Mérida, Octubre Jueves 22, 2026, 11:07 pm
La periodización representa una de
las herramientas necesaria para abordar el estudio de la historia, sea esta
referida a hechos, espacios o personajes determinados. Ello permite diseccionar
el contenido temático que se pretende investigar, enseñar o divulgar. El
periodizar es una tarea que tiene pasos específicos dependiendo de los
propósitos del investigador o del docente. Así, partiendo de este concepto
metodológico, la historia de la Universidad de Los Andes puede ser enseñada o
investigada de manera general o particular. La primera, mediante un repaso
histórico que abarque su tiempo de doscientos trece años de existencia. La
segunda, a través de seccionar ese tiempo en centurias, décadas o quinquenios,
de manera que se puedan precisar asuntos de forma específica y precisa. En tal
sentido, esta crónica está orientada a dar a conocer una periodización por
etapas históricas que nos ha permitido conocer y comprender el devenir
ulandino, informándola a los lectores que sientan interés en un conocimiento
general o particular, y también como esquema para quienes tengan la necesidad
de investigar sobre determinados aspectos.
Etapas
para el estudio de la historia de la Universidad de Los Andes.
Primera
Etapa: Comprende
los años de 1810 a 1812, en los que resaltan los siguientes hechos: la creación
de la Universidad por la Junta Superior Gubernativa de Mérida, el 21 de
septiembre de 1810, con el nombre de Real
Universidad de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros, conjuntamente
con el inicio de sus actividades, organización inicial sobre la base del
Colegio Seminario e incorporación de nuevas cátedras determinadas por la propia
Junta (hasta que se elaboraran sus propias Constituciones); la designación del
Dr. Buenaventura Arias como Rector, la confrontación del Gobierno de la
Provincia con la Iglesia por el control de la Universidad (1811); y la
suspensión de su funcionamiento por efecto del terremoto del 26 de marzo de
1812 y de la retoma del poder por parte de las fuerzas militares realistas. Dos
aspectos destacan en la definición de la nueva institución universitaria: el carácter
de republicana y el proceso inicial de su laicización. En esta etapa cabe hacer
mención a los antecedentes de la creación de la universidad andina en 1810, en
cuanto a la propuesta que hiciera en 1800 el Deán de la Catedral de Mérida,
Lic. Francisco Javier de Irastorza, y el Cabildo Eclesiástico de la Diócesis de
Mérida de Maracaibo de conversión en Universidad del Real Colegio Seminario
Conciliar de San Buenaventura.
Ello originó un voluminoso expediente en el que se
registraron las opiniones del Gobernador de Maracaibo Fernando Miyares, del
Gobernador de la Provincia de Venezuela Manuel Guevara de Vasconcelos, del
Fiscal de la Real Audiencia de Caracas, del Claustro Pleno de la Universidad de
Caracas, del Fiscal y del Contador General del Consejo de Indias. Ese
expediente dio origen a la Real Cédula del 18 de junio de 1806 mediante la cual
Carlos IV negó que existiera en Mérida una Universidad, más sí que aquel
Seminario, entre otras cosas, se reorganizara académicamente para que pudiera
conferir grados mayores y menores en Teología, Filosofía y Derecho Canónico. La
propuesta del Deán Irastorza, los informes del mencionado expediente, la
referida Real Cédula y el Acta de la Junta Superior Gubernativa de Mérida del
21 de septiembre de 1810 prueban que antes de esa fecha no existió una
Universidad en esta ciudad, sino un Colegio Seminario, lo cual contradice
también la tesis de que el germen de la Universidad de Los Andes lo fue el
Colegio San Francisco Javier en la Mérida que funcionó en Mérida entre 1628 y
1767.
