Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 05:07 pm
Egresado de la escuela de Administración y Contaduría de la ULA, cualquiera diría que es un administrador prestado a la política. Pero no. Él está en la política desde que salió eximido de sexto grado. Por eso, por ser sincero, práctico y realista, admite que tanto su partido, el Socialcristiano Copei, como la socialdemócrata AD, resultaron quebrados por quienes irresponsablemente los administraron cual si fueran sus particulares empresas. Sin embargo, aclara, los intensos beneficios se los distribuyeron exclusivamente quienes integraron sus juntas directivas. Al resto de los accionistas, es decir la militancia, sólo les abonaron deudas, desprestigio; desilusión y reclamo.
Ahora al garete, y expuestos casi al escarnio público, los llamados partidos del estatus tienen planteado el más crucial de los retos: reencontrarse consigo mismo. Primero, para mejorarse luego y, cumplidos tan complicados procesos, intentar reconquistar finalmente la confianza de las masas, antes que el chavismo termine apoderándose de todo y todos. Por lo menos este líder de la política regional, copeyano desde los once años, que sigue viviendo en su casa del barrio “Llano Seco”, en la calurosa Lagunillas, recorre la geografía merideña lanza en ristre tratando de ir por lo que queda de Copei. Quiere ver a su dirigencia trabajar por cosas macro antes que disputar pequeñeces.
Mientras tanto, en el parlamento lucha a favor de las reivindicaciones populares y, sin vacilaciones, a capa y espada vigila la correcta administración de los dineros públicos.
Se faja como los buenos. Y no es cuestión de hacer simple ruido al pisar pura hojarasca. El compromiso es hurgar profundo o descarnar el hueso. Actúa así por fidelidad a su raigambre popular, de donde viene, donde se nutre y donde vive. Por eso, el mayor de los nueve hijos de Cilda Fajardo, criado con mucho sacrificio pero también inmenso amor y disciplina, defiende los derechos del pueblo como una obligación que no delega y menos deja a medio cumplir. Igual le reclama al soberano el honrar sus deberes ciudadanos. En una y otra postura, Arquímedes Fajardo es inquebrantable. Por eso, amigos o no, lo definen como buen político. Un buen político, por cierto, para quien la política no es tarea que deba realizar gente pusilánime y deshonesta, menos, cobarde. Hombre de una sola pieza, de los que cumplen compromisos, cuando va al combate no requiere de ningún “Oráculo del Guerrero” para reafirmarse. Su única arma es la verdad pura y simple. Por eso ataca frontalmente.
-¿Muchacho pobre?
-Mucho. De extrema pobreza.
-Desde luego, un hombre agradecido.
-Sí. Lo que soy se lo debo a la gran ayuda de mi madre; a Víctor Uzcátegui, quien me dio el primer empleo: integrante de su conjunto musical en San Juan; a la solidaridad de Héctor Ramón Izquierdo; al cariño y los concejos de Gonzalo Uzcátegui, en la práctica mi padre en la política. Ya, camino andado, a mucha gente. Después, a mi esfuerzo y mi deseo de superación. Soy hombre de propósito y voluntad. Conozco el sacrificio y valoro muy bien los resultados.
-¿A qué edad ingresa a Copei?
-Terminando el sexto grado, mamá me regresó a mi casa un mediodía jalándome por la oreja porque yo estaba manifestando frente al Concejo Municipal de Lagunillas, en procura de transporte para la Unidad Educativa “Luis Enrique Márquez Mejía”. Dos días después seguía en lo mismo. Transcurrida una semana, a mamá no le quedó más remedio que darme permiso para ingresar a Copei. Tenía once años.
-A esa edad que misiones se le encomendaban?
