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NUEVAS CRÓNICAS DE HISTORIA UNIVERSITARIA (5)

LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES EN DIEZ ETAPAS HISTÓRICAS ESQUEMA PARA SU ESTUDIO (PRIMERA PARTE: 1810-1900) por Alí Enrique López Bohórquez (*)

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ESQUEMA PARA SU ESTUDIO (PRIMERA PARTE: 1810-1900) por Alí Enrique López Bohórquez (*)
LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES EN DIEZ ETAPAS HISTÓRICAS ESQUEMA PARA SU ESTUDIO (PRIMERA PARTE: 1810-1900) por Alí Enrique López Bohórquez


 

            La periodización representa una de las herramientas necesaria para abordar el estudio de la historia, sea esta referida a hechos, espacios o personajes determinados. Ello permite diseccionar el contenido temático que se pretende investigar, enseñar o divulgar. El periodizar es una tarea que tiene pasos específicos dependiendo de los propósitos del investigador o del docente. Así, partiendo de este concepto metodológico, la historia de la Universidad de Los Andes puede ser enseñada o investigada de manera general o particular. La primera, mediante un repaso histórico que abarque su tiempo de doscientos trece años de existencia. La segunda, a través de seccionar ese tiempo en centurias, décadas o quinquenios, de manera que se puedan precisar asuntos de forma específica y precisa. En tal sentido, esta crónica está orientada a dar a conocer una periodización por etapas históricas que nos ha permitido conocer y comprender el devenir ulandino, informándola a los lectores que sientan interés en un conocimiento general o particular, y también como esquema para quienes tengan la necesidad de investigar sobre determinados aspectos.

 

Etapas para el estudio de la historia de la Universidad de Los Andes.

 

Primera Etapa: Comprende los años de 1810 a 1812, en los que resaltan los siguientes hechos: la creación de la Universidad por la Junta Superior Gubernativa de Mérida, el 21 de septiembre de 1810, con el nombre de Real Universidad de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros, conjuntamente con el inicio de sus actividades, organización inicial sobre la base del Colegio Seminario e incorporación de nuevas cátedras determinadas por la propia Junta (hasta que se elaboraran sus propias Constituciones); la designación del Dr. Buenaventura Arias como Rector, la confrontación del Gobierno de la Provincia con la Iglesia por el control de la Universidad (1811); y la suspensión de su funcionamiento por efecto del terremoto del 26 de marzo de 1812 y de la retoma del poder por parte de las fuerzas militares realistas. Dos aspectos destacan en la definición de la nueva institución universitaria: el carácter de republicana y el proceso inicial de su laicización. En esta etapa cabe hacer mención a los antecedentes de la creación de la universidad andina en 1810, en cuanto a la propuesta que hiciera en 1800 el Deán de la Catedral de Mérida, Lic. Francisco Javier de Irastorza, y el Cabildo Eclesiástico de la Diócesis de Mérida de Maracaibo de conversión en Universidad del Real Colegio Seminario Conciliar de San Buenaventura.

 

Ello originó un voluminoso expediente en el que se registraron las opiniones del Gobernador de Maracaibo Fernando Miyares, del Gobernador de la Provincia de Venezuela Manuel Guevara de Vasconcelos, del Fiscal de la Real Audiencia de Caracas, del Claustro Pleno de la Universidad de Caracas, del Fiscal y del Contador General del Consejo de Indias. Ese expediente dio origen a la Real Cédula del 18 de junio de 1806 mediante la cual Carlos IV negó que existiera en Mérida una Universidad, más sí que aquel Seminario, entre otras cosas, se reorganizara académicamente para que pudiera conferir grados mayores y menores en Teología, Filosofía y Derecho Canónico. La propuesta del Deán Irastorza, los informes del mencionado expediente, la referida Real Cédula y el Acta de la Junta Superior Gubernativa de Mérida del 21 de septiembre de 1810 prueban que antes de esa fecha no existió una Universidad en esta ciudad, sino un Colegio Seminario, lo cual contradice también la tesis de que el germen de la Universidad de Los Andes lo fue el Colegio San Francisco Javier en la Mérida que funcionó en Mérida entre 1628 y 1767.