El Acta de creación de la universidad comprendió los
siguientes aspectos: a) Ampliación de la gracia conferida por Carlos IV
al Seminario en 1806, mediante la creación de una Universidad con el título de Real
Universidad de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros. b)
Establecimiento de la Universidad con los privilegios de la Universidad de
Caracas para otorgar grados mayores y menores en Filosofía, Medicina, Derecho
Civil y Canónico y Teología. c) Arreglo de sus Constituciones siguiendo las
de Caracas. d) Incorporación a los Doctores, Licenciados y Bachilleres
de cualquiera de las Universidades de España e Indias residentes en el Obispado
de Mérida, a través de la presentación de sus respectivos títulos. e)
Además de las cátedras existentes en el Seminario, existiendo los “fondos
suficientes”, se establecía otra de Filosofía (“si fuera necesario”) y se
creaban las de Anatomía, Matemáticas, Historia Eclesiástica, Concilio, Lugares
Teológicos y Sagrada Escritura. f) Designación del Obispo como Rector
nato y del Rector y Vicerrector del Seminario como los de la Universidad. h)
Se encargaba al Rector Buenaventura Arias la formación de las
Constituciones de la Universidad para su aprobación por la Junta. i) La
Universidad, en tanto eso ocurría, funcionaría con el “orden y Método” que
entonces existía en el Seminario. j) Se disponía una fiesta de acción de
gracias en la capilla del Colegio Seminario y Universidad con la iluminación de
la ciudad. Como se señaló, el terremoto que azotó a Mérida el 26 de marzo de
1812 y el recrudecimiento de la guerra de independencia determinaron la interrupción de
la organización definitiva de la recién creada Universidad y el escaso funcionamiento durante
dieciocho meses.
Segunda Etapa: Se
corresponde con el período de 1832 a 1843, identificándose durante esos años
estos aspectos: el restablecimiento en 1832 del instituto con el nombre de Universidad de Mérida; el funcionamiento
de una relativa autonomía académico-administrativa con permanente intervención del
Estado; la designación del Dr. Ignacio Fernández Peña como primer Rector de la
República independiente, a partir de la separación de Venezuela de Colombia; la
organización de sus primeros Estatutos considerando los conferidos por el
Libertador Simón Bolívar a la Universidad de Caracas el 24 de junio de 1827; la
revisión de los mismos por parte del gobierno central y su aprobación
definitiva en 1836; la designación de sus autoridades a partir de 1834 por el
propio claustro universitario, el nombramiento de los respectivos catedráticos
y el manejo de sus propias rentas, dándose inicio a su régimen autonómico; el
funcionamiento de la Universidad en el mismo edificio del Colegio Seminario.
Entonces existieron las Facultades de Ciencias Políticas, de Filosofía y de
Teología. Se trató de un período de primera organización de la institución en
la que predominaron los estudios jurídicos, filosóficos y teológicos, con la
notable influencia de la Iglesia y pensamiento escolástico de la época que
todavía persistía en la sociedad merideña, con un escaso número de alumnos y catedráticos. Los rectores de esta etapa
fueron: Ignacio Fernández Peña
(1832-1834), Sulpicio Frías (1834-1836), Rafael Alvarado (1836-1838) y Agustín
Chipía (1838-1843).
Tercera
etapa: Se inicia
con la aplicación del primer Código de Instrucción Pública de Venezuela del 18
de junio de 1843, abarcando los años de 1843 a 1870. En este período resaltan
estos hechos: la reorganización de los estudios universitarios a partir de
dicho Código con la intervención directa del Estado al imponer las
características de los planes de estudio, continuación de la autonomía en
cuanto a la elección de las autoridades de la Universidad y la escogencia de
sus propios profesores e inicio de la construcción de su propio edificio. De
acuerdo con el referido Código debían existir las Facultades de Ciencias
Políticas, Filosofía o Humanidades, Eclesiásticas, Físicas y Matemáticas, y
Médicas. De ellas, los dos últimas no se establecieron entonces. Se dictan
algunos cursos de Medicina, pero no se establecería como Escuela hasta 1854.