-Activé mucho en Secundaria. Fui delegado de curso, presidente del Centro de Ciencias y en dos periodos del Centro de Estudiantes. Durante mi bachillerato alterné los estudios con el trabajo comunitario, incansablemente, por todo el municipio. Al graduarme, el partido me designó su candidato y el pueblo entero me eligió su concejal. Después resulté el primer alcalde electo y reelecto de Sucre; finalmente, diputado uninominal. El actual es mi segundo periodo en la Asamblea Legislativa, representando el Circuito que conforman las comunidades de Sucre, Pinto Salinas y Zea.
-¿Y cómo era el Copei al cual usted ingresó siendo apenas un niño?
-Un gran partido que se identificaba con las causas sociales. Era un Copei donde reinaba el respeto, la solidaridad y la mística. Era el Copei de Germán Briceño Ferrigni, de Luciano Noguera Mora, entre otros tantos merideños que nos enseñaron a querer a Venezuela, y entenderla como nación y a la política como instrumento de lucha por el pueblo y también a creer y defender la democracia.
-¿Ese Copei se perdió? ¿Qué queda de ese gran partido?
-Lo primero que Copei perdió fue la solidaridad interna. Ahora, ya ni al velorio de un compañero vamos. Yo no creo en un Copei donde imperan las conveniencias circunstanciales. Si bien las cosas no son del todo claras, porque el panorama está enrarecido, aún mantengo la esperanza de rescatar al verdadero Copei.
-¿Se quedará en pura esperanza?
- Tengo fe en la recuperación de ese auténtico Copei. Igual en la de los otros partidos. Entiendo lo duro del cuestionamiento que enfrentan, aunque hay mucho de culpa y también de exageración. Recuerde que la esperanza es lo último que se pierde.
¿Qué le sucedió realmente a los partidos?
-Perdieron su identidad. El empeño de Copei en parecerse a AD en aquello de voltearse de espaldas al pueblo, a la realidad existente; de preferir prebendas antes que sacrificio y lo grupal frente a lo colectivo, socavó sus bases hasta derribarlo finalmente. Pero eso sí, en funciones de gobierno afortunadamente lo hizo bien.
-Es su opinión.
-También la de muchos, pero muchos venezolanos. Al respecto, la historia guarda innumerables testimonios.
-Copei y AD desvirtuaron además sus principios ideológicos.
-Sí. Lo reconozco. Dejamos de lado esos fundamentos.
-¿A cuáles se aferraron?
-En el caso de Copei a decir una cosa y hacer otra, lo cual nos condujo a perder también la credibilidad de la gente. No cumplimos con la palabra empeñada. Copei, a diferencia de AD, cometió el gravísimo pecado de olvidar la dirigencia media, a los militantes de base. Se gobernaba con y para la cúpula.
-Tomaron el camino más fácil pero errado: el del clientelismo.
-Sí. Definitivamente. Y esa equivocación prácticamente acabó.
-Pero usted trata de revivirlo como partido, como ideología, como instrumento de redención social.
-En tal tarea estamos. Hacia ese objetivo marchamos. Ese es un reto que aceptamos.
-¿Cree cumplirlo a estas alturas en que otras fuerzas políticas y sociales están copando la escena nacional?
-Repito, es un reto. Y yo soy hombre de compromisos. Desde luego, el proceso es lento. Requerimos de hombres y mujeres revestidos de honestidad a toda prueba. Desprendidos de cualquier grupalismo. Claros en la necesidad del cambio y que no sigan disputándose cosas pequeñas ni encallejonar la dirigencia a favor de resolverles los casos personales.
-¿Cuáles son esas cosas pequeñas?
-El favorcito, el compadrazgo, la zancadilla, la puñalada, la envidia. Eso debe terminar en una organización obligada a recobrar los niveles perdidos para trabajar en función de lo macro, que es el país, la democracia, el pueblo. Todo eso lo permitimos. Como también permitimos que se estancara la mezquindad y un odio casi visceral contra las generaciones en ascenso.
-¿No le parece algo terrible?
Además, es vergonzoso, y dañino. Se crearon toda clase de barreras contra quienes mostraban interés en superarse, dirigir, trabajar y hacer. En el actual Copei, resulta poderoso quién surja con un discurso destructivo y débil; quien utilice el diálogo y credenciales distintas a las del negociado.