 

El Acta de creación de la universidad comprendió los siguientes aspectos: a) Ampliación de la gracia conferida por Carlos IV al Seminario en 1806, mediante la creación de una Universidad con el título de Real Universidad de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros. b) Establecimiento de la Universidad con los privilegios de la Universidad de Caracas para otorgar grados mayores y menores en Filosofía, Medicina, Derecho Civil y Canónico y Teología. c) Arreglo de sus Constituciones siguiendo las de Caracas. d) Incorporación a los Doctores, Licenciados y Bachilleres de cualquiera de las Universidades de España e Indias residentes en el Obispado de Mérida, a través de la presentación de sus respectivos títulos. e) Además de las cátedras existentes en el Seminario, existiendo los “fondos suficientes”, se establecía otra de Filosofía (“si fuera necesario”) y se creaban las de Anatomía, Matemáticas, Historia Eclesiástica, Concilio, Lugares Teológicos y Sagrada Escritura. f) Designación del Obispo como Rector nato y del Rector y Vicerrector del Seminario como los de la Universidad. h) Se encargaba al Rector Buenaventura Arias la formación de las Constituciones de la Universidad para su aprobación por la Junta. i) La Universidad, en tanto eso ocurría, funcionaría con el “orden y Método” que entonces existía en el Seminario. j) Se disponía una fiesta de acción de gracias en la capilla del Colegio Seminario y Universidad con la iluminación de la ciudad. Como se señaló, el terremoto que azotó a Mérida el 26 de marzo de 1812 y el recrudecimiento de la guerra de  independencia determinaron la interrupción de la organización definitiva de la recién creada  Universidad y el escaso funcionamiento durante dieciocho meses.

 

Segunda Etapa: Se corresponde con el período de 1832 a 1843, identificándose durante esos años estos aspectos: el restablecimiento en 1832 del instituto con el nombre de Universidad de Mérida; el funcionamiento de una relativa autonomía académico-administrativa con permanente intervención del Estado; la designación del Dr. Ignacio Fernández Peña como primer Rector de la República independiente, a partir de la separación de Venezuela de Colombia; la organización de sus primeros Estatutos considerando los conferidos por el Libertador Simón Bolívar a la Universidad de Caracas el 24 de junio de 1827; la revisión de los mismos por parte del gobierno central y su aprobación definitiva en 1836; la designación de sus autoridades a partir de 1834 por el propio claustro universitario, el nombramiento de los respectivos catedráticos y el manejo de sus propias rentas, dándose inicio a su régimen autonómico; el funcionamiento de la Universidad en el mismo edificio del Colegio Seminario. Entonces existieron las Facultades de Ciencias Políticas, de Filosofía y de Teología. Se trató de un período de primera organización de la institución en la que predominaron los estudios jurídicos, filosóficos y teológicos, con la notable influencia de la Iglesia y pensamiento escolástico de la época que todavía persistía en la sociedad merideña, con un escaso número de alumnos  y catedráticos. Los rectores de esta etapa fueron: Ignacio Fernández  Peña (1832-1834), Sulpicio Frías (1834-1836), Rafael Alvarado (1836-1838) y Agustín Chipía (1838-1843).