Continúa siendo una Universidad marcada por los estudios del derecho, la
filosofía y la teología, pues los de las ciencias físicas y naturales no se
pusieron en práctica por la carencia de catedráticos especializados en esas
áreas. El número de profesores y estudiantes sigue siendo reducido. El
presupuesto universitario es enviado con ciertos retardos por lo que la
institución reclama permanentemente. Esta se sostiene básicamente con las
rentas derivadas de sus propiedades rurales y urbanas. Los rectores de esta
etapa fueron: Eloy Paredes (1843), Rafal Alvarado (1845), José Francisco Mas y
Rubí (1846-1852), Eloy Paredes (1852-1855),
Ciriaco Piñeyro (1855-1858), Pedro Juan Arellano (1858-1862), Francisco
Jugo (1862-1863), Caracciolo Parra y Olmedo (1863-1866) y Pedro Monsalve
(1869-1872).
Cuarta
Etapa: Comprende
los gobiernos de Antonio Guzmán Blanco, de 1870 a 1887. En esta etapa la
Universidad atraviesa por muchas dificultades por acciones del Estado, pero
busca transformarse con la incorporación al mundo de la ciencia positivista.
Estos son los aspectos que destacan: pérdida de la autonomía a partir de 1883
por decisión del gobierno central, en cuanto a la designación ahora de sus
autoridades por el Presidente de la República y la ratificación anual de los
catedráticos designados por parte de la Secretaría de Instrucción Pública;
utilización a partir de ese año del nombre de Universidad de Los Andes, conferimiento del edifico que antes
pertenecía al Seminario a partir de su supresión, administración controlada de
propiedades eclesiásticas concedidas por el ejecutivo nacional. El número de
catedráticos y alumnos sigue siendo escaso, en su mayoría nativos de la ciudad
de Mérida en ambos casos. Con ligeras modificaciones administrativas, la
actividad académica continúa como en la etapa anterior, con las Facultades de
Ciencias Políticas, Ciencias Eclesiásticas y Ciencias Filosóficas o de
Humanidades. La Escuela de Medicina es convertida en Facultad pero no logra
todavía los avances científicos de su contemporánea en la Universidad Central
de Venezuela. Se trata de unos estudios médicos especulativos basados en los
libros, sin la práctica exigida por la ciencia. Durante esa etapa los
Rectores serían: Pedro Monsalve (1869-1872), Foción Febres Cordero (1872-1875),
José de Jesús Dávila (1875-1881), Gabriel Picón Febres (1881-1884), Pedro de
Jesús Godoy (1884-1886), Domingo
Hernández Bello (1886-1887) y Caracciolo Parra y Olmedo (1887-1900).
Quinta Etapa: Abarca los
años de 1888 a 1900, comprendiendo fundamentalmente la gestión del Rector
Caracciolo Parra y Olmedo. Doce años en
el gobierno de la Universidad de Los Andes de notables diferencias con su
primera gestión en materia académica (1863-1866), persistiendo la difícil
situación presupuestaria de la institución, dando el rector solución a muchos
de los problemas económicos con fondos de su propio peculio. Otros hechos que
contrastan con su primer período rectoral fueron la colaboración que solicitó a
diversos universitarios para llevar adelante el conjunto de reformas que se
proponía llevar adelante y, particularmente, las medidas directas o indirectas
tomadas para cambiar la estructura académica de la Universidad de Los Andes,
para que esta se orientara más al estudio de las ciencias físicas y naturales,
sin abandonar los referidos al derecho, la teología y la filosofía. Una de las
primeras medidas fue la reorganización de la Biblioteca (1888) y el
nombramiento de su primer bibliotecario. Para complementar este decreto se creó
el Anuario de la Universidad de Los Andes
(1889). Publicación periódica
orientada a dar a conocer la ULA a nivel nacional e internacional, informar las
reformas que progresivamente el rector fue formulando y la historia de la
institución, de la cual se editaron diez volúmenes entre 1891 y 1900. Para eso
último se encomendó al catedrático y bibliotecario Juan Nepomuceno Pagés
Monsant la tarea de escribir el “Resumen Histórico de la Universidad de Los
Andes”.