-¿Y usted cómo llegó a donde está situado en el Copei que nos describe?
-Ya lo dije, trabajando. Eso nadie puede desconocerlo. Tuve ayuda, recibí consejos. Lo reconozco y sigo agradecido: De muchacho pobre pude superarme: cumpliendo en la casa, en la escuela, en la calle. Después en el liceo, en el partido, en la universidad, en la alcaldía… Ahora en el parlamento. Tengo obra hecha y a las pruebas me remito.
- Con apenas 37 años, tiene un mundo por delante. ¿Está preparado para lo que viene? ¿Reconoce errores?
-¡Claro! Con humildad los he aceptado y con honestidad corregido. Uno madura y esa madurez le condiciona el alma para actuar bien, con responsabilidad, con voluntad.
-Lanza en ristre, como Quijote o quizás como Diógenes y su lámpara.
-Las comparaciones siempre resultan odiosas. No desconozco; claro está, que soy una voz importante de Copei en Mérida; un político que lucha a brazo partido contra la corrupción; que defiende las reivindicaciones y los derechos del pueblo pero también les reclama cuando incumplen sus deberes ciudadanos. No resisto la injusticia y eso de actuar pervertidamente alzando o no la mano en el parlamento no va conmigo. Mi fracción bien lo sabe. No me doblego cuando tengo la verdad y la razón me asiste.
-¿Qué está aportando para concretar el cambio que debe darse en Copei y diferenciarlo de AD y del PP?
-Estamos escuchando, interpretando el clamor popular, a la sociedad civil. Ese es un gran aporte. También impedir se siga fingiendo a la gente porque permitirlo entorpece el ascenso de otros que sí lo merecen. Y trabajar ayudando a resolver los graves problemas sociales del país.
-¿Lo mismo le recomienda a AD?
-Y también al MAS, al PPT, a Convergencia, al MVR, al CR, al PCV en fin a las restantes organizaciones políticas, porque todas son indispensables al país, a la democracia, incluso al propio gobierno de Chávez. La oposición es necesaria y quien diga lo contrario no sólo está errado sino cerrado a la realidad.
-¿Cómo están errados quienes sostienen que el país perdió cuarenta años?
-Desde luego. El ejercicio democrático ha tenido aciertos y fracasos. Pero el empeñarse en negar de plano lo primero, para asegurar lo segundo, es querer tapar la luz del sol con un dedo. Ese discurso lo que busca es sembrar confusión y su intención es destructiva.
- ¿Destruir a los puntofijistas para que sobrevivan los chavistas?
-Así parece. Intenta, además, despertar el odio entre clases, lo cual podría generar impredecibles consecuencias. Por eso hace algunos días advertí que actuar de este modo y sobre tan peligrosas premisas abriría las puertas a una guerra civil.
-De acuerdo, resulta también terrible y grave. ¿Qué recomienda?
-Que el Presidente sea el primero en reflexionar sobre esta inquietante posibilidad y en ponerle freno a la propagación de estas ideas para evitar males mayores. Por supuesto que ahora los adecos y copeyanos somos los grandes culpables de todo, según la irresponsable acusación tanto del presidente de la República como del presidente de la Asamblea Nacional Constituyente. Pero yo me pregunto si son o no inocentes la gente de izquierda y de centroderecha, que han estado en estos cuarenta años enquistados en las universidades, en las municipalidades, en organizaciones, fundaciones, en los cuarteles y en el gobierno mismo. Ellos también deben rendir cuenta porque la corrupción no es exclusiva de los partidos del estatus.
-Rafael Caldera, en su retiro en “La Rábida”, escribió “La Perfectibilidad de la Democracia”; pero en su último gobierno no hizo nada para concretarla.
-A pesar de la traición que cometió con la organización, hachazo que desde entonces dejó a Copei moribundo, debemos reconocerle al presidente Caldera su esfuerzo por tratar de perfeccionarla. De acuerdo: tenía todo para lograrlo a tiempo y no profundizó la reforma. Dejó las cosas tal y como estaban y heredamos problemas. Pero intentar cambios y cambiar no resulta nada nuevo. Marx logró grandes cambios y a la larga fueron pésimos los resultados. Por eso hay que trabajar muy duro, ahora, para que los cambios prometidos sean democráticos y no otros que impidan la libertad.
-Pero usted debe aceptar que Chávez se montó en la cresta de la ola porque ofreció cambiar todo. Incluso hasta el nombre de Venezuela.
-Cierto pero, ¿a costa de qué? ¿De reproducir un alto sacrificio si observamos seriamente lo que nos advierten todos los estudios y prospectivas de la realidad actual y futura de la economía venezolana? Creo que el presidente debe interesarse más por la clase de problemas que por su reelección. La altísima tasa de desempleo de un 20.4 por ciento a la fecha, demuestra que la contracción de la economía puede originar más pobreza y desatar la hambruna. Esa posibilidad, a punto de concretarse, reclama toda la atención presidencial.
-¿Acaso prestar más atención a los boletines del BCV y lo que dicen los expertos, dentro y fuera del país, que a las recomendaciones del “Oráculo del Guerrero”?
-Pues sí. Ver realidades, decir lo mejor para evitar el deterioro de nuestra economía. Detener la fuga de inversionistas nacionales y facilitar la llegada de inversionistas extranjeros. En fin resolver, actuar más y hablar menos. Ya basta de tanto anuncio. El soberano quiere resultados porque, cuando comience a salir del sueño en el que por ahora está sumido, le costará entender y aceptar que si el precio del barril del petróleo sobrepasa los 20 dólares, ¿por qué la cesta básica supera los 223 mil bolívares y el salario mínimo apenas los 100 mil bolívares?
-Pero, ahora, los militares parecen estar ayudando mucho a resolver los problemas. ¿Por qué antes no lo hacían?
-No se le cuestiona su actuación. Sí que el presidente les destine espacio que fueron bien ganados por la sociedad civil. Conozco gente muy allegada a los ideales del presidente que, a pesar de sus magníficas credenciales para ocupar altos cargos públicos, resultaron desplazados por militares de menor capacidad intelectual y escasa experiencia administrativa
-¿Cómo califica usted ese intento de militarizar el gobierno?
-Y también al resto de las instituciones del Estado y de la sociedad misma. Eso, al final, puede transformarse en fascismo. Y el fascismo siempre termina impidiendo toda libertad a la sociedad civil
¿Al convertirse en un gobierno autoritario?
-Sí. Ese sería el camino.
-Que conduce hacia la dictadura.
-Muchos los estamos advirtiendo.
-¿Cómo impedirlo?
-Me consta que en las filas del chavismo hay gente con acendrada vocación democrática. Pero son minoría. Espero, sin embargo, que se le escuche, se le haga caso. Lamentable sería que resulten aprovechados por lo que, aprovechándose del fenómeno Chávez, ahora son más puros que la Virgen María, más revolucionarios que el Che y en el fondo más peligrosos que la anarquía.
-¿Cómo clasificaría usted la guerra de “los Buenos” y “los Malos”
-De simple pérdida de tiempo y de recursos. El interés oficial debe centrarse en detener la otra guerra, la que de verdad está matando al puedo.
-¿Cuál, Arquímedes?
-La guerra del Hambre, Ángel Ciro
Hace 26 años (20.08.99) escribí y publiqué, dentro de la Serie Foros de los Lunes, en Frontera, el material que hoy de nuevo se publica. Fajardo sigue siendo un político de primera línea en el escenario regional, liderando a uno de los dos sectores del partido socialcristiano Copei. Mucho de lo declarado entonces sigue vigente, y su actuación diligente y afirmativa, como soldado fiel al ejército de la democracia, que siempre ha defendido. A todo evento.