 

Tercera etapa: Se inicia con la aplicación del primer Código de Instrucción Pública de Venezuela del 18 de junio de 1843, abarcando los años de 1843 a 1870. En este período resaltan estos hechos: la reorganización de los estudios universitarios a partir de dicho Código con la intervención directa del Estado al imponer las características de los planes de estudio, continuación de la autonomía en cuanto a la elección de las autoridades de la Universidad y la escogencia de sus propios profesores e inicio de la construcción de su propio edificio. De acuerdo con el referido Código debían existir las Facultades de Ciencias Políticas, Filosofía o Humanidades, Eclesiásticas, Físicas y Matemáticas, y Médicas. De ellas, los dos últimas no se establecieron entonces. Se dictan algunos cursos de Medicina, pero no se establecería como Escuela hasta 1854. Continúa siendo una Universidad marcada por los estudios del derecho, la filosofía y la teología, pues los de las ciencias físicas y naturales no se pusieron en práctica por la carencia de catedráticos especializados en esas áreas. El número de profesores y estudiantes sigue siendo reducido. El presupuesto universitario es enviado con ciertos retardos por lo que la institución reclama permanentemente. Esta se sostiene básicamente con las rentas derivadas de sus propiedades rurales y urbanas. Los rectores de esta etapa fueron: Eloy Paredes (1843), Rafal Alvarado (1845), José Francisco Mas y Rubí (1846-1852), Eloy Paredes (1852-1855),  Ciriaco Piñeyro (1855-1858), Pedro Juan Arellano (1858-1862), Francisco Jugo (1862-1863), Caracciolo Parra y Olmedo (1863-1866) y Pedro Monsalve (1869-1872).      

Cuarta Etapa: Comprende los gobiernos de Antonio Guzmán Blanco, de 1870 a 1887. En esta etapa la Universidad atraviesa por muchas dificultades por acciones del Estado, pero busca transformarse con la incorporación al mundo de la ciencia positivista. Estos son los aspectos que destacan: pérdida de la autonomía a partir de 1883 por decisión del gobierno central, en cuanto a la designación ahora de sus autoridades por el Presidente de la República y la ratificación anual de los catedráticos designados por parte de la Secretaría de Instrucción Pública; utilización a partir de ese año del nombre de Universidad de Los Andes, conferimiento del edifico que antes pertenecía al Seminario a partir de su supresión, administración controlada de propiedades eclesiásticas concedidas por el ejecutivo nacional. El número de catedráticos y alumnos sigue siendo escaso, en su mayoría nativos de la ciudad de Mérida en ambos casos. Con ligeras modificaciones administrativas, la actividad académica continúa como en la etapa anterior, con las Facultades de Ciencias Políticas, Ciencias Eclesiásticas y Ciencias Filosóficas o de Humanidades. La Escuela de Medicina es convertida en Facultad pero no logra todavía los avances científicos de su contemporánea en la Universidad Central de Venezuela. Se trata de unos estudios médicos especulativos basados en los libros, sin la práctica exigida por la ciencia. Durante esa etapa los Rectores serían: Pedro Monsalve (1869-1872), Foción Febres Cordero (1872-1875), José de Jesús Dávila (1875-1881), Gabriel Picón Febres (1881-1884), Pedro de Jesús  Godoy (1884-1886), Domingo Hernández Bello (1886-1887) y Caracciolo Parra y Olmedo (1887-1900).

 

Quinta Etapa: Abarca los años de 1888 a 1900, comprendiendo fundamentalmente la gestión del Rector Caracciolo Parra y Olmedo. Doce años en el gobierno de la Universidad de Los Andes de notables diferencias con su primera gestión en materia académica (1863-1866), persistiendo la difícil situación presupuestaria de la institución, dando el rector solución a muchos de los problemas económicos con fondos de su propio peculio. Otros hechos que contrastan con su primer período rectoral fueron la colaboración que solicitó a diversos universitarios para llevar adelante el conjunto de reformas que se proponía llevar adelante y, particularmente, las medidas directas o indirectas tomadas para cambiar la estructura académica de la Universidad de Los Andes, para que esta se orientara más al estudio de las ciencias físicas y naturales, sin abandonar los referidos al derecho, la teología y la filosofía. Una de las primeras medidas fue la reorganización de la Biblioteca (1888) y el nombramiento de su primer bibliotecario. Para complementar este decreto se creó el Anuario de la Universidad de Los Andes (1889). Publicación periódica orientada a dar a conocer la ULA a nivel nacional e internacional, informar las reformas que progresivamente el rector fue formulando y la historia de la institución, de la cual se editaron diez volúmenes entre 1891 y 1900. Para eso último se encomendó al catedrático y bibliotecario Juan Nepomuceno Pagés Monsant la tarea de escribir el “Resumen Histórico de la Universidad de Los Andes”.