Considerando la situación de los estudios que se
realizaban y los que en adelante debían hacerse en la institución, Caracciolo
Parra dio inicio a una serie de actividades tendentes a mejorar la enseñanza de las ciencias
naturales que, en cierto sentido, también se pueden considerar los orígenes de
la investigación en la universidad andina, particularmente la reorganización
funcional de los estudios de Medicina con las siguientes medidas: la
adquisición en Europa para la Cátedra de Anatomía de un Modelo de Auzoux (1889) y del Maniquí
Fisiológico de White (1889), solicitud
al Gobernador del Estado Trujillo de tres “momias y cuerpos humanos
perfectamente conservados” y organización de un espacio para los estudios
anatómicos. El Rector Parra también se preocupó por lograr ambientes favorables
para la investigación en otras áreas de las ciencias naturales y sociales: un Gabinete de Historia Natural un Jardín
Botánico y un Acuario (1889), compra de animales, plantas y minerales para
la Clase de Taxidermia y conformación
de un Herbario (1890), para dar
origen luego a un Museo de Ciencias
Naturales (1900). Otras propuestas para estimular la investigación
científica fueron la creación de un Observatorio
Astronómico (1889), la Oficina
Metereológica (1891), colocación en el patio principal de la Universidad de
un Cronómetro Solar y la adquisición
de un Higrómetro, un Electrómetro y un Pluviómetro, todo ello con la finalidad de hacer observaciones para
estudios de los fenómenos de la atmósfera. De igual manera se decretó en 1891
la formación de un Calendario Médico
y un Calendario Agrícola, que
complementarían el Calendario Rural,
formado al crearse la Cátedra de Botánica. La preocupación de Caracciolo Parra
por el estudio de la ciencia natural volvió a expresarse cuando el 30 de junio
de 1894, a proposición suya, el Congreso Nacional creó la Escuela de Farmacia
como una dependencia de la Facultad de Medicina.
Las Ciencias Sociales no fueron excluidas de las preocupaciones científicas de Caracciolo Parra, ya que el 14 de octubre de 1892 creó el cargo de Cronista de la Universidad, cuya función era escribir los sucesos diarios de “todos los acontecimientos que se suceden de un carácter público o que afecten de algún modo, el orden social, la salubridad pública, los descubrimientos o invenciones, la introducción de nuevas industrias y demás hechos que tiendan a ilustrar la historia”. Esos aspectos serían registrados en un libro que llevaría por título Crónica del Estado de los Andes. Para este cargo se designó al Br. Tulio Febres Cordero, quien cumplió la tarea encomendada por el doctor Parra y Olmedo a través de la publicación en el Anuario de una primera crónica, actividad suspendida al finalizar la gestión de Caracciolo Parra. Si bien todavía no estamos en presencia de una actividad investigativa sistemática, sin embargo es posible apreciar que es en esta etapa de la historia de la institución cuando se sientan las bases para el abandono parcial de la vieja concepción escolástica de la enseñanza, para dar paso lenta y progresivamente a la idea del papel de la Universidad en materia de investigación científica. Mucho tiempo habría de transcurrir para que ello ocurriera, pero es justicia reconocer la labor que para ello desarrollara el rector Caracciolo Parra y Olmedo entre 1887 y 1900. Algunas de las reformas no tuvieron proyección en el tiempo; otras fueron la base de lo que más tarde sería el desarrollo de los estudios de Medicina, de Farmacia y de Ingeniería. No menos importante dentro de los cambios operados durante su rectorado fue la reconstrucción del inmueble de la universidad afectado por el terremoto de 1894.
(*) Coordinador de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los Andes.