes tradiciones. Una de ellas
considera a María descendiente de David, señalando su origen en Belén. Otra
corriente griega y armenia, señalan Nazaret como cuna de María. Todo esto ha
dado origen en oriente a una gran tradición desde el siglo IV, fijando el 8 de
septiembre como el día con el que se abre el año litúrgico bizantino, el cual
se cierra con la Dormición, el 15 de agosto. En Occidente fue introducida hacia
el siglo VII y era celebrada con una procesión-letanía, que terminaba en la
Basílica de Santa María la Mayor.
Partiendo de esta tradición
septembrina se celebran, en muchos rincones del mundo, las diferentes
advocaciones marianas estas entendidas como una mención, o un título especial, relativo
a las apariciones, dones o atributos de la Virgen María. La Iglesia admite distintas advocaciones que
significan la figura de la Madre de Jesús o alguna de sus cualidades, a las que
se guarda devoción de diversas maneras. Las Advocaciones hacen referencia
o nombre aludido que se otorga a un lugar, figura, imagen o recuerdo.
Además, estas alusiones llevan distintos nombres
de acuerdo al lugar de devoción, aparición o patronazgo. Desde los comienzos de nuestra historia
patria, a la Virgen María la hemos venerado como principal intercesora bajo
diferentes advocaciones.
En Venezuela veneramos la gran devoción a la patrona del oriente del país,
Nuestra Señora del Valle, en España venerada antiguamente con el título de la Purísima, la cual tiene su fecha de llegada a
Venezuela en el año 1530. Es a raíz del terrible ciclón que arrasó Nueva Cádiz,
el 25 de diciembre de 1541, que un propietario de la isla de Margarita obtiene
el permiso para trasladar la imagen a una capilla del valle del Espíritu Santo.
Transcurre el año 1542. Con el tiempo recibe el nombre de la Virgen del Valle,
debido al lugar que ocupa. La Virgen del Valle adquiere fama por sus muchos
milagros y devotos. El 8 de septiembre de 1911, la imagen de la Virgen del
Valle es coronada, canónicamente, por el obispo de Guanare, monseñor Antonio
María Durán, en una misa pontifical, y con la asistencia de los párrocos
vecinos y de innumerable público.
También en este
mes celebramos jubilosos a la Virgen de Coromoto, proclamada por el Papa Pío
XII el 11 de septiembre de 1952 como Celeste y Principal Patrona de la
República de Venezuela. La imagen es venerada en la ciudad de Ciudad del
Espíritu Santo del Valle de Guanaguanare, como se conoció anteriormente la
capital del estado Portuguesa.
De acuerdo
con la leyenda, esta manifestación ocurrió, por el año 1651, en la región
selvática, centro occidental, habitada por los indios Cospes. Su cacique
Coromoto se resiste a creer, “lucha contra Dios”, pero termina con una
imagencita plana de la Virgen María la en la mano. Imagen que hoy, tres siglos
después, acompaña y dirige los pasos de los venezolanos con su maternal
intercesión.
Existen
otras devociones como la Virgen del Rosario de
Chiquinquirá mediante su revelación en 1.794 en una tablita recogida por una
viejecita en el lago de Maracaibo.
En 1560 dos padres Agustinos venidos del Nuevo Reino de
Granada llegaron a Táriba, llevando a San Cristóbal
una tabla con la imagen de nuestra Señora de la Consolación. Es en 1600 que se construye una ermita para la
veneración de la excelsa Virgen. Desde entonces Nuestra Señora de la
Consolación, es el centro devocional de los tachirenses.
En Valencia se ruega la intercesión de la Virgen del Socorro. En Lara la
fecunda Divina Pastora, advocación promulgada por los frailes Capuchinos en 1673.
En la capital de la República Nuestra Señora de la Soledad. En Trujillo el
monumento a nuestra Virgen de la Paz. Y en Mérida la devoción agustina de la
Virgen de Regla en el Valle del Mocotíes, y en la ciudad al norte la Virgen del
Espejo y en el sur de la meseta de los tatuyes, la alegre devoción de los
vasallos con la Virgen de Candelaria.
El papa Francisco en el Evangelio de la Alegría (Nº 286) nos dice: “María
es la del corazón abierto por
la espada, que comprende todas las penas. Como madre de todos, es signo de
esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia.
Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida,
abriendo los corazones a la fe con su cariño materno. Como una verdadera madre,
ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la
cercanía del amor de Dios. A través de las distintas advocaciones marianas,
ligadas generalmente a los santuarios, comparte las historias de cada pueblo
que ha recibido el Evangelio, y entra a formar parte de su identidad
histórica”.
Mérida, 10 de septiembre de 2023