 

Considerando la situación de los estudios que se realizaban y los que en adelante debían hacerse en la institución, Caracciolo Parra dio inicio a una serie de actividades tendentes  a mejorar la enseñanza de las ciencias naturales que, en cierto sentido, también se pueden considerar los orígenes de la investigación en la universidad andina, particularmente la reorganización funcional de los estudios de Medicina con las siguientes medidas: la adquisición en Europa para la Cátedra de Anatomía de un Modelo de Auzoux (1889) y del Maniquí Fisiológico de White (1889), solicitud  al Gobernador del Estado Trujillo de tres “momias y cuerpos humanos perfectamente conservados” y organización de un espacio para los estudios anatómicos. El Rector Parra también se preocupó por lograr ambientes favorables para la investigación en otras áreas de las ciencias naturales y sociales: un Gabinete de Historia Natural un Jardín Botánico y un Acuario (1889), compra de animales, plantas y minerales para la Clase de Taxidermia y conformación de un Herbario (1890), para dar origen luego a un Museo de Ciencias Naturales (1900). Otras propuestas para estimular la investigación científica fueron la creación de un Observatorio Astronómico (1889), la Oficina Metereológica (1891), colocación en el patio principal de la Universidad de un Cronómetro Solar y la adquisición de un Higrómetro, un Electrómetro y un Pluviómetro, todo ello con la finalidad de hacer observaciones para estudios de los fenómenos de la atmósfera. De igual manera se decretó en 1891 la formación de un Calendario Médico y un Calendario Agrícola, que complementarían el Calendario Rural, formado al crearse la Cátedra de Botánica. La preocupación de Caracciolo Parra por el estudio de la ciencia natural volvió a expresarse cuando el 30 de junio de 1894, a proposición suya, el Congreso Nacional creó la Escuela de Farmacia como una dependencia de la Facultad de Medicina.

 

Las Ciencias Sociales no fueron excluidas de las preocupaciones científicas de Caracciolo Parra, ya que el 14 de octubre de 1892 creó el cargo de Cronista de la Universidad, cuya función era escribir los sucesos diarios de “todos los acontecimientos que se suceden de un carácter público o que afecten de algún modo, el orden social, la salubridad pública, los descubrimientos o invenciones, la introducción de nuevas industrias y demás hechos que tiendan a ilustrar la historia”. Esos aspectos serían registrados en un libro que llevaría por título Crónica del Estado de los Andes. Para este cargo se designó al Br. Tulio Febres Cordero, quien cumplió la tarea encomendada por el doctor Parra y Olmedo a través de la publicación en el Anuario de una primera crónica, actividad suspendida al finalizar la gestión de Caracciolo Parra. Si bien todavía no estamos en presencia de una actividad investigativa sistemática, sin embargo es posible apreciar que es en esta etapa de la historia de la institución cuando se sientan las bases para el abandono parcial de la vieja concepción escolástica de la enseñanza, para dar paso lenta y progresivamente a la idea del papel de la Universidad en materia de investigación científica. Mucho tiempo habría de transcurrir para que ello ocurriera, pero es justicia reconocer la labor que para ello desarrollara el rector Caracciolo Parra y Olmedo entre 1887 y 1900. Algunas de las reformas no tuvieron proyección en el tiempo; otras fueron la base de lo que más tarde sería el desarrollo de los estudios de Medicina, de Farmacia y de Ingeniería. No menos importante dentro de los cambios operados durante su rectorado fue la reconstrucción del inmueble de la universidad afectado por el terremoto de 1894.

(*) Coordinador de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los Andes.

 